
“Se puso loca y se acuchilló”: la insólita versión del acusado por el femicidio de su novia embarazada en San Juan
Carlos Gonzalo Rivero declaró ante la Justicia por el homicidio de Camila Vecchiarello; negó haberla asesinado y quedó en prisión preventiva por 12 meses
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“Se puso loca y se acuchilló”. Con esa afirmación, Carlos Gonzalo Rivero intentó explicar ante la Justicia cómo murió Camila Agustina Vecchiarello, su pareja, una joven rosarina de 26 años que aspiaraba a ser parte de la Gendarmería Nacional.
El acusado negó haberla asesinado y sostuvo que fue ella quien tomó un cuchillo y comenzó a herirse durante una discusión porque él le había anunciado que quería regresar a Salta. La pareja vivía en San Juan.
Su relato incluyó una segunda escena todavía más difícil de sostener: según Rivero, Camila habría salido corriendo por el pasillo, se habría resbalado con su propia sangre y, al caer, se habría incrustado nuevamente el cuchillo. “Ella agarró y se lo metió”, sostuvo durante la audiencia donde se definía su situación procesal.
También aseguró que, cuando la encontró herida, no supo qué hacer y que luego pensó en quitarse la vida por la culpa que sentía.
La versión del acusado quedó enfrentada con los primeros resultados de la investigación. El informe preliminar de la autopsia determinó que Camila murió como consecuencia de una hemorragia severa provocada por múltiples heridas de arma blanca. Tenía al menos nueve o diez puñaladas, algunas de ellas en el cuello, además de lesiones en las manos compatibles con heridas defensivas.
Además, a partir de la autopsia, se supo que la víctima estaba embarazada de pocas semanas al momento de su muerte. Rivero dijo durante su declaración que desconocía esa situación.

Frente al fiscal Adolfo Díaz y al juez de Garantías Federico Rodríguez, Rivero reconstruyó a su manera las últimas horas de la pareja. Dijo que la discusión comenzó cuando le comunicó a Camila que quería regresar a Salta.
Según su relato, la joven reaccionó de manera violenta y le dijo: “Si vos te vas, yo me mato”. Rivero aseguró que ella comenzó a romper objetos y que, más tarde, mientras él estaba cocinando, tomó un cuchillo. “Ella agarró y se lo metió”, afirmó.
Después, siempre según su versión, Camila habría corrido por el pasillo y se habría caído al resbalarse con la sangre. El acusado sostuvo que en esa caída se produjo otra herida con un segundo cuchillo.
Cuando fue consultado por las lesiones que presentaba él mismo, Rivero dijo que, al imaginar que la Justicia lo responsabilizaría por el crimen, intentó quitarse la vida.
La Fiscalía, en cambio, sostiene una hipótesis completamente diferente. Para los investigadores, las únicas autolesiones detectadas correspondían a las heridas que Rivero se habría provocado a sí mismo y que fueron consideradas leves. Entre los elementos incorporados al expediente también aparece una nota manuscrita atribuida al acusado, dirigida a su familia y a la de Camila, en la que pedía disculpas.
Una madrugada trágica
Camila y Rivero habían regresado al departamento que alquilaban en Barreal, en el departamento de Calingasta, en San Juan, durante la noche del sábado 12 de septiembre. La reconstrucción preliminar ubica el ataque alrededor de la 1.30 de la madrugada del domingo pasado.
Horas después, cerca del mediodía, la joven fue encontrada sin vida dentro de la vivienda. Su cuerpo presentaba múltiples heridas cortantes. Rivero estaba junto a ella, inconsciente pero con signos vitales, y fue trasladado a un centro asistencial.
En el lugar, los investigadores secuestraron dos cuchillos con rastros de sangre, teléfonos celulares, prendas de vestir y otros elementos que son sometidos a peritajes. También fue hallada la nota manuscrita.
La investigación reconstruyó además que, después del ataque, Rivero se comunicó con una expareja y le manifestó su intención de quitarse la vida. La mujer alertó a un conocido, que se dirigió hasta el complejo donde vivía la pareja y dio aviso a las autoridades.
La Fiscalía considera que otros elementos de la investigación contradicen la explicación brindada por el acusado. Entre ellos se encuentra un mensaje enviado horas después de la muerte de Camila, en el que Rivero hablaba de despedirse de su familia y expresaba que no podía más.

Después de escuchar la declaración de Rivero, la Fiscalía lo imputó por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género, una calificación que corresponde al delito de femicidio.
El juez Rodríguez hizo lugar al pedido de la acusación y dictó un año de prisión preventiva, mientras que estableció también en 12 meses el plazo para profundizar la investigación penal preparatoria. Rivero permanecerá detenido durante ese período.
La calificación contempla prisión perpetua en caso de que el acusado sea finalmente declarado culpable.
El dolor de una familia
Mientras la Justicia avanzaba con las primeras medidas, los restos de Camila fueron trasladados desde San Juan hacia Rosario. Allí, familiares y amigos participaron del velatorio y luego del sepelio en Villa Gobernador Gálvez.
Ayer, tres días después del femicidio, la familia terminó de despedirla. El cortejo comenzó por la mañana en la zona de Entre Ríos y Gálvez y continuó hasta el Cementerio Solar del Señor.
Uno de los momentos que más conmovió a sus familiares fue la presencia de integrantes de Gendarmería durante la despedida. Camila estaba a punto de incorporarse formalmente a la fuerza y sus seres queridos recibieron ese gesto como una muestra de respeto hacia la joven.
“Con la edad que tengo, no tendría que admirarme, pero sigo admirándome igual por lo que despertaba mi hermana en otras personas. Esta forma de mostrar respeto me da satisfacción plena”, expresó Hernán Vecchiarello, hermano de Camila, en declaraciones que consigna Tiempodesanjuan.com.
En la puerta de la casa velatoria, todavía atravesado por el dolor, Hernán resumió cómo vivía la familia esas horas: “No es adiós, es hasta pronto porque la vamos a volver a ver”.
También definió a su hermana como una joven extraordinaria, que “destilaba dulzura, ternura, amor”. Para la familia, el reclamo de justicia comenzó apenas conocido el crimen y continuará mientras avance la causa.

Camila tenía 26 años y había nacido en Rosario. Antes de trasladarse a San Juan para formarse como gendarme había estudiado enfermería y, según contó su familia, le quedaban apenas unas pocas materias para completar la carrera.
La vocación de servicio atravesaba sus proyectos. Quería convertirse en gendarme y estaba cerca de alcanzar ese objetivo. Camila y Rivero se habían conocido antes de ingresar a la formación de la fuerza de seguridad y fue precisamente ese ámbito el que los llevó a San Juan.
La familia la recordó como una joven alegre, de carácter fuerte y con una marcada vocación por ayudar a los demás. Participaba de grupos de folklore argentino e italiano, había integrado la colectividad molisana y practicaba natación. También tenía especial sensibilidad por los animales y solía participar en tareas de rescate.
“Ella quería servir al prójimo, servir a su patria”, recordó su hermano.
Los familiares de Camila convocaron a una movilización para este viernes a las 18, en la Plaza San Martín de Rosario (Córdoba y Buenos Aires) en reclamo de justicia.



