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Secuestros virtuales: las bandas de gitanos ya actúan en 11 provincias

En los últimos dos años, se multiplicaron los casos en el país; llevan recaudados más de $ 1,2 millones
Germán de los Santos
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19 de julio de 2015  

ROSARIO. - Una falsa promotora pedía en la puerta del cine Village de la ciudad de Neuquén datos personales a los espectadores. La credulidad los convertía inmediatamente en potenciales víctimas de un secuestro virtual. Porque la información que esa joven obtenía con una sonrisa, sin despertar sospechas, servía para que durante la madrugada actuara la "banda de los gitanos", que en un año recaudó más de $ 1,2 millones tras concretar 20 secuestros virtuales.

En los últimos dos años, esta modalidad de intento de extorsión se multiplicó en por lo menos once provincias, con la particularidad de que los autores son integrantes de distintas comunidades gitanas. Aunque no está escrito ni existe un manual, estas bandas -que entre ellos hablan en romaní, por lo que dificulta las investigaciones- usan el mismo método y guión. Desde La Quiaca hasta Comodoro Rivadavia explotan un viejo recurso: la simulación.

Hacen los llamados de madrugada para generar mayor desconcierto en la víctima, que generalmente está durmiendo, y en pocos segundos ensayan el drama. Mientras un hombre explica de forma tranquila pero segura que un familiar está cautivo, se empiezan escuchar llantos y gritos desesperados: son las denominadas "lloronas".

"Mamá, entregales la plata, por favor, porque me van a arrancar la cabeza", se escucha en la grabación de un caso en Rosario. Es sólo un instante; si la persona que está del otro lado de la línea de teléfono descree, cortan la comunicación. Y hacen otro intento hasta dar con alguien que primero dude y después crea. En Mar del Plata, en la zona norte de Buenos Aires o en Rosario, estas bandas llegaron a realizar entre 150 y 200 llamadas por noche.

La efectividad de la extorsión es baja, pero si solo una persona cae en la trampa representa 50.000 dólares o joyas, a cambio de una mínima logística: teléfonos celulares con chips descartables para entablar las comunicaciones y un auto o una moto para ir a buscar el botín, que la víctima dejará en la calle, entre la basura o detrás de un árbol, según ordenen los falsos captores.

Anteayer, cayó la banda de La Llorona que actuaba desde Villa Devoto. Tras cinco meses de investigación, por orden del fiscal del Área Criminal de San Fernando, Alejandro Musso, la policía bonaerense y la Prefectura Naval detuvieron a seis personas de la comunidad gitana. El grupo pretendía instalar una especie de call center para tramar las extorsiones en el conurbano. Realizaban unas 150 llamadas por noche y el resultado se trasluce en los 35 vehículos de lujo -valuados en 20.000.000 de pesos- que les secuestró la policía.

Tácticas

En Rosario, el fiscal Nicolás Foppiani detectó, tras un año de investigación, que se concretaron entre el 3 de abril de 2014 y el 8 de junio pasado 136 secuestros virtuales. Entre enero y abril de este año el servicio de emergencias 911 recibió 700 llamadas que alertaban sobre falsos secuestros. Están imputados por asociación ilícita 18 miembros de la comunidad gitana de Rosario, que viven en la zona sur; entre ellos, el presunto líder Gustavo Miguel, conocido como Mazacote, quien cumplía distintos roles, como el de blanquear el dinero que obtenían con los falsos secuestros. Otro alfil detenido es Pablo Miguel, quien tenía pedido de captura de la justicia de Junín por el mismo delito.

Foppiani calculó que el rédito económico que acumuló la banda fue de 2.250.189 pesos. Se secuestraron 21 autos de lujo. Este grupo no hacía inteligencia previa, sino que buscaban el perfil de las víctimas -mujeres de edad avanzada- con otros artilugios. Se orientaban por los nombres. Por ejemplo, una noche, según contó el fiscal a LA NACION, llamaron a todas las personas de nombre Irene. Las llamadas las realizaban desde un departamento céntrico, donde estaba quien entablaba la comunicación y la "llorona"; en un auto había más cómplices, a los que guiaban por un GPS para ir a buscar el botín. Entre ellos, como se repite en casi todas las bandas, hablaban en romaní. Foppiani confió que no lograron aún encontrar un traductor o alguien que sepa ese dialecto para saber el contenido de las comunicaciones interceptadas. "Es una comunidad muy cerrada, con códigos internos muy estrictos", apuntó un investigador policial.

En Neuquén, los secuestros virtuales comenzaron a sembrar pánico entre la población. Hace tres semanas, el departamento de Delitos Económicos de la policía provincial realizó ocho allanamientos en el barrio Bajo, donde está asentada desde hace décadas la comunidad gitana. Seis personas quedaron detenidas acusadas de realizar 20 secuestros virtuales, con los que habrían recaudado -según detalló el jefe del área, Ricardo Caro- 1,2 millones de pesos y 15 vehículos de alta gama.

Este grupo realizaba tareas de inteligencia para seleccionar a la víctima, mediante dos recursos: la recolección de datos por una falsa promotora en la puerta del cine Village y con los perfiles de Facebook. Caro explicó que, en Neuquén, esta banda tenía en un principio una gran efectividad. En una noche lograron cobrar cinco falsos secuestros. El titular del departamento de Delitos Económicos cree que esta organización se movía también por otras ciudades, como Plottier, Cipolletti y Bariloche. "Notamos que cuando los integrantes del grupo se fueron de vacaciones a Mar del Plata no descansaban y realizaban las mismas estafas", reveló.

En Comodoro Rivadavia, la fiscal Camila Banfi imputó en marzo de 2014 por extorsión a cinco miembros de la comunidad gitana oriundos de la provincia de Buenos Aires. Llamaban a comerciantes con hijos que, sabían, estaban estudiando en otras ciudades, como la Capital o La Plata. Una banda similar, integrada por siete personas, fue desarticulada en octubre pasado en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires; les imputaron 13 falsos secuestros.

Un mes después, en Mar del Plata, cayó la banda de los "simuladores", que realizaban 40 llamadas por noche y en pocos meses lograron reunir 375.000 pesos, 102.000 dólares y 11.000 euros. En los últimos dos años se multiplicaron casos en Chaco, Córdoba, Jujuy, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe.

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