
La mormona que soñó con un éxito
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¿Qué diría Bram Stoker, autor de Drácula, si se enterara de que hoy existe una historia en la que los vampiros no beben la sangre de sus víctimas, sino que, por el contrario, se enorgullecen de no hacerlo?
Si hay algo que está claro, más allá del furor adolescente que provocan los libros y las películas de Crepúsculo, es que esta historia rompió con la tradición literaria y cinematográfica en materia de historias sobre vampiros.
Su creadora se llama Stephenie Meyer, un ama de casa estadounidense oriunda de Phoenix, Arizona, que nunca había pensado en ser escritora hasta que tuvo un sueño, en junio de 2003. En éste, una chica hablaba con un hermoso y brillante joven, que en realidad era un vampiro. Estaban enamorados, y el vampiro le confesaba lo duro que era para él no dejarse llevar y matarla.
Al despertarse, Stephenie no pudo hacer más que escribirlo. Y de un sueño, nació la historia, y de la historia, las secuelas: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. Así lo contó en una entrevista de 2008 a la revista Time.
Meyer se casó a los 21 años y tiene tres hijos. Y cuando empezó a escribir la saga, todos ellos tenían menos de cinco años. Ella pertenece a la iglesia mormona y afirma que se mantiene alejada de cualquier tipo de adicción, a excepción de alguna Pepsi diet de cereza.
Los detractores de Crepúsculo no pueden concebir que en una historia de vampiros no haya sexo ni muerte.
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