A los 91 años falleció Francisco Ramos Mejía

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12 de abril de 2000  

A los 91 años falleció en esta ciudad Francisco Ramos Mejía, abogado destacado y uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano (PDC), agrupación política que presidió en 1960 y 1961.

Había nacido en Buenos Aires en 1909. Venía de una prosapia de juristas. Su abuelo, también Francisco, fue juez del crimen, iniciador de la antropología jurídica en el país y autor de "El federalismo argentino", un libro señero en la interpretación del sistema político nacional. Su padre, del mismo nombre, era el íntegro decano de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal, con 18 años de ejercicio, cuando accedió, en 1938, con enorme prestigio, a la Corte Suprema, de la que fue destituido, en 1947, por el juicio político impulsado por el régimen peronista.

Tras estudiar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, el Ramos Mejía que acaba de fallecer, bautizado como su padre y su abuelo, se graduó de abogado en la UBA, con diploma de honor, en 1933. Trabajó en el servicio jurídico de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que llegó a dirigir.

En 1944, a los 35 años, fue nombrado interventor en Tucumán. Pensaba entonces que con la revolución de 1943 había caído un régimen impotente para combatir la crisis social y política, viciado por el fraude, y que debía privar el amor al país como una realidad de siglos, por encima de las ideologías particulares y de improvisaciones extrañas al sentido nacional.

Coincidía en sus ansias de renovación con otros dirigentes jóvenes, como Bonifacio del Carril, pero poco duró su entusiasmo. En menos de un mes renunció, al modificarse la orientación política del Ministerio del Interior, que iba a cimentar el encumbramiento de Perón en un proceso acelerado de concentración de poder.

La democracia cristiana

En 1954, Ramos Mejía coincidió en la fundación del PDC, en reuniones clandestinas, con figuras capitalinas, como Manuel V. Ordóñez, Lucas Ayarragaray y Salvador Busacca; de Rosario, como el investigador Juan T. Lewis; de Córdoba, como José Antonio Allende, Juan José Torres Bas, Horacio Sueldo y Leopoldo Pérez Gaudio, y de otros puntos del país. Eran las postrimerías del régimen peronista, cuando se desataba el conflicto con la Iglesia que haría eclosión en 1955 con la quema de iglesias.

Dirigió el Instituto de Estudios e Investigaciones del PDC e integró su convención metropolitana. En 1960 y 1961 presidió la Junta Nacional; sucedió a Guillermo Fernández Gill, que años después transitaría por el manriquismo y el riquismo. Aunque discrepaba del gobierno de Frondizi, Ramos Mejía sostuvo el Estado de Derecho y la preeminencia de las instituciones civiles ante la creciente intervención militar.

Ramos Mejía sostenía una transformación que, en libertad, recogiera aspiraciones de justicia y redención social de las masas postergadas, que habían visto una ilusión en el justicialismo. Pero no coincidió con la política de resuelta captación de votos peronistas que intentó la efímera fórmula Matera-Sueldo en 1963, que murió antes de llegarse a los comicios que ganó el radical Arturo Illia.

En el gobierno de Onganía, Ramos Mejía fue embajador en Italia, de 1966 a 1970. Y también, el primer representante argentino en Chipre, cuando gobernaba esa isla el arzobispo ortodoxo Makarios. En Roma presidió el Instituto Italolatinoamericano.

Alejado de la política activa, se dedicó a su estudio jurídico, volcándose al derecho comercial. Presidió Cerámica San Lorenzo, Pirelli, el astillero Astarsa y AEG Telefunken.

En su juventud practicó rugby y, toda su vida, golf. Presidió el Club Universitario de Buenos Aires y el Golf Club Argentino. Hombre cordial, Panchín, como le decían, tenía innumerables amigos. Casado con Lydia Gómez Jorba, no tuvo hijos.

El sepelio se efectuó en la Recoleta.

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