
A más de 30 grados bajo cero, salió con la camiseta de la Selección para celebrar el pase de la Argentina a la final desde la Antártida
El festejo viral de un integrante de la Base Conjunta Antártica Esperanza puso en escena cómo vivieron la clasificación a la final las 58 personas que pasan el año en el continente blanco
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No hubo bocinazos, caravanas ni una multitud cantando en las calles. El paisaje era completamente blanco, el viento golpeaba con fuerza y la sensación térmica rozaba los 30 grados bajo cero. En ese escenario, uno de los más extremos del planeta, un hombre abrió la puerta de la Base Conjunta Antártica Esperanza, salió con la camiseta de la Selección Argentina y una bandera celeste y blanca para celebrar la clasificación del equipo de Lionel Scaloni a la final del Mundial.
El festejo duró apenas unos instantes en medio de fuertes ráfagas de viento blanco, pero el video comenzó a circular en redes sociales pocas horas después del triunfo por 2 a 1 frente a Inglaterra y rápidamente se multiplicó entre los usuarios. En las imágenes se lo ve correr sobre la nieve mientras grita “¡Vamos, Argentina, carajo!” antes de volver al interior de la base para resguardarse del intenso frío.
Con el correr de las horas se conoció la identidad del protagonista. Se trata del suboficial principal Jorge Urrutia, integrante de la dotación de la Base Esperanza, quien aseguró que las condiciones climáticas quedaron en un segundo plano por la emoción del momento en el que se lo ve con la casaca de mangas cortas.
“La temperatura en ese momento… teníamos una sensación térmica de -30 y el viento estaba a unos 130 kilómetros por hora”, explicó el jefe de la Base Conjunta Antártica Esperanza, el teniente coronel Fernando Sosa, en diálogo con Canal 26.

Urrutia, en tanto, contó que durante esos minutos el frío prácticamente pasó inadvertido. “No sentimos nada. Entramos porque era un ratito. El calor del cuerpo duró y volvimos a salir un rato. Habrán sido cinco minutos más afuera y después seguimos adentro”, relató.
La escena reflejó una celebración muy distinta a la que se vivió en plazas, bares y avenidas de distintas ciudades argentinas, donde miles de personas salieron a festejar la clasificación. En la Antártida, en cambio, la victoria se vivió rodeada de nieve, viento y temperaturas extremas, aunque con la misma intensidad.
Cómo se vivió el partido en la Base Esperanza
Más allá del video que recorrió las redes sociales, la clasificación de la Argentina movilizó a toda la comunidad que vive durante este año en la Base Esperanza, una de las siete permanentes que tiene el país en el continente blanco.
“El médico casi tuvo trabajo, pero por suerte no tanto. Se sufrió”, resumió Sosa entre risas al recordar los 90 minutos del encuentro frente a Inglaterra. Según explicó, la mayor parte de la dotación decidió reunirse para ver el partido, aunque algunos optaron por mantener sus propias cábalas.
“Compartimos la gran mayoría de la dotación juntos. Tenemos algunos cabuleros que pidieron quedarse en su casa, pero la mayoría estuvimos juntos. Y el domingo sí vamos todos y, obviamente, listos para ver a la Argentina campeón”, afirmó.
Actualmente, la Base Esperanza está integrada por 58 personas y posee una característica única en el continente antártico: es la única base permanente del mundo donde viven familias.
“Somos la única base en el mundo que tiene familias. Este año contamos con ocho familias en total: siete pertenecen a personal militar y una al personal docente que viene de la provincia de Tierra del Fuego”, explicó el jefe de la base.
Esos docentes están a cargo de la Escuela Provincial N.º 38 “Presidente Raúl Ricardo Alfonsín”, donde se dictan clases presenciales para los chicos que residen en el lugar.
En total, este año viven allí diez niños y adolescentes. Cinco cursan el nivel primario, cuatro asisten al secundario y una joven de 20 años continúa una carrera terciaria.
“Los chicos son casi dueños de la base. Disfrutan todo el tiempo y también prepararon camisetas, banderas y pintura para la cara. Están ansiosos por el partido del domingo”, contó Sosa.
El jefe de la dotación explicó que la presencia de los chicos modifica la dinámica cotidiana de la base y termina contagiando el entusiasmo a todos los adultos. “Los sábados a la noche nos juntamos toda la dotación a comer pizza y ellos esperan mucho ese momento. La ansiedad que tienen nos llama la atención y también nos gusta porque son el motor de la base. Verlos disfrutar hace que todo valga la pena”, señaló.
Las cábalas también llegaron al continente blanco
Ni siquiera vivir en uno de los lugares más inhóspitos del planeta alteró las costumbres futboleras. Como ocurre en miles de hogares argentinos, en la Base Esperanza también aparecieron las cábalas.
“Cumplimos cábalas. Desde la comida —ayer fueron hamburguesas— hasta sentarse siempre en la misma silla. Hay quienes toman mate con las mismas personas y con ninguna otra. Incluso hay uno que prometió raparse si Argentina sale campeón. Vamos a ver si cumple”, contó Sosa.
Urrutia también reveló cuál es el ritual que comparte con su esposa cada vez que juega la Selección. “Hasta ahora lo venimos viendo con mi señora, los dos solos y en silencio. Ella no me habla, yo no le hablo y así estamos hasta que termina el partido”, dijo entre risas.
Y agregó que la distancia no cambia la manera de vivir cada encuentro. “Uno lo disfruta igual que la gente que está en el Obelisco o en cualquier otro lugar de las provincias”.
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