
A pesar de ser sordo, estudia su segunda carrera profesional
Además de contador público, Matías Gilardenghi es ejemplo para sus hermanos
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"Matías, vos tenés que dar el ejemplo a tus hermanos", le dijo siempre su madre. Y él se lo tomó en serio.
Matías Gilardenghi es hipoacúsico profundo desde que nació, hace 24 años. Su elevado grado de sordera sólo le permite escuchar los tonos más graves y aprendió a hablar con la cotidiana tarea de mirar y leer los labios. Hoy trabaja en su profesión, como contador público, y le faltan diez materias para recibirse de licenciado en economía, la que será su segunda carrera profesional.
"Si no tenés voluntad, no podés llegar a nada", dijo a La Nación este estudiante que sabe de esfuerzos.
Aprender a hablar le llevó mucho tiempo. Empezó a los tres años, con una fonoaudióloga que le hacía practicar palabra por palabra, moviendo los labios frente a un espejo.
La práctica de leer las palabras le dio la fortaleza necesaria para defenderse en la vida y afrontar los desafíos. El método oral es uno de los dos sistemas desarrollados para superar los problemas de la sordera. El otro es el lenguaje de señas, pero Matías eligió el primero.
Cuando creció se enfrentó a dos opciones: ir a una escuela especial de sordos o a una de enseñanza general. "Mi abuelo dijo que debía ir a una normal, para adaptarme mejor a los oyentes", recordó Matías.
Y así fue. Al terminar séptimo grado se recibió como abanderado en la escuela Naciones Unidas, en Martínez, y cursó el secundario en el colegio Santa Isabel, en San Isidro.
Fue elegido mejor compañero cuando terminó su primer año en la Universidad de Belgrano, donde se recibió de contador con uno de los mejores promedios de su carrera.
Hoy no le faltan invitaciones para jugar al fútbol, ni amigos que le ayuden a tomar apuntes cuando un profesor no se da cuenta y habla mientras escribe en el pizarrón.
"Hay dos clases de gente: la que te quiere dar una mano y la que no quiere saber nada con vos. Depende de uno. Si sos una buena persona se hace más fácil ser aceptado por los demás", aseguró Matías.
Usar la cabeza
Desde agosto del año pasado, Matías trabaja en un estudio contable. También planea seguir trabajando y hacer algún posgrado para especializarse en impuestos. "Todo el mundo tiene problemas impositivos y trabajo no me va a faltar", observó.
Mientras tanto, se prepara para competir. Estudió inglés durante varios años y sabe un poco de francés y computación. Nunca se interesó, en cambio, por estudiar el lenguaje de señas.
Según él, en general los sordos prefieren comunicarse con sus manos porque hablar durante mucho tiempo les exige un gran esfuerzo de concentración. "A mí no me gusta, porque se forma una comunidad entre ellos, se separan de la sociedad", explicó.
La mayoría de los chicos sordos, asegura, no cursan más que la primaria. "Eso es algo que habrá que revertir. Falta una asociación que apoye a los chicos sordos para que puedan llegar a la facultad y tener posibilidades laborales", señaló.
Sí reconoce que hay organizaciones que fomentan el deporte entre quienes tienen su discapacidad. Sin embargo, asegura que "podés llegar a manejar bien la pelota, pero si no aprendés a usar la cabeza no vas a progresar en la vida".
Ese es el ejemplo que, tal como quiso su mamá, Matías da a su hermano de 21 años. Sebastián Gilardenghi también es sordo y le faltan tres años para recibirse de contador.
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