
Abundan los murciélagos, pero aconsejan no exterminarlos
Algunos barrios porteños están plagados de ellos; dicen que son beneficiosos
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Son imprescindibles para el ecosistema y el control de insectos, pero muy molestos cuando se instalan en casas o departamentos. Miles de porteños lidian con murciélagos que hacen de desvanes, taparrollos, galpones o campanarios su refugio y, aunque sólo el 2 % de ellos está enfermo de rabia, hay que estar alerta ante la posibilidad de contagiarse.
Los chillidos y aleteos muchas veces ponen nerviosos a los vecinos, además de que sus excrementos y orina causan olores desagradables y pueden manchar paredes y techos. Los murciélagos que viven en la ciudad de Buenos Aires son insectívoros, inofensivos y muy necesarios. Cada uno de ellos come entre 1000 y 3000 insectos por noche y llega a ingerir de ese alimento el equivalente a más del 50 % de su peso.
Flores, Constitución, Congreso, Belgrano, Palermo, Recoleta y Retiro son los barrios más atrayentes para estos mamíferos, de acuerdo con la Cámara Empresarial de Desrodentización, Desinsectación y Desinfección Ambiental (Cedda).
"Normalmente se encuentran en los pisos más altos, porque se dejan caer y salen planeando. Por eso no hay problemas con las ventanas que dan a balcones, porque el ángulo no les alcanza para planear", explicó el presidente de Cedda, Alejandro Nolte Polledo.
Son animales pequeños y eso les facilita la entrada por las aberturas para instalarse en taparrollos, molduras, fisuras, torres, campanarios de iglesias o desvanes. Rubén Barquez, investigador del Conicet y profesor asociado de la Cátedra de Vertebrados de la Universidad de Tucumán, aseguró que fumigarlos no es una buena solución. Al contrario, dijo, es sumar otro problema más: "Si el animal muere dentro del habitáculo, se pudre y se corre riesgo de infecciones, además del olor espantoso que emite".
Eduardo Mora, titular de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Veterinaria de la UBA, coincidió en que no hay que matarlos, sino lograr que salgan y tapar las aberturas.
"Lo que se debe hacer es ahuyentarlos -explicó Nolte Polledo-. Se ponen irritantes dentro de los taparrollos para que salgan y se agrega un sellador flexible entre la madera de persiana y la mampostería de cemento para que el murciélago pueda salir, pero no volver a entrar. Además, hay que dejar allí repelente en estado sólido".
Aunque algunas compañías de fumigaciones lo hacen, no está permitido el uso de cartuchos fumígenos, ya que son tóxicos y representan un peligro para las personas. El animal queda muerto adentro del taparrollos y esto genera un peligro de infecciones y un olor terrible a causa de la putrefacción.
Cuando ya están dentro
Distinta es la forma en que hay que actuar cuando encontramos murciélagos dentro del departamento. Es raro que un animal sano entre en la casa y hay que estar atentos cuando vemos que vuelan de día, que se chocan con objetos o que están tirados en el piso.
"Los animales que tienen comportamientos anormales pueden tener rabia. Nosotros recomendamos que no los toquen, que los tapen con un balde o con una olla y que llamen al Pasteur para que lo vayamos a buscar", informó el director del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, Oscar Lencinas.
Es posible que cuando una persona intente agarrarlo, el murciélago muerda, pero no lo hace a menudo ni por agresión, sino como una forma de defensa. El peligro consiste en que a través de las glándulas salivales se transmite el virus de la rabia. "La persona que por accidente sea mordida debe ir en forma urgente al hospital Durand y el murciélago debe ser remitido al Pasteur para hacer determinar si tiene rabia", agregó Lencinas.
No es extraño que estos animales muerdan a las mascotas, por lo que el director del Instituto de Zoonosis recomendó también que se vacune a perros y gatos contra la rabia. (ver aparte)
Convivir con ellos también puede producir rinitis y alergias, producidas por los pelos que pierden y por un posible contacto con la orina.
Salvo cuando están enfermos, los murciélagos que viven en la ciudad de Buenos de Aires no atacan al hombre ni se alimentan de sangre. Los hematófagos, más conocidos como vampiros, se encuentran en el campo, en zonas más tropicales, y atacan fundamentalmente al ganado vacuno.
Además de los sanguívoros y los insectívoros, explicó el investigador del Conicet, existen tres tipos más de murciélagos, que se agrupan de acuerdo con su alimentación: los frugívoros, que comen frutas y semillas; los nectarívoros, que consumen polen y los carnívoros, que se alimentan de peces saltadores.
La leyenda del conde Drácula, la transformación del hombre en vampiro que sale en penumbras a chupar la sangre de la gente, generó un temor popular hacia los murciélagos. Pero en su mayoría son inofensivos y muy útiles: "Es cierto que para mucha gente no son agradables, pero si no fuera por ellos, Buenos Aires estaría repleta de insectos, como mosquitos, de los que se alimentan", aseguró Eduardo Mora.
Tan necesarios son, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) nombró al 2001 como el Año Internacional del Murciélago.
Mitos y creencias
Pese a que muchos piensan que son ratones alados, lo cierto es que son mamíferos del orden de los quirópteros, los únicos mamíferos capaces de volar. Otros creen que son ciegos, pero tampoco es verdad. "Hasta tienen una muy buena vista. La confusión se origina ya que salen de noche", dijo Barquez.
Presta a la confusión sobre la visión su excelente sistema de radar, o ecolocalización, gracias al cual son capaces de interpretar el eco de los sonidos que ellos mismos emiten. Ese recurso les permite determinar tamaño, forma, textura, velocidad, dirección y ubicación de lo que esté a su alcance.
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