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La hiperconectividad está reduciendo los momentos en los que las personas permanecen sin estímulos externos.
En Brasil, donde un estudio de NordVPN estima un elevado tiempo de conexión a internet, especialistas en neurología, psiquiatría y psicología sostienen que recuperar periodos de aburrimiento y descanso mental puede favorecer procesos relacionados con la memoria, la creatividad y la regulación de las emociones.
Según el estudio citado de NordVPN, las personas pasan un promedio de 116 horas semanales conectados a internet.
El análisis calcula además que, tomando como referencia una esperanza de vida de 76 años, una persona podría acumular alrededor de 52 años conectada.
Entre las consecuencias asociadas a la presencia constante de pantallas, información y entretenimiento se encuentra la disminución de los periodos sin estímulos.
Aunque el aburrimiento suele percibirse como una experiencia incómoda, especialistas señalan que puede cumplir funciones relevantes para el funcionamiento cerebral.

Luciana Barbosa, neuróloga del Hospital Sírio-Libanês, explica que actividades como soñar despierto, mirar por una ventana, contemplar un paisaje o caminar sin un destino concreto pueden activar la denominada red neuronal por defecto, un conjunto de circuitos cerebrales relacionado con procesos como la memoria y el pensamiento abstracto.
“Algunos estudios indican que cuando soñamos despiertos, miramos al vacío, contemplamos el paisaje por la ventana o simplemente damos un paseo sin rumbo fijo, activamos una zona del cerebro llamada ‘red neuronal por defecto’”, afirma Barbosa.
La especialista añade que estos circuitos también pueden intervenir en la regulación emocional y que los periodos de desconexión pueden contribuir a que una persona encuentre nuevas respuestas ante un problema.
“El aburrimiento, hasta cierto punto, es bueno porque nos hace cambiar; buscamos otra solución para ese momento de incomodidad”, señala.
La incomodidad que puede generar la ausencia de estímulos quedó reflejada en un estudio realizado en 2014 en la Universidad de Virginia, en Estados Unidos.
Más de la mitad de los participantes señalaron que no disfrutaron de permanecer entre seis y 15 minutos a solas con sus pensamientos, sin recurrir al teléfono, papel u otros elementos de distracción.
En otra fase del experimento, los investigadores permitieron que los participantes se administraran una descarga eléctrica mientras permanecían sin otra actividad.
Según los resultados citados, el 67 % de los hombres y el 25 % de las mujeres optaron por hacerlo al menos una vez.
Arthur C. Brooks, profesor universitario y autor de ‘Stronger and Stronger’, relaciona esa dificultad con los pensamientos que pueden aparecer cuando desaparecen las distracciones.
“Cuando dejamos de pensar en nada, es posible que nuestro cerebro nos conduzca a grandes preguntas sobre el sentido de la vida. Podemos llegar a temas existenciales incómodos”, afirma.

La psiquiatra y profesora de Afya Claudia Ketter señala que algunas personas recurren a distracciones, entre ellas el teléfono celular, para reducir la exposición a pensamientos que les generan malestar.
En su práctica clínica, pregunta a sus pacientes cómo utilizan el tiempo libre para comprender mejor determinados problemas.
“Una de las cosas que aportamos al tratamiento de los trastornos de ansiedad, por ejemplo, es sugerir que la persona tome descansos. Y que no busque un acceso interminable a la información durante todo el día. Porque eso genera una falsa sensación de control”, explica Ketter.
La especialista también advierte que llenar las vacaciones o los periodos de descanso con actividades y estímulos puede impedir que cumplan su objetivo.
Algunas personas, indica, regresan de vacaciones con la percepción de que no consiguieron descansar precisamente porque mantuvieron una agenda cargada de distracciones.
Los especialistas diferencian los breves periodos de descanso mental de una inactividad prolongada. Barbosa advierte que pasar demasiado tiempo en actividades pasivas también puede resultar perjudicial para las capacidades cognitivas.
La neuróloga distingue además entre consumir pasivamente estímulos y permitir que la mente divague.
Escuchar música o mirar televisión continúa proporcionando información al cerebro, mientras que detener una actividad y permanecer unos momentos mirando por la ventana puede funcionar como una pausa.



