
Acercamiento en el conflicto de Bellas Artes
Jorge Glusberg y Nelly A. de Blaquier prometieron "borrón y cuenta nueva"
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Para quienes seguían con interés cada episodio de los desencuentros del director del Museo Nacional de Bellas Artes y la presidenta de su Asociación de Amigos, la reunión que mantuvieron ayer Jorge Glusberg y Nelly Arrieta de Blaquier podría presentarse como el primer paso para la ansiada pipa de la paz . Ambos se juntaron para prometer "borrón y cuenta nueva".
Mientras Glusberg concurrió acompañado por un grupo de asesores -Osvaldo Bort, Ricardo Riccardi, Horacio de Dios y Alfredo Iribarren, abogado de la institución-, la señora de Blaquier los recibió con los miembros de la comisión directiva de la asociación.
Estuvieron los vicepresidentes de la entidad, Andrés von Buch y Mauro Herlitzka, los directivos Aída Baron Supervielle, Hugo Bunge Guerrico, Héctor Camblor, Germán de Elizalde, Alberto Espezel Berro, Enrique Fornieles, Samuel Paz Pearson e Inés Stegmann y el asesor jurídico Federico Nicholson.
Todos llegaron con la intención de acercar posiciones, tras el prolongado conflicto, que salió a la luz con el llamado a concurso para la designación del futuro director del museo.
La reunión, pedida por el propio Glusberg, se realizó a puertas cerradas y duró más de una hora. Tras el encuentro, ambas partes presentaron un breve comunicado de prensa conjunto, en el cual se perciben concesiones, si se tiene en cuenta la apertura que cada uno hizo a la otra parte.
Por un lado se subrayaron "las necesidades del museo, en particular aquellas en las que el señor director consideró importante la participación de la Asociación de Amigos".
Por el otro, se convino en la participación deGlusberg en reuniones de la comisión directiva de la asociación, con el propósito de "lograr la más fructífera complementación".
Ambiente cordial
En un ambiente sumamente cordial, en el cual la propia señora de Blaquier abrió la puerta a Glusberg (que, a su vez, galantemente recordó que salvo él, todos los presentes trabajan ad honorem), se subrayó insistentemente que en las mejores familias a veces se cuecen habas, con las frecuentes referencias a las desinteligencias que existen en el seno de los grandes museos del exterior.
"En el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) también se sacan chispas y después hay consenso", aseguró Glusberg, a modo de ejemplo.
Blaquier, por su parte, comparó el caso con las víctimas del alcohol y la droga, que deben "llegar al fondo del pozo" para, sólo entonces, reaccionar.
El cobro de la entrada, la gratuidad de los cursos y la difusión de los balances, que fueron fuente de constantes enfrentamientos, estuvieron ayer totalmente fuera de la discusión. "No es un tema primordial", aseguró Glusberg. También reconoció que lo que permitió el encuentro fue el paso al costado dado por la señora de Blaquier, que renunció a integrar el jurado que elegirá al próximo director del museo.
Y si bien la recusación contra los otros miembros del jurado seguirá en pie, prometió que quitará el nombre de Blaquier de la impugnación.
Pese a que algunos temas que habían profundizado el desencuentro quedaron al margen de la reunión, quedó flotando la sensación de que hubo avances en las relaciones de ambas instituciones a partir del "borrón y cuenta nueva". No obstante, el auténtico final feliz para este conflicto aparece todavía un poco lejano en el horizonte.
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