Acusado de abusos en Estados Unidos, un cura argentino da misa en el sur de Chile

El sacerdote Roberto Barco
El sacerdote Roberto Barco
Mariana García
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2 de junio de 2019  • 02:24

El padre Roberto Barco tiene por costumbre terminar todos sus mensajes de WhatsApp con un signo de exclamación. Y aunque no llama la atención que un "buen día" o un "hola" cierren de esa manera, resulta curioso que responda así cuando habla sobre la denuncia por abuso de menores que hay en su contra en California: "Jamás en mi vida tuve una conducta inapropiada con niños a los que tanto amo!!!", escribió desde su teléfono. Parado al costado de una ruta en la Patagonia chilena, donde estacionó para responder las preguntas de LA NACION, el sacerdote Roberto Agustín Barco intercala respuestas con fotos de un paisaje solitario, con cielo plomizo y un cartel que advierte sobre animales sueltos.

El sábado 5 de mayo de 2018, Roberto Barco asumió como administrador parroquial de la Iglesia de María Inmaculada de Cochamó, un pequeño pueblo ubicado a 100 kilómetros de Puerto Montt y al que se llega luego de dos horas de viaje. Es un lugar de ensueño en el sur del continente. Se cree que en ese valle se escondieron Butch Cassidy y Sundance Kid tras su huida de la Argentina.

La parroquia no tiene teléfono y la única forma de comunicarse con el sacerdote es vía WhatsApp, que él responde siempre cordial cada vez que logra conectarse. En su foto de perfil, se lo ve sonriente, con una boina y en un primer plano que ocupa toda la imagen.

Dos meses después de la llegada de Barco a Cochamó, la diócesis de San Bernardino, en Estados Unidos, dio a conocer una lista con los "clérigos acusados convincentemente de abuso sexual a menores". Barco, de 65 años, era uno de ellos. La lista fue difundida por el obispo Gerald R. Barnes e incluía a 34 sacerdotes acusados de haber cometido abusos a lo largo de 40 años.

El informe daba cuenta de que el abuso se habría cometido entre 2009 y 2011, cuando Barco estaba en la parroquia San Salvador de Colton y que la denuncia recién fue presentada el 25 de abril de 2016. De acuerdo con la información oficial, ese mismo día, la diócesis hizo la denuncia en la policía y en mayo Barco fue destituido.

"Excluido para siempre de cualquier ministerio en la diócesis de San Bernardino", dice el informe, y agrega que el sacerdote regresó a su diócesis de origen, Chascomús.

Compartimentos estancos

El caso de Barco muestra de qué manera las diócesis terminan funcionando como compartimentos estancos en los que lo que ocurre en una puede no importar en otra. Así, los traslados y los informes que quedan en la nada derivan en un sistema de encubrimiento que termina protegiendo a los sacerdotes acusados de abuso a menores.

LA NACION se comunicó con el obispado de San Bernardino, donde ratificaron que sigue vigente la prohibición de ejercer el sacerdocio. "Fueron removidas sus facultades, lo que significa que no tiene permiso de ningún tipo de ministerio aquí", aseguró John Andrews, director de Prensa.

Los datos de aquella lista fueron ratificados dos meses después por el propio arzobispo de Los Ángeles, José H. Goméz, un hombre del Opus Dei, quien los sumó a un nuevo informe que incluía los nombres de 54 curas acusados en toda la arquidiócesis.

Los Ángeles fue el primer distrito de Estados Unidos en presentar un informe de este tipo, en el año 2004. Cuatro años más tarde volvió a sumar nuevos casos y, finalmente, en 2018, agregó la lista que incluía a Barco.

"Los sacerdotes y otros clérigos que han cometido abusos deben responder a Dios por sus pecados, deben ser responsabilizados por la aplicación de la ley por cualquier delito, y deben ser eliminados y nunca más se les debe confiar el ministerio en la Iglesia", dijo entonces el arzobispo al presentar el informe en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, rodeado de otros miembros de la Junta de Supervisión de Mala Conducta.

Aunque el informe fue presentado en diciembre de 2018, en Chascomús rechazaron los cargos contra Barco. Lisandro Rodríguez, canciller y secretario general del obispo, aseguró que la acusación de Los Ángeles fue "elevada" a la Congregación para la Doctrina de la Fe, el organismo de la Iglesia que se ocupa de evaluar las denuncias por abuso, y que allí se "dio por cerrada la causa por ausencia de delito". Y agregó: "En la diócesis de Chascomús, no se registra ninguna denuncia de conductas impropias del Barco con personas menores de edad. En la actualidad se encuentra temporalmente prestando un servicio pastoral en la arquidiócesis de Puerto Montt (Chile)".

En Cochamó, Barco está a cargo de la misa de las 10, todos los domingos. El resto de los días, recorre con su camioneta las capillas de los alrededores entregando sacramentos. En la Conferencia Episcopal chilena también aseguraron que a ellos, formalmente, no les llegó ninguna acusación y que a pesar del corto tiempo que el sacerdote lleva en el país, se logró integrar bien con los fieles.

Pero el corazón de Barco sigue estando bajo el sol de California. "Desearía regresar a Los Ángeles, aunque es difícil!!! Pero para Dios nada es imposible!!!!", respondió el sacerdote en uno de sus mensajes a LA NACION. Por momentos, su entusiasmo lo lleva a terminar sus respuestas con hasta tres y cuatro signos de exclamación: "Sería justo que me aceptaran nuevamente para seguir trabajando allí!!!".

Barco llegó a San Bernardino en 2009, y tras su paso por Colton, fue trasladado a Cathedral City, a la Parroquia de San Luis, ambos pequeños pueblos ubicados a más de dos horas de Los Ángeles. Aunque hace diez años que se fue de Chascomús, Barco sigue siendo recordado como un hombre agradable y simpático.

En uno de sus últimos mensajes con LA NACION, el sacerdote escribió: "Respeté el protocolo que se sigue en estos lamentables casos y fue terrible ese tiempo en que no pude ejercer el ministerio!". Esta vez, cerró con un solo signo.

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