Adriana Ocampo: “Tenemos que madurar mucho como civilización para acoplarnos con otras especies inteligentes”
Hace algunas semanas, mientras millones de fans del espacio seguían extasiados la llegada de la sonda New Horizons a Plutón, entre los científicos y técnicos que festejaban el éxito de esa misión sin precedentes en el centro de control de la NASA había una geóloga planetaria medio colombiana y medio argentina: la doctora Adriana Ocampo, líder del programa New Frontiers, de la agencia responsable del programa espacial, que incluye tres misiones. Una de ellas es la ya célebre New Horizons. Las otras dos son Juno (que el año próximo llega a Júpiter para trazar un mapa de sus campos magnéticos, y estudiar sus auroras y su atmósfera) y Osiris Rex (que será lanzada también en 2016 para llegar hasta el asteroide Bennu y volver con una muestra a la Tierra en 2023).
Ocampo, nacida en Barranquilla, pero llegada a la Argentina antes de cumplir el año, vivió en Villa Adelina y Carapachay, y estudió en la secundaria Adolfo Alsina, de Vicente López, antes de que su familia se trasladase a Los Angeles para radicarse en los Estados Unidos, cuando acababa de cumplir los 15.
"Mi mamá es argentina y mi padre, colombiano –cuenta, desde el cuartel general de la NASA en Washington–. Se conocieron en Buenos Aires mientras él estaba estudiando allí y vivieron una historia digna de Romeo y Julieta. A mi papá se le terminaba la beca, mi mamá tenía 18 años y necesitaba el consentimiento paterno para independizarse, pero igual se casaron. Fue en un día lluvioso, presagio de buena suerte, y resultó un amor para toda la vida. Todavía tengo muy buenos amigos en la Argentina."
–Doctora Ocampo, ¿cómo se interesó por la exploración espacial?
–Mi madre era maestra del método Montessori. Tuve la fortuna de que tanto ella como mi padre fomentaron en mí y mis dos hermanas la imaginación y la creatividad. Recuerdo que en la casa de Carapachay solía subirme al techo para mirar el cielo estrellado. Me encantaba jugar con los chicos, hacer experimentos, coleccionaba insectos con los que volvía locas a mis hermanas, hacía experimentos con los líquidos del lavadero de mi mamá, pero siempre me apasionaron el cosmos y el espacio.
–¿De muñecas, nada?
–Nunca quise una muñeca. Me acuerdo que siendo chica pedí un juego de química y después un telescopio. En ese entonces, mi papá tenía dos o tres trabajos para mantenernos, de modo que era como pedirle la Luna. Fueron momentos difíciles para toda la familia y eso fue lo que eventualmente nos empujó a emigrar a los Estados Unidos, donde mi papa también había estado becado.
–Era 1970. ¿Influyó en su vocación la llegada a la Luna?
–El 20 de julio de 1969 en nuestro vecindario éramos los únicos que teníamos televisión. Yo tenía los ojos como platos: ¡ver de cerca la superficie de otro cuerpo espacial! Me pregunté qué eran esos puntos de luz, qué había ahí, y me dije: "Quiero ir a explorar". En el secundario había querido estudiar en una escuela industrial, pero a las chicas no nos dejaban. Entonces, como era buena con los números, me mandaron a una escuala comercial, pero me sentía muy frustrada. Me estaba marchitando porque quería hacer ciencia. Llegar a Los Angeles fue florecer. No sabíamos el idioma, pero estaba segura de lo que quería hacer. Inmediatamente pregunté dónde estaba la NASA. Mi escuela en Pasadena estaba cerca del Centro de Propulsión a Chorro de la NASA. Empecé como pasante ¡y me pegué como un chicle! Me tuvieron que dar un trabajito. Me inicié como asistente técnica y ese laboratorio se volvió mi segunda casa. Pagué toda mi carrera trabajando allí y quedé capturada para siempre cuando, el 20 de junio de 1976, asistí a la llegada de la misión Viking; fue la primera vez en que seres humanos posaron una nave robótica en la superficie de Marte. Después de empezar la carrera de ingeniería espacial, me cambié a ciencias planetarias y luego hice una especialización en geología planetaria.
-¿Cuál fue su tarea en la misión New Horizons?
–Aquí, en el cuartel central de la NASA, todos tenemos doble o triple función. En mi caso, soy la directora ejecutiva del programa New Frontiers, que tiene bajo su órbita tres misiones espaciales: New Horizons, que llegó a Plutón, es la primera. Además de encabezar el programa, tengo la responsabilidad de dos de las misiones. En cada una hay tres personas claves. Uno es el ejecutivo de programa, otro es el jefe científico, y otro el que nos ayuda a manejar los presupuestos. En la misión a Plutón, el jefe científico fue Alan Stern, que trabajó con el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. Desde 2006, tuve que supervisar la parte técnica, que se alcancen los objetivos científicos, asegurar el éxito de la misión y mantener el programa dentro de los costos previstos.
–¿Cuándo piensa que podrá partir una misión tripulada a Marte?
–La flotilla de naves espaciales con módulos robóticos, como el Curiosity, en el que tenemos el laboratorio ambulante más avanzado que se haya mandado a un lugar fuera de la Tierra, son justamente parte del proceso que es necesario completar para llegar al planeta rojo. Y eso no lo está haciendo la NASA sola, sino que está colaborando con otras agencias espaciales, como la europea, la japonesa, y todas aquellas que estén interesadas. En el espacio, tenemos muy buena relación con Rusia. La Estación Espacial Internacional es el mejor ejemplo de colaboración internacional en que se pueda pensar. Es extraordinario ver a los astronautas de distintas culturas y que hablan diferentes lenguas trabajar y complementarse tan bien... Como humanidad, es un faro que nos muestra lo bien que podemos trabajar juntos. Y lo mismo va a pasar con la exploración de Marte. Hay planes ambiciosos para hacerlo en la próxima década, pero todo depende del presupuesto que nos asigne el Congreso.
–¿Cree que llegaremos a descubrir vida en otras partes del universo?
–Una nueva área de la ciencia que floreció en la última década es la búsqueda de planetas similares al nuestro, pero fuera del sistema solar. Es extraordinario que ya se hayan encontrado más de 3000 orbitando alrededor de estrellas similares al Sol. Sabemos que para que se dé la vida tal como la conocemos es necesario que existan tres condiciones claves: material orgánico, una fuente de energía y agua en su forma líquida. Con estos tres ingredientes, las posibilidades son muy altas. Y ya sabemos que hay cientos de planetas con esas condiciones en otras partes de nuestra galaxia. Sólo en una galaxia, pero hay cien mil millones en el universo. Quierer decir que sería extraordinariamente raro y matemáticamente casi imposible que la vida no se hubiese replicado en otro lugar del cosmos.
–No hace mucho Stephen Hawking dijo que entrar en contacto con otra civilización nos pondría en peligro. ¿Usted qué opina?
–Tal vez se desarrollen tecnologías que permitirán romper las barreras de espacio y tiempo, pero pienso que tenemos que madurar como civilización para llegar a acoplarnos con otras especies inteligentes. Sin embargo, creo que estamos viviendo momentos extraordinarios. Siempre me acuerdo de unas palabras de Buckminster Fuller. Él decía que todos somos astronautas de una nave espacial que es el planeta Tierra. Ésta es nuestra cuna y ya estamos preparados para dar el primer paso y salir a explorar los planetas cercanos. Tengo fe en la humanidad. Desde el espacio, no se ven divisiones geopolíticas. Somos capaces de hacer cosas extraordinarias, como fue llegar a Plutón.
Bio
Profesión: geóloga planetaria
Edad: 60 años
Nacida en Colombia, creció en la Argentina hasta que a los 15 años su familia se mudó a Los Angeles. Empezó a trabajar en la NASA mientras iba a la escuela secundaria. Hoy dirige tres misiones: New Horizons, que llegó a Plutón; Juno (que llegará a Júpiter) y Osiris Rex (que viajará hasta un asteroide y volverá con una muestra).
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