
Advierten que obras en el Autódromo afectarán el sitio arqueológico más antiguo de la ciudad y un parque
Se trata del sitio La Noria, que tiene rastros de pobladores que vivieron allí 300 años antes de la fundación de Buenos Aires y del Parque Ribera Sur
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Durante las primaveras, aquel pueblo de cazadores y recolectores que años más tarde los españoles llamarían querandíes se instalaba entre lo que hoy es el Parque Ribera Sur y el Autódromo Gálvez, a orillas del Riachuelo. Unos 300 años antes de que Buenos Aires se llamara así, entre los años 1160 y 1240, este grupo, conformado por unas cincuenta personas, se movía por distintos puntos del terreno en busca de presas para cazar.
Todo esto se sabe gracias a los hallazgos que finalmente, después de años de investigación, permitieron identificarlos. Lo que se cree hasta ahora es que los querandíes fueron los primeros en habitar la zona antes de la llegada de los españoles, lo cual llevó a la declaración del Sitio Arqueológico La Noria.

A partir del 20 de julio, el predio comenzó una nueva etapa dentro del proceso de transformación integral del Autódromo. El espacio que hoy ocupa el kartódromo será intervenido para permitir la prolongación de la horquilla del nuevo circuito, una obra vinculada a la preparación del escenario para el regreso del MotoGP y al desarrollo del proyecto que busca que el Gálvez vuelva a recibir, en el futuro, a la Fórmula 1. El kartódromo será trasladado al parque Ribera Sur.
La Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires emitió una declaración conjunta denunciando el impacto que tendrían las obras en el autódromo. “Advertimos una vez más que, de concretarse, implicará la pérdida no solo del Sitio La Noria, excepcional por su alto valor histórico y cultural, sino que también lesionará un área natural de 50 hectáreas preservada como espacio verde público desde la década del 50 del siglo pasado, con la creación del Parque Almirante Brown e incluida en el Código Urbanístico como área de protección especial y de riesgo patrimonial y arqueológico”, advierte el comunicado, que lleva las firmas de Yolanda Mabel Roelants, presidenta de la Junta; Héctor Daniel Vargas Mazzini, vicepresidente, y Ruben Domingo Camillozzi, secretario general.
LA NACION consultó a las autoridades de la Ciudad sobre las características de las obras y sobre los recaudos que se tomarán para no afectar el sitio arqueológico. Contestaron que, hasta el momento, se evaluaba cómo llevar adelante la obra con el compromiso de que el sitio histórico quedara completamente preservado.

En tanto, desde la Junta de Estudios Históricos apuntan que no ha existido participación de los vecinos de la zona en el diseño de las obras y desconocen si existe un estudio de impacto ambiental.
“Advertimos públicamente sobre la necesidad de preservar el sitio arqueológico La Noria, único en la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires, que guarda evidencia científica de un asentamiento humano anterior al arribo de los europeos al Río de la Plata, producido a principios del siglo XVI. El sitio, además, conserva un relicto del cauce natural del Riachuelo, con flora y fauna autóctonas a lo largo de 800 metros que no fueron modificados por las obras de rectificación ejecutadas en la década de 1930 y por ese motivo se lo incorporó a programas de promoción de áreas naturales de la Cuenca Matanza-Riachuelo en el marco del plan de saneamiento”, escribió la junta en su comunicado.

Y sumó: “Ante la posibilidad de pérdida irreparable, reiteramos nuestra recomendación a las autoridades estatales y a las empresas privadas intervinientes de que preserven el uso público del parque Ribera Sur y de inmediato dispongan las medidas de protección para su patrimonio arqueológico, histórico, natural, ambiental y paisajístico”.
No es la primera vez que un anuncio de obras en la zona pone en alerta a los especialistas: sucedió también en 2018, muy cercano a los hallazgos, cuando se evaluó montar allí una planta de residuos de termovalorización. Finalmente, el proyecto no prosperó.
Un sitio único
“El sitio La Noria es el único lugar en la Ciudad donde se han descubierto restos de vida prehispánica. Durante el año 1926, el investigador Carlos Rusconi señaló el área del sitio constituida por cerca de 12 km de bañados, juncales, totorales, lagunas temporarias y permanentes”, se informa en la página del Gobierno de la Ciudad, ya que hasta el año pasado se realizaban visitas guiadas al sitio arqueológico.
A partir de esas investigaciones de principios del siglo pasado, un equipo de arqueólogos dirigido por Ulises Camino planteó la posibilidad de encontrar restos de las poblaciones prehispánicas. En 2010 se determinó un área posible de ubicación de los paraderos indicados por Rusconi. A finales de 2012 se comenzó a explorar el Parque Ribera Sur y se creó un mapa que permitiera decidir en qué lugares realizar las búsquedas. En 2014, se firmó un convenio con la Universidad del País Vasco y se realizaron sondeos de excavación en los que se detectaron restos cerámicos de indudable producción prehispánica, a unos 55 cm de profundidad. Desde ese año hasta 2018 se hicieron cuatro campañas de excavación sucesivas de grandes magnitudes, que dieron como resultado la identificación del Sitio La Noria.

La investigación permitió establecer las ocupaciones entre los siglos XII al XV y una gran cantidad de información sobre cómo vivían los pueblos que habitaban el área. Eran recolectores y cazadores, pero no pescaban. Trabajaban la piedra, fabricaban cerámica y montaban campamentos con postes que fueron identificados por las marcas en el suelo. Es probable que se vistieran con cueros porque se encontraron piedras cuarcíticas que se usan para raspar o limpiar los cueros. También que cosieran con tendones de ñandú, un material fuerte y resistente. También se hallaron elementos ornamentales como cuentas.
Según se detalla en una publicación hecha por Ulises Camino y el arqueólogo urbano Daniel Schavelzon, en total, se recuperaron 672 fragmentos de alfarería y 446 restos de fauna. La colección arqueológica fue curada en el Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. “La Noria representa un caso excepcional de conservación de un sitio arqueológico prehispánico dentro de los límites de la ciudad de Buenos Aires, beneficiado por ser una de las últimas áreas del ejido sin construcciones de envergadura. La Noria representa uno o más campamentos base de grupos de cazadores-recolectores pampeanos del Holoceno tardío”, indican.
Las autoridades de la Junta de Estudios Históricos también aportan una carta enviada por el director de la Cátedra UNESCO de Paisajes Culturales y Patrimonio de la Universidad del País Vasco al secretario de Deportes de Buenos Aires, en la que expresa su inquietud sobre el futuro de un sitio arqueológico clave. “El progreso urbano no debe reñir con la preservación del patrimonio, sino integrarlo como un valor estratégico”, dice. Por este motivo, solicita formalmente que se realicen estudios de impacto arqueológico previos a cualquier excavación para garantizar la protección de estos hallazgos. Esta cátedra fue parte del equipo internacional que impulsó, patrocinó y codirigió las investigaciones arqueológicas allí.
Según indica, se trata de un “yacimiento arqueológico de extraordinaria relevancia para el conocimiento del pasado más remoto de la actual Ciudad de Buenos Aires. Los resultados obtenidos constituyen, hasta la fecha, la evidencia más significativa de ocupaciones indígenas prehispánicas localizadas bajo el suelo de la ciudad contemporánea, circunstancia que confiere a este patrimonio un valor científico, histórico, educativo y cultural excepcional”, dice la carta firmada por Agustín Azcarate Garay Olaum, director de la cátedra de Paisajes culturales.
“He tenido conocimiento de las importantes obras de refuncionalización actualmente desarrolladas en el Autódromo de la Ciudad. Esta situación ha generado una comprensible preocupación entre especialistas, instituciones académicas y miembros de la comunidad. (…) Por ello, solicito formalmente que se adopten todas las medidas necesarias para garantizar la adecuada protección del patrimonio arqueológico. En particular, considero indispensable la implementación de programas de monitoreo arqueológico permanente durante las obras; el establecimiento de mecanismos de comunicación y consulta con especialistas, y la elaboración de protocolos de actuación ante la eventual aparición de nuevos hallazgos”, apunta.



