
Al fin, Gardel tendrá su estatua
Decidido: una escultura del cantante será colocada cerca del ex mercado, donde él vivió; es una iniciativa que demandó años de trámites.
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Ya no habrá más penas ni olvidos. A 64 años de su trágica muerte en Medellín, y tras varios intentos que no prosperaron, al fin la ciudad ha resuelto que Carlos Gardel sea parte de su paisaje, del que con justicia nunca debió haber estado ausente.
Su estatua será instalada -posiblemente el 11 diciembre, fecha de su nacimiento y, a la vez, Día del Tango- en la esquina de Anchorena y el pasaje Carlos Gardel, en la zona del Abasto, donde residió el cantante.
La iniciativa surgió hace casi cinco años. "Fue una idea del bailarín Miguel Angel Zotto, a la que adherimos con entusiasmo, sin imaginarnos los vericuetos por los que transitaría. Hasta he pensado en escribir un libro sobre esa odisea", afirmó Enrique Schcolnik, titular de la Asociación de Amigos de la Academia Porteña del Lunfardo.
Complicaciones
Sobre la entidad recayó la responsabilidad de dar concreción al proyecto.
Los pasos previos incluyeron la promulgación de dos leyes, la derogación de otras dos, entrevistas con alrededor de 200 funcionarios y entendidos así como unas cuantas modificaciones reglamentarias.
El cambio de leyes -que sintetiza la complejidad del trámite- se debió a una controversia vinculada con el lugar en el que se emplazaría el monumento.
La ley 24.529, de 1995 (que desestimaba una primitiva sugerencia de que se eligiera la esquina de Corrientes y Esmeralda), se había pronunciado en favor de la plaza República de Chile, en Libertador y Tagle.
Quienes promovieron esa ubicación la fundamentaron en su proximidad con el Armenonville, el legendario cabaret en el que Gardel debutó profesionalmente, el 1º de enero de 1914.
Sin embargo, no conformó a todos. La discusión reinstaló el tema en el Congreso, y en 1997 tuvo que sancionarse la ley 24.931, en la que se fijaba el Abasto como definitivo destino de la escultura.
Parece que resultó de gran peso el pronunciamiento de un legislador, que expresó a voz en cuello: "¡Le dicen el Morocho del Abasto, vivió allí y su reducto preferido era el Chanta 4, que fue un boliche más gardeliano que Lepera!".
El único antecedente del emprendimiento es la estatua en la Chacarita, frente a su tumba, erigida pocos años después de la tragedia. Suscitó siempre la veneración, en la forma de ofrendas florales, el infaltable cigarrillo entre los dedos o hasta en la mirada absorta de algún cacatúa soñando con la pinta de Carlos Gardel. Pero ese homenaje, en un lugar tan específico y significativo, está inevitablemente vinculado con la muerte y el pasado.
La imagen misma del hombre que está allí, medio encorvado, parece tener un aire de irrevocable fatalidad.
No faltaron los proyectos, como el impulsado por el animador Roberto Galán, que en un programa televisivo pidió la donación de bronce -herrajes, grifería, medallas- que se destinaría a la realización de la estatua.
La convocatoria tuvo éxito y una multitud hizo su aporte. Pero, de pronto, el bronce desapareció misteriosamente. Y el proyecto también.
La deuda interna
El doctor Schcolnik hace notar la abundancia de monumentos dedicados a Gardel en América latina. "Sólo en Costa Rica hay nada menos que once. Y la insólita excepción era la Argentina, su patria adoptiva, el país líder entre los cultores mundiales del tango", señaló.
La estatua de bronce, de 2,40 metros de alto y una base de granito rojo de 1,60, fue esculpida por el artista Mariano Pagés, en su taller y academia de Belgrano, con base en una fotografía de Gardel, de impecable smoking, brazos cruzados sobre el pecho y su clásica sonrisa, luminosa y ligeramente irónica.
El costo total de la obra (labor de escultura, fundición, placa de bronce, base y tareas de colocación) es de 120.000 pesos.
La Asociación de Amigos elaboró un plan de recaudación, consistente en una colecta dirigida a empresas y particulares. La respuesta ha sido muy alentadora.
Pagés cuenta sus estímulos de inspiración. "Vi todas sus películas, leí un montón de cosas sobre él y no sé cuántos discos llevo escuchados", relató.
La imagen de un ídolo
"Más allá del aspecto formal, quise reflejar el espíritu de Gardel, su condición de ídolo popular. Por eso privilegié su alegría, acentuando la que naturalmente muestra su sonrisa, para que se transmitiera a quien lo observe", explicó el artista.
Schcolnik recuerda que hubo un tiempo en que pocos se atrevían a caminar por el Abasto, "pero ahora es una zona en progreso. El tramo de calle en el que estará Gardel será peatonal. Su estatua contribuirá a realzar aún más ese brillo en expansión".
Reivindicación de una figura que devino en vigoroso mito, El Mudo fue un día bautizado el que cada día canta mejor . Estupenda paradoja que pergeñó la agudeza popular para un hombre irrepetible.
"Puede volver a nevar en Buenos Aires -sentenció una vez Raúl González Tuñón-, pero nunca habrá otro Gardel."




