
Aldo Rico insultó y amenazó a fotógrafos
El ministro de Seguridad bonaerense dijo que iba a "mandar a la policía" para que "persiga" a los reporteros gráficos
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PINAMAR.- Con cara de enojado, el ministro de Seguridad bonaerense, Aldo Rico, se acerca a uno de sus colaboradores y le dice en voz alta: "A éstos les voy a mandar a la policía para que los persiga". A pocos pasos de él, lo miran azorados tres reporteros gráficos (de Clarín, Noticias y La Nación ), los "éstos" aludidos por el ex carapintada.
Son las 13.45 en el Polideportivo de esta ciudad. Rico está por subirse al helicóptero y cerrar su visita relámpago a Pinamar.
Los fotógrafos le recriminan sus dichos. Le recuerdan que aquí fue asesinado hace casi tres años el fotógrafo de Noticias José Luis Cabezas. Un crimen por el que hoy son juzgados 10 sospechosos, entre ellos cuatro ex policías provinciales.
El ministro ya no responde. Da media vuelta y se dirige al helicóptero. Al instante se acerca el intendente local, Blas Altieri, que estaba en el lugar. Trata de explicar lo que pasó: "Entiéndalo, muchachos. El es así, temperamental. No le den importancia".
El helicóptero despega. Se va Rico, y con él, el virtual jefe de la policía bonaerense, Ramón Orestes Verón, y otros funcionarios provinciales.
Termina así la estada de dos horas del ministro, que llegó para supervisar el operativo de seguridad para la temporada de verano. Dos horas en las que quedó claro que Rico no simpatiza con la prensa.
Justo al mediodía, el ministro llegó al parador Viejo Lobo, sobre la playa, en pleno centro, donde almorzó con Altieri; Verón; el jefe de la departamental Atlántica Norte, Oscar Troncoso, el intendente de General Madariaga, Adrián Mirkovik, y otros funcionarios provinciales.
Al notar que había periodistas fuera del restaurante, se levantó de la mesa. Amagó con salir por una puerta, y lo hizo por la otra. Los fotógrafos iban para un lado y volvieron al tiempo que Rico salía. "Ustedes siempre desesperados y confundidos", fue su frase para romper el hielo.
Los periodistas intentaron presentarse. "A Gente no le doy entrevistas. Con Clarín no hablo. Si total para mentir no necesitan que hable", atacó.
Tras unos segundos en los que nadie sabía qué hacer o decir, el ex carapintada volvió a la mesa. Salió unos minutos más tarde. Llegó a decir que el conflicto con los taxistas platenses estaba politizado, y se subió presurosamente a la camioneta 4 x 4 gris que lo conduciría al helipuerto.
Los fotógrafos llegan antes que él. Al bajar de la camioneta, empiezan los flashes. Y aumenta el malhumor del ministro, nombrado por el gobernador Carlos Ruckauf para combatir la ola de inseguridad y disciplinar a la policía.
"Más fotos. Más fotos. ¿Para qué quieren tantas fotos?, ¿qué hacen con las fotos, se masturban?", les grita mientras camina hacia el helicóptero.
-Estamos trabajando. ¿Por qué tanta mala onda?, respondió uno de los periodistas.
-Sí, tengo mala onda. Porque después publican mentiras e hipocresías.
-Nosotros no escribimos, sacamos fotos.
-Ustedes son peores.
El ministro (líder de los levantamientos militares de Campo de Mayo, en 1987, y Monte Caseros, en 1988) va hacia el helicóptero. Deja un bolso. Vuelve hasta la camioneta, adonde están los fotógrafos. Se acerca a uno de sus hombres. "A éstos les voy a mandar a la policía para que los persiga." Sabe que lo escucharon. Pero ya no dialoga más. Se va en silencio. El helicóptero lo espera.




