Alguien te observa. El particular hípercontrol que se da en algunos countries y barrios cerrados durante la cuarentena
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Los countries o barrios privados de la provincia de Buenos Aires son lugares que por su naturaleza recrean un ambiente distinto al que existe fuera de sus propios límites. La tranquilidad y la seguridad suelen ser los atributos más destacados por aquellos que los eligen para vivir. Ahí las caras y los nombres son siempre las mismas y se conocen bien.
En tiempos de una pandemia como la del coronavirus, en donde se decretó el aislamiento social obligatorio, ese micromundo (algunos no tan micro), en muchos casos, se ha convertido en un espacio hípercontrolado en donde se respeta la cuarentena a rajatabla, pero no solo para cumplir con lo impuesto por el Estado, sino porque también saben que siempre hay alguien observando, ya sea un vecino o la guardia privada.
"En mi experiencia, el problema no es tanto lo que ve el vecino, aunque sí lo ve, sino que el control más estricto lo hace la guardia. Seguro que acá es más estricta la cuarentena que en la Ciudad, porque no existe la excusa de salir a caminar. Acá tenes gente que se dedica a cuidarte, y ahora también a hacer que cumplas la cuarentena. Te conocen, saben quién sos y tienen los medios para ejercer ese control", dice Jerónimo Boggi, que vive en el Country Septiembre, en Escobar.
En los últimos días en la Ciudad de Buenos Aires, aunque esté prohibido y vaya en contra de las recomendaciones de los especialistas, muchos empezaron a romper la cuarentena con salidas breves. Todo, bajo el amparo del anonimato de las grandes ciudades y la imposibilidad de las autoridades de ejercer un control tan minucioso.
Anibal Cantarian es el presidente del Miraflores Country Club, en Pilar. Señala que ahí solo hubo dos casos complicados en donde tuvo que intervenir un patrullero, pero que es minoritario respecto del número de familias que allí viven.
"Nosotros no estamos controlando de manera rigurosa que uno no vaya a la casa del otro, salvo que sea algo muy evidente. La gente lo cumple por respeto y porque también saben que están los vecinos. Por ejemplo, nos pasó de recibir llamados para avisarnos que llegó alguien de Capital que no estaba alojado en el country cuando decretaron la cuarentena. También pasa lo opuesto, conozco barrios más chicos en donde se pusieron de acuerdo y nadie dice nada y todos salen a correr", dice Cantarian.
Para él lo más destacable es que se formó una comunidad de ayuda entre los vecinos, en donde todos colaboran y tratan de ser solidarios con los grupos más vulnerables.

El jefe de la seguridad de uno de los barrios privados más importantes de la zona norte habló con LA NACION, pero prefirió resguardar su identidad. "La gente ahora no sale. Al principio había una cierta psicosis y llamaban a la guardia porque veían que un vecino salía. Entre vecinos hay mucho control, hay un chat de vecinos que se controlan entre ellos y donde también está la seguridad".
Según describe, al principio se le tomaba la temperatura a todo el que entraba y se prohibió el ingreso de cualquier servicio. Ahora solo pueden entrar los fumigadores y los jardineros. "Cada casa tiene diez rubros, entre piletero, jardinero, peluquero, masajista, manicura, empleadas domésticas, todo eso no existe más y se generan roces".
Según la misma fuente, muchos propietarios quisieron ingresar con su empleada doméstica gracias a un permiso de circulación. "Les hacen permisos que no sirven de nada. Nosotros sabemos bien cuál es la mucama de cada uno. Los permisos son para empleados que trabajan en empresas de limpieza, no para estos casos. Y muchas veces hay que renegar bastante: nosotros nos ponemos firmes y las dejamos afuera".
Ricardo Greene, un sociólogo chileno que tomó a Nordelta como su objeto de estudio durante una década, e hizo su tesis doctoral en antropología basada en ese emprendimiento inmobiliario, descree de la idea de los countries como pequeñas comunidades.
"No creo que funcionen como comunidades, sino como proyectos familiares o individuales. Muchas veces surge la idea de apartarse como una forma de conseguir mayor libertad. En algunos casos, la cuarentena en los countries fue un problema porque justamente se restringió esa libertad e incluso los controles fueron más estrictos. Los barrios privados tienen mecanismos de control, que cuando se vuelven en contra generan malestar", dice Greene.
Aunque, según Greene, la vigilancia entre vecinos no solo se limita a los barrios privados: "En la ciudad también se controlan. Ya lo vimos en los casos de los médicos que les dejaron un cartel en el ascensor para que no vuelvan a entrar al edificio. Hay un miedo a la contaminación que es transversal. Dicho esto, lo que sí tienen los countries son mecanismos de control para disciplinar y controlar todo lo que entra y sale que pueden ser muy rigurosos", argumenta Greene.
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