
Aprenden a sortear obstáculos externos y límites internos
Curso para personas en silla de ruedas
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Hace cinco años, Mariana quedó en medio del fuego cruzado de un tiroteo. No volvió a caminar. Su vida se detuvo. Dejó de estudiar; se encerró en su casa. El lunes último dio el paso más grande desde aquel trágico día: Mariana es una de las diez participantes del curso de capacitación y entrenamiento para personas usuarias de sillas de ruedas que brinda la Fundación Argentina para Personas Especiales (Fuarpe).
En una semana de convivencia, que culminó ayer, se entrenan y aprenden a lidiar con toda clase de obstáculos: baches, cordones, escaleras, rampas empinadas. Pero también se ejercitan para sortear las trabas internas que los alejan de su independencia.
Que la ciudad no está preparada para ellos es una obviedad. Que faltan rampas y colectivos adaptados es una repetida burla a las leyes que hacen de la accesibilidad una obligación. Por eso deben aprender a conducirse por un medio tan hostil como son calles y edificios, y animarse a andar el camino hacia su autonomía.
Fuarpe enarbola la filosofía del movimiento de vida independiente que busca que las personas en silla de ruedas logren ver todas las capacidades que no creen tener. "Aprenden a usar herramientas que no estaban explotadas. La mayoría de las veces, las personas con discapacidad se autoimponen límites porque no tienen con quién compararse. Cuando se encuentran con pares, ese límite se aleja muchísimo", asegura Martín Arregui.
Como los demás instructores, Martín se desplaza en silla de ruedas. Un accidente de tránsito lo dejó sin movilidad hace 11 años. "En México conocí esta filosofía y me pareció increíble. Ya organizamos 15 cursos, de los que participaron 154 personas. Es un trabajo de hormiga, pero sabemos que ellos son multiplicadores", dice.
Los accidentes viales, en piletas y las heridas de bala dejan sin movilidad a muchísimas personas jóvenes. Otros nacen con enfermedades que les impiden caminar. "Queremos erradicar la lástima, tanto propia como ajena. La etapa de duelo es muy difícil y muchas familias, sin proponérselo, sobreprotegen mucho. Hay que aprender a ser independientes", propone. El curso es, para muchos, la primera semana de despegue de sus familias: un aprendizaje para ambos.
Mariana descubrió que al regreso a su Córdoba natal hará todo lo que no hizo en estos últimos cinco años. "Voy a terminar el secundario y a estudiar. Venir acá es aprender a no depender más de nadie", declara.
Carrera de obstáculos
Las veredas atestadas de sillas o puestos de venta dejan pasillos mínimos, imposibles de atravesar con una silla de ruedas. Barras de metal que simulan raíces de árboles; tarimas que imitan escalones de cinco, diez y quince centímetros; escaleras y empinadas rampas son un desafío en el gimnasio del Centro Nacional de Desarrollo Deportivo (Cenadde), en Ezeiza, donde se realiza el curso.
Ana María Di Girolamo está asombrada de sus logros. En 30 años de vivir en silla de ruedas, nunca antes había bajado un escalón sola. Mucho menos, una escalera. "Más que fuerza es cuestión de técnica", reconoce. "Si el medio no se adapta a nosotros, tenemos que adaptarnos al medio", afirma Martín. El curso enseña cómo superar los obstáculos o cómo pedir una mínima ayuda en caso de necesitarla.
Catalina Jimeno cruzó la cordillera para buscar las claves de la tan ansiada independencia y para llevarlas a decenas de chilenos que, como ella, no conocían esta posibilidad.
No es azaroso que el curso proponga una semana de convivencia. "No es lo mismo reunirse un rato que compartir siete días", aclara Martín. El cronograma de actividades fue apretadísimo: un cirujano, un abogado, el fisiatra que se ocupa de la sexualidad, charlas sobre tipos de sillas y almohadones, y entrenamiento para optimizar los tiempos de las actividades de la vida diaria se completan con el ejercicio en el gimnasio.
Cuando Andrés Buttazzoni se cayó de la escalera de pintor con la que hacía un arreglo hogareño, hace tres años, también se desplomó su vida. "Quiero aprender a ser independiente, en casa y en el trabajo. Quiero ser el de antes", confiesa emocionado. Además de no poder caminar, Andrés tiene secuelas en las manos y en un brazo y necesita ayuda para muchas actividades cotidianas. Padre de dos varones de seis y ocho años, vive en Tigre y trabaja en una empresa automotriz. "Acá aprendí muchísimo", revela.
El curso cuesta 1200 pesos y Fuarpe busca sponsors para conseguir distintos porcentajes de becas. Los apoyan el Cenadde, YPF y Coloplast. Más información: www.fuarpe.org.ar .
En el curso surgen confesiones profundas; se crean lazos muy fuertes. Y aunque no forma parte explícita del programa, todos aprenden la lección más útil: que sólo de ellos depende lograr lo que se propongan.
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