
Aseguran que María Soledad murió por exceso de cocaína
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De nuestros enviados especiales).- La joven María Soledad Morales murió por una sobredosis de cocaína, la que le habría sido suministrada por vía nasal, anal o vaginal, según concluyeron los expertos del cuerpo médico forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Los peritos declararon ayer en la sexta audiencia del juicio por el crimen de la adolescente catamarqueña para exponer, con fotografías, los resultados de la autopsia que realizaron al cuerpo de María Soledad.
Las conclusiones de este estudio tienen validez durante el proceso oral por la declaración de los peritos como testigos. En cambio, habían sido declaradas nulas en la causa por un defecto formal, pues desapareció del expediente la foja correspondiente a su notificación a las partes.
Esta autopsia, realizada por los más calificados especialistas del país, da por tierra con los análisis anteriores que señalaban que la joven había muerto por asfixia o que había sufrido un shock cardíaco por violación anal intempestiva.
Los médicos señalaron que los órganos de la joven no tenían las características propias de los adictos, por lo que especularon con que la cocaína le habría sido suministrada por vía parenteral o endovenosa.
Asimismo, se descubrió la presencia de droga en las mucosas del ano y la vagina de la adolescente, quien fue sometida a un masaje cardíaco para reanimarla luego de que su corazón había dejado de latir.
Los médicos descartaron que la droga haya sido espolvoreada sobre el cuerpo, pues fue metabolizada por el organismo.
Los estudios pusieron en tela de juicio las conclusiones de la primera autopsia, realizada por el perito local Hugo Giménez.
La cocaína en el cuerpo de María Soledad Morales se encontraba en dosis muy superiores a las que provocan intoxicación, hecho que sorprendió a los expertos.
Por ejemplo, en uno de los riñones se detectó la presencia de hasta 34,6 microgramos de droga (equivalente a un granito de azúcar) por gramo de tejido, cuando la concentración letal es de 27 microgramos de cocaína por gramo.
Intoxicada por ingesta de cocaína
Los expertos del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema aseguraron que ése fue el motivo de la defunción.
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Un equipo de peritos del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación aseguró ayer, en forma categórica, que María Soledad Morales murió por una severísima intoxicación por ingesta de cocaína.
La conclusión de los expertos descalificó en forma tácita los dos diagnósticos anteriores sobre la presunta causa de la muerte: asfixia y shock cardíaco por violación anal intempestiva.
Durante la sesión de ayer fue advertible que el fiscal Gustavo Taranto se aprestaba a pedir el procesamiento del forense catamarqueño Hugo Giménez, en virtud de los gruesos errores cometidos durante la primera necropsia.
El grupo interdisciplinario de especialistas, considerado el más capacitado del país, es el que tuvo a su cargo, el 11 de febrero de 1991, la segunda autopsia que se le realizó a la víctima a seis meses de su muerte, en la Morgue Judicial de la Capital Federal.
Es importante tener en cuenta que esa autopsia, solicitada por el entonces juez instructor José Luis Ventimiglia, fue declarada nula por no haberse notificado a las partes en tiempo y forma. Un defecto formal, en suma. No obstante, y pese a que sus resultados no fueron incorporados en la causa, los testimonios de sus autores sí serán tenidos en cuenta en este debate. Los peritos aquí son considerados como testigos.
Una "barbaridad" de cocaína
El forense y tanatólogo Osvaldo Raffo, considerado una eminencia en la materia, fue enfático al fijar el momento de la muerte en 36 horas antes del hallazgo del cadáver. Esto es, que el crimen fue cometido en la madrugada del sábado 9 de septiembre de 1991.
"La autopsia determinó en forma indubitable que la causa de la muerte fue intoxicación por cocaína, y que la droga se encontraba en cantidades superiores a lo normal: en algunos órganos encontramos concentraciones de hasta 34 microgramos por gramo... ºUna barbaridad!", exclamó.
Raffo destacó también que no es probable que esa cantidad de droga haya sido consumida íntegramente en forma voluntaria por la víctima, sino que "debe haberle sido suministrada por vía parenteral o endovenosa".
El examen histopatológico realizado en los pulmones, agregó el especialista, "reveló que los alvéolos estaban insuflados, signo de que la trataron de reanimar mediante técnicas de respiración artificial".
Explicó también que eso es frecuente en accidentes con cocaína entre gente que la consume: "Cuando se produce un caso de apnea o paro cardíaco es usual que el resto del grupo trate de salvar a la víctima. Es común que encontremos costillas rotas también, ya que les comprimen el pecho en forma violenta...", agregó.
"¿No se observaron costillas rotas en María Soledad?, preguntó el presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga.
"Nunca lo sabremos, porque durante la primera autopsia no se revisó la caja torácica", respondió el forense porteño.
Embates de los defensores
El experto en medicina legal rechazó una vez y otra los embates de los defensores de Guillermo Luque. Los abogados José Vega Aciar y Víctor Pinto trataron, como en audiencias anteriores, de pintar a la víctima como alcohólica y promiscua. Y ayer avanzaron sobre su eventual adicción a la droga.
"¿Puede decirnos si la occisa era consumidora habitual, doctor?", preguntó Pinto como al pasar. "No. No lo era. A pesar de que tenía restos en la nariz, revisamos el corazón en busca de las denominadas bandas de contracción, características de los consumidores consuetudinarios, y no encontramos nada", afirmó Raffo.
Aunque a cada intervención suya los jueces y las partes trataban de sacarle un juicio de valor sobre la labor de su colega catamarqueño Giménez, Raffo prefirió el cortés: "Preferiría no abrir opinión sobre esto". Lo más contundente que se atrevió a decir fue: "Y... yo diría que la primera autopsia fue un poco desprolija". (Risas).
El forense de la Corte Suprema descartó de plano la hipótesis de que la droga pudiese haber sido puesta en el cuerpo después de la muerte.
"Eso es del todo imposible -dijo-, ya que la cocaína encontrada había sido metabolizada por el organismo, estaba en el interior de varios de los órganos estudiados. Necesariamente ingresó en la víctima antes de que la mataran."
El tribunal resolvió pasar a cuarto intermedio hasta el martes próximo. Según dispusieron los jueces, no habrá en adelante sesiones los días lunes, en atención a que tanto dos de ellos, Olmedo de Arzuaga y Alvarez, como la mayoría de los abogados de la partes, no residen aquí en forma permanente. Lo que se denomina un franco largo.
Una ventana
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De un enviado especial).- No es frecuente, para el común de la gente, asomarse a los macabros abismos de la tanatología (del griego Thanatos, la diosa de la muerte), rama de la medicina que estudia los cadáveres.
Hubo reacciones encontradas entre los asistentes a la sesión de ayer, cuando el catedrático legista Osvaldo Raffo contó el cuidado que se debe tener al abrir con la llama de un soplete la cubierta de un féretro que ha sido soldado: los gases acumulados en su interior pueden causar una explosión, con las previsibles consecuencias para los allí presentes.
O cuando el especialista contó el caso de una muerte por sobredosis de cocaína. Los forenses exhumaron a la víctima y encontraron veneno para hormigas en lugar de droga.
¿Había habido una mutación química del alcaloide? "No", dijo Raffo, con una sonrisa que evocaba al Boris Karloff de innumerables filmes de clase B: "Ocurrió que el jardinero del cementerio echaba insecticida a los canteros de flores sobre la tumba y la filtración del agua de lluvia lo arrastró hacia abajo".
Los presentes en la sala de audiencias, que por el tono de las anécdotas mortuorias parecía por momentos adquirir características de un tenebroso sepulcro victoriano descripto por Bram Stoker, el autor de Drácula, no dejaban de estremecerse. El frío reinante ayudaba.
Sólo se distendieron un poco al llegar las anécdotas más de salón: como aquella de que es muy frecuente que los médicos legistas, antes de proceder a la autopsia, deben retirar del ataúd cartas de familiares, comida, juguetes de cuando el muerto era niño o prendas íntimas de sus seres queridos.
Raffo volvió a su enigmática semisonrisa cuando uno de los jueces le preguntó durante cuánto tiempo se conservaban las drogas en un cadáver, y si siempre era posible detectarlas. "Se han encontrado restos de drogas en momias egipcias", sentenció. No hubo más preguntas.
En la sala de prensa, los enviados especiales se hacían bromas para infundirse ánimos. Al fin y al cabo, estaban vivos.




