Así es Tribar, el robot flexible que soporta una caída de 5,7 metros y podría explorar otros planetas o zonas de desastre
Un sistema construido con tres barras y cables elásticos sobrevivió a un impacto sobre asfalto y siguió desplazándose por terrenos irregulares
4 minutos de lectura'
Tribar parece simple: tres barras rígidas unidas por una red de cables elásticos. Sin embargo, esa estructura le permitió resistir una caída vertical de 5,7 metros sobre una superficie de asfalto y continuar desplazándose después del golpe.
El robot fue desarrollado por investigadores de las universidades de Yale y Rutgers, liderados por Rebecca Kramer-Bottiglio y William R. Johnson III. El trabajo fue publicado el 10 de agosto en la revista Nature Machine Intelligence y propone una combinación que hasta ahora resultaba difícil de conseguir: resistencia frente a impactos, capacidad de recuperar su forma y control autónomo.
Los robots convencionales suelen depender de cuerpos rígidos y articulaciones protegidas para desplazarse. Esa arquitectura puede ofrecer precisión, pero también los vuelve más frágiles frente a golpes, caídas o terrenos imprevisibles. Tribar, en cambio, está basado en una estructura de tensegridad, un sistema en el que elementos rígidos separados permanecen unidos por cables sometidos a tensión.

Cuando recibe un impacto, las barras pueden cambiar de posición y toda la estructura se deforma. Los cables absorben parte de la energía y distribuyen las fuerzas por el conjunto, en lugar de concentrarlas en unas pocas articulaciones.
La misma flexibilidad que sirve para resistir un golpe también plantea un desafío: el robot debe saber cuál es su propia forma y su orientación después de una caída. Para resolverlo, incorpora sensores flexibles ubicados en los cables y sensores internos de movimiento. Con esa información, puede estimar su configuración y activar los motores para continuar avanzando.
“Presentamos un robot de tensegridad que combina resistencia al impacto con autonomía”, indicaron los investigadores. El trabajo señala que Tribar puede reconstruir su forma y orientación mediante sensores instalados a bordo, sin depender de una estructura rígida para mantenerse operativo.
El equipo probó su funcionamiento sobre distintas superficies, entre ellas pasto, hielo, piedras y arena. Además, evaluó su capacidad para superar pendientes de hasta 28 grados y seguir trayectorias rectas, curvas y triangulares.

La prueba más llamativa ocurrió cuando los investigadores lo dejaron caer desde un puente de 5,7 metros de altura sobre asfalto. Después del impacto, Tribar recuperó una configuración que le permitió continuar con el desplazamiento. Los autores describieron esa caída como la más alta registrada hasta ahora para un robot de tensegridad.
El robot también fue arrojado desde el borde de un acantilado. En esa prueba no sufrió daños, aunque los científicos aclararon que no puede considerarse una caída vertical de 12 metros porque en el trayecto chocó varias veces contra la vegetación y la superficie de la pared.
Además de su capacidad para resistir impactos, Tribar alcanzó una velocidad máxima de 18 longitudes del robot por minuto. Los investigadores indicaron que logró superar la pendiente más pronunciada registrada hasta ahora por un robot de tensegridad.
“Los robots futuros tendrán que desplazarse en entornos peligrosos y remotos con resistencia y autonomía”, escribieron los autores. Esa es la razón por la que el diseño busca superar una limitación conocida en este tipo de máquinas: cuando se les agrega flexibilidad para hacerlas más resistentes, suelen perder precisión o capacidad de control.
El concepto podría ser útil para explorar superficies irregulares, como paredes rocosas o cráteres, pero también para ingresar en edificios dañados o zonas donde el terreno impide la circulación de robots convencionales. Una caída inesperada o un vuelco no necesariamente significaría el final de la misión.

“Esta arquitectura puede servir como referencia para desarrollar robots de alta supervivencia”, señaló el equipo en el estudio. La expresión no implica que Tribar ya esté listo para un operativo en la Luna, Marte o una zona de desastre. El trabajo demuestra una tecnología experimental en un entorno controlado.
Por ahora, el robot no cuenta con un sistema de visión que le permita identificar obstáculos y elegir por sí mismo un camino complejo. Su autonomía está vinculada con el control de sus movimientos, la estimación de su forma y la capacidad de ejecutar trayectorias, no con una navegación completa parecida a la de un vehículo explorador.
Los investigadores consideran que esa combinación de resistencia y control podrá orientar el desarrollo de futuras máquinas para ambientes en los que otros robots corren riesgo de quedar dañados después de una caída. La idea es que una estructura que no se rompa con el primer golpe pueda seguir trabajando allí donde una máquina rígida ya no podría avanzar.
- 1
2Una mujer murió atropellada por un colectivo en Moreno y el chofer fue imputado por homicidio culposo
3¿Una nueva zona azul? La región española donde investigan por qué tantos habitantes superan los 100 años
- 4
Policías aeroportuarios argentinos están aprendiendo hebreo ante la llegada de los vuelos que conectarán con Tel Aviv
