
Aumentaron hasta un 50% los precios en los restaurantes porteños
En los últimos dos años, los costos duplicaron la inflación acumulada
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Desde ahora, junto con la cuenta, habrá que pedir un antiácido para que no caiga mal la comida. Es que los precios que se pagan en los restaurantes aumentaron, según estimaciones de clientes y asociaciones de consumidores, más de un 50% en los últimos dos años. Una suba que duplica la inflación acumulada desde enero de 2004, que es del 24,4 por ciento.
Comer afuera, uno de los programas preferidos de los porteños, se está convirtiendo en un lujo para pocos. O una salida reservada para los extranjeros que visitan la ciudad. Entre la comida, el cubierto –por cierto, una mala costumbre argentina– y el derecho de espectáculo que varios restaurantes cobran hacen de esta salida una verdadera disyuntiva: ¿qué pedir, qué suprimir?
Ejemplos de este aumento sobran en la variada oferta gastronómica local. En una parrilla de Puerto Madero, que se caracterizó siempre por su buena relación calidad-precio, hoy dos personas pagan $ 88 lo que hace dos años abonaban la mitad. Y la lista sigue: en un restó de cocina italiana, una pareja pagó la semana pasada $ 96 cuando hasta no hace mucho comía lo mismo por 60 pesos.
Las quejas de los comensales hasta se pueden leer en los sitios que recomiendan lugares para ir a comer: "Me sorprendió el fuerte aumento de precios que hicieron en un lapso de seis meses. Nunca una milanesa a la napolitana puede costar $ 17. Lo pagué porque ya estaba ahí, cosa que le debe de pasar a mucha gente", protestaba por Internet un asiduo cliente de un conocido restaurante de Boedo.
Para los amantes de la comida japonesa también hay malas noticias: el sushi libre, que consiste en pedir piezas sin límite, salvo el que impone el estómago, hace dos semanas costaba $ 50 por persona en un conocido resto dedicado a ese manjar oriental. Hoy sale $66. Y el semilibre, opción más económica porque no incluía los ingredientes más caros, ya no existe. Prohibido hacerse el haraquiri.
LA NACION quiso conocer las razones de este aumento de precios, pero el presidente de la Cámara de Restaurantes, Juan Carlos Leal, no contestó a las reiteradas llamadas. Algunos dueños de establecimientos gastronómicos, en tanto, responsabilizan a los propietarios de los locales, que aumentaron los alquileres en un 30 por ciento. "No hacemos más que trasladar a la comida esas subas", explican, aunque piden no ser identificados.
Sin duda, uno de los incrementos que más lastiman el bolsillo de los clientes es el del café, que hoy no baja de los $ 3,50 promedio en cualquier confitería de Buenos Aires y que en los restaurantes se llega a pagar hasta 6 pesos. Hasta no hace mucho, un pocillo de café no superaba el peso y medio.
"Este aumento es exagerado porque el café no tiene ningún valor agregado: no hay mano de obra, ni creatividad, ni nada. Solamente se usa café y una máquina. Lo que ocurre es que, al haber menos consumo de platos, los establecimientos gastronómicos se vuelcan a aumentar el café", opinó Susana Andrada, presidenta del Centro de Educación al Consumidor (CEC).
"Lo que ocurre es que en el café y las gaseosas está la mayor ganancia. Por una botellita de 250 ml se paga entre $ 4 y $ 5, cuando al restaurante le cuesta 90 centavos. Y muchas veces la tienen bonificada, si la publicita u ofrece una determinada marca", dijo Sandra González, presidenta de Adecua.
Sin embargo, la gente sigue yendo a comer afuera. Así lo prueba la larga espera que muchos soportan con tal de sentarse a comer en su resto preferido. Lo cierto es que muchos optaron por modificar algunos hábitos.
"Nosotros seguimos yendo a comer afuera porque es un programa que nos encanta. Pero nos fijamos mucho en los precios y sólo pedimos un plato. Nada de vino, de entradas, ni postres", reconoció Florencia Lugo, de 30 años, a la entrada de un conocido restaurante de Las Cañitas, previa lectura de la lista de precios.
Otros, en cambio, optaron por modificar la frecuencia con la que salen a comer. "Si antes lo hacíamos una vez por semana, ahora lo hacemos una vez al mes. Con los precios que se pagan no se puede ir tan seguido", reconoció González, de Adecua.
En definitiva, como señala Andrada, "se gasta lo mismo que antes pero comiendo menos o peor". Una receta que no parece tener mucho éxito en el mediano o largo plazo.
Abusos varios
Pero los excesos no sólo se dan en los precios, según denuncia las diversas asociaciones de defensa del consumidor. Como comprobó González, varios establecimientos cobran un 40% adicional, si el plato es compartido, y otros restaurantes eligen recargos por pedidos puntuales.
"Por ejemplo, hace poco pedí un bife de chorizo que en la carta figuraba en 16 pesos y que en la cuenta costaba 20 pesos. Cuando pregunté a qué se debía la diferencia de precio, me respondieron que era porque lo había pedido cortado tipo mariposa. Esto un verdadero abuso", expresó la presidenta de Adecua.
Otro de los puntos que provocan las quejas de clientes -sobre todo extranjeros- es el del cobro de cubiertos. La guía para viajeros Lonely Planet, en su última edición sobre Buenos Aires, ubica este punto entre las tres peores cosas de la ciudad, junto con el excremento de perros y la constante falta de cambio.
"El cubierto es una modalidad que se está usando mucho. Antes era una costumbre de los bodegones, pero ahora te lo cobran en los lugares más caros, como Puerto Madero o Palermo Hollywood. Esta es una forma de aumento encubierto", opinó Andrada.
Lo cierto es que el cobro del cubierto trae consigo varias ironías. La primera es que se aplica en lugares donde ni siquiera se usan, como los de comida oriental. La segunda, que se llega a pagar por ellos un precio más caro que en otros lugares. Por ejemplo, ahora los palillos descartables se cotizan $ 6 en muchos restaurantes de sushi de la ciudad. Eso sí: al menos queda el consuelo de llevárselos de recuerdo.
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