Ayer falleció Gustavo Cuchi Leguizamón
El inefable compositor tenía 83 años
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El Cuchi Leguizamón murió ayer a las 16.45, por un paro cardio respiratorio, en el sanatorio del Carmen de la capital salteña, donde estaba internado desde hace una semana en la sala de terapia intensiva. Estaba acompañado por sus hijos José María Leguizamón y Luis Leguizamón. Mucha gente llegó espontáneamente hasta el sanatorio cuando se enteró de la triste noticia. Sus restos serán inhumados hoy, a las 12.30, en el cementerio de la Santa Cruz, de Salta.
En la memoria de muchos salteños quedará impreso el sello del "Cuchi" -así a secas-: su temperamento indomable, su don de gente, su hablar sonoro de vocales abiertas y acento marcadamente provinciano, su infatigable gracejo de humorista, sus estentóreas carcajadas.
Para sus exalumnos de Historia y Literatura en el Colegio Nacional de Salta será el profesor de quien recogieron mil reflexiones, anécdotas y humoradas; para otros habrá sido "el doctor" -el abogado penalista- que los defendió durante treinta años de su pobreza, que los salvo de su intemperie legal.
Para los miembros de la legislatura salteña, el furtivo diputado de utopías. Para la gente de teatro, un dramaturgo apenas conocido. Y para el ciudadano común de Salta, el loco lindo que les organizó algún concierto de campanas desde esos campanarios repiqueteadores de los domingos y plañideros de las pompas fúnebres, y otros de pitos de tren, como una de sus tantas diversiones.
Cualquier salteño -sobre todo quienes lo frecuentaron- podrían escribir un largo anecdotario sobre este otro "barbudo" (el barbudo por antonomasia es Manuel J Castilla) de ojos enormes y risa mefistofélica.
Un libro que reflejaría el espíritu libertario de este fabulador de aventuras inofensivas, de mentiras piadosas, de frases lapidarias contras los poderosos de este país y del mundo, de cuentos a granel, de ocurrencias sin fin.
Inventor del Dúo Salteño
Pero sin duda será el país entero que recordará a Gustavo Cuchi Leguizamón, músico-poeta, pianista, inventor del Dúo Salteño.
Su legado artístico no es el de un prolífico creador. Cuchi no dejó trescientos temas para la memoria colectiva. Le bastaron una veintena de composiciones para ingresar gloriosamente en la posteridad.
Bastaría citar las imperecederas zambas sobre poemas de Manuel J. Castilla: "La pomeña", "Balderrama" y "Zamba de Anta", o las que compuso con Jaime Dávalos, "Panza verde" y "Zamba de los mineros", o la cueca "La arenosa", "Zamba de Lozano", y "Zamba del pañuelo" y el "Carnavalito del duende", o esas olvidadas "Coplas del regreso " junto al poeta catamarqueño Luis Franco.
Todo el aliento norteño se ha filtrado por temas como "Maturana", "El fiero Arias", "El silbador" y "La navidad de Juanito Laguna", y palpita en temas que llevan letra y música propia como "Chacarera del expediente", "El avenido", "Zamba soltera", "La unitaria", "Chacarera del Chaco", "Lavanderas del río Chico" y esa chacarera atonal -única-, "El aveloriado", que pinta la curda de un habitué de velorios.
Y nos quedan, todavía, como herencia de su genio la obra integral "Cantata de las comidas" con Tejada Gómez, y una del libro de poesías "Residencia en la tierra", de Pablo Neruda, "La muerta".
Un solo testimonio
Pero la paradoja es que Cuchi Leguizamón tiene grabado ¡un sólo disco! Para no creerlo. ¡Un solo disco, uno de nuestros más prestigiosos creadores del folklore!
Producido por Manolo Juárez dentro del ciclo "Solo piano", organizado por Manolo, el disco fue grabado en vivo en la Asociación Médica de Rosario, gracias al apoyo de Susana Vadell, y editado en diciembre de 1983.
El antológico encuentro fue abierto por Manolo Juárez, para que luego "tocaran los maestros", como dice Manolo, los pianistas Mono Villegas y Cuchi Leguizamón. Allí quedó registrado -según Manolo- lo más sabroso del Cuchi como compositor y pianista, incluso música que compuso para películas.
"Tocando y hablando -supo recordar Manolo- se puso a la gente en el bolsillo y nos dedicó, al Mono y a mí, la «Zamba de la viuda». Luego en casa de Susana cocinó dos pollos: "uno para gente normal" y otro "para los espíritus erráticos". Al otro día, luego de repetir el concierto cocinó de nuevo un guiso con un charqui que consiguió no se sabe de dónde".
En los últimos tiempos, la música del Cuchi Leguizamón se expandió en varios ámbitos: teatros, peñas, discos. Sus canciones volvieron a escucharse en voces tan celebradas como la de Lorena Astudillo y el Dúo Coplanacu, entre otros.
Precisamente en estos días, diferentes grupos ligados a la música folklórica se encontraban en plena preparación de homenajes, quizás como un modo de retenerlo entre nosotros.
Una larguísima agonía
Desde comienzos de este año, la salud del gran pianista se había deteriorado al punto tal de que debía permanecer en una cama de agua, única forma de soportar las dolencias de su enfermedad.
Se sabe que desde mucho tiempo antes le estaba negado al Cuchi poder dialogar con su amado piano y que su prolífica fantasía le negaba el contacto con las musas. La suya fue otra muerte anunciada, de la que estaba pendiente todo el país musical.
El artista tenía la rara cualidad -y el privilegio concedido a unos pocos- de ser admirado tanto por músicos tradicionalistas como por los de defensores de la más inclaudicable vanguardia. De todos se hizo amigo. El pretexto siempre fue una comida en la que se dejaba correr el vino. Sus infaltables bromas supieron tener por destinatarios a los conservadores.
Gustavo Leguizamón, que pergeñó el folklore imaginario con sabiduría milenaria y sensibilidad moderna, para cantar a los dioses lugareños, al paisaje y al hombre, había nacido el 29 de setiembre de 1917 en Salta.




