Baches, basura, delincuencia y abandono en Constitución
Los vecinos dicen que el barrio es discriminado por las autoridades; testimonios
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Desamparados. Así se sienten hoy los vecinos de Constitución. Es que basta caminar un rato con ellos por la zona para encontrarse con vendedores ilegales, prostitutas en varias esquinas y, durante las 24 horas, niños que aspiran pegamento de una bolsa o jóvenes de entre 18 y 24 años que de noche duermen debajo de la autopista 9 de Julio.
Según un miembro de una de las agrupaciones consultadas, esos mismos jóvenes son los que, a la luz del día, roban a los transeúntes que utilizan el barrio como centro de trasbordo, en el que numerosas líneas de colectivos y varias ferroviarias y una estación de subte conforman una importante oferta de medios de transporte.
Conforme con el arquitecto Emilio Raposo Varela, de la Asociación Vecinal Constitución (Aveco), el barrio sufre "discriminación urbana". Y el mejor ejemplo es la plaza Constitución, situada frente a la estación de trenes. Tachos de basura y bancos destrozados, grandes baches en el pavimento, puestos de venta ilegal conectados al alumbrado público, faroles con los vidrios rotos y la ausencia de placas -fueron robadas- en los monumentos a Juan Bautista Alberdi y Juan José Castelli muestran un panorama desolador.
"También tenemos una sección ecológica en el barrio. Muchos árboles, en sus bases, tienen hongos. Pero en la plaza Garay (Solís y Pavón), hasta hace poco había uno al que le usaron el tronco los asambleístas barriales para hacer un asado", afirmó con ironía Alejandro Cowan, docente universitario, miembro de la Asociación Impulsora Nuevo Constitución (Ainco).
Cowan, además, responsabilizó al gobierno local del descuido que sufre el barrio: "Según mis cálculos, en el año 2000 los comerciantes pagaron 18.000.000 de pesos en impuestos. ¿Qué hizo y qué hace el gobierno porteño con ese dinero?", se preguntó.
En respuesta a las acusaciones de los vecinos, fuentes de Espacios Verdes del gobierno porteño admitieron ser responsables de la limpieza de las plazas, pero respecto de los baches, derivaron la consulta a Espacio Público y Desarrollo Urbano. LA NACION dialogó con fuentes de esa cartera y, aunque suene a paradoja, devolvieron la responsabilidad al personal de Espacios Verdes por el descuido del pavimento de los pulmones urbanos.
La estación ferroviaria de estilo inglés victoriano también sufre un marcado abandono. La suciedad que hay en ella genera un olor insoportable. Pero eso no es todo. Los pasajeros diariamente deben esquivar puestos de verdulería ilegales y a un grupo de individuos que, con sus colchones, descansa en uno de los accesos a las boleterías.
Al respecto, Fernando Jantus, gerente de comunicaciones de Metropolitano, reconoció que la estación "está descuidada". Tan descuidada que todavía sigue el cartel que colocó la empresa concesionaria en anuncio de cómo sería la nueva terminal, que, por ahora, no permite ver ningún obrero trabajando en el proyecto.
Policías y leyes
Otro de los temas que preocupan a los vecinos es la escasa presencia policial. "En un barrio que tiene 43.000 habitantes y por donde diariamente pasan unas 700.000 personas tenemos, por turno, sólo 22 policías. Además, los días que hay partidos de fútbol o piquetes, nos los sacan", dijo Dolores San Román, de Ainco.
Pero algunos comerciantes, si bien reconocen que es insuficiente el personal asignado por la Policía Federal a la comisaría 16a. -de San José 1224-, están indignados con el comisario, Eduardo Díaz. Consideran que no actúa para detener la ola de delitos que sufren con frecuencia.
LA NACION intentó dialogar con Díaz, pero se encuentra de vacaciones. Lo reemplaza el subcomisario Marcelo Perrota, quien expresó que no es "el autorizado para hablar".
Según las últimas estadísticas de la Dirección de Política Criminal, que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, la comisaría 16a. está primera en la categoría "delitos contra las personas" (esto es, más de 250 por cuatrimestre) y cuarta en "robos" (entre 400 y 600 cada cuatro meses).
Según Raposo Varela, la solución para que el barrio alcance tranquilidad no está sólo en incrementar el número de policías, sino también en un cambio de las leyes. El, como otros vecinos, sostiene que "el Código de Convivencia que instauró Ibarra es absurdo porque permite a los travestis y a las prostitutas hacer lo que quieran".
Imágenes de un barrio olvidado
Constitución es, para muchos, un lugar de paso. Sin embargo, hay 43.000 personas que viven allí y que ven cómo su barrio se desmorona día tras día, sin hallar respuesta a sus reclamos.





