Björk: "Queríamos ser modernos y no sinónimo de suéter de lana, sombrero de vikingo o iceberg en medio de la nada"
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Después de una zambullida nocturna en la piscina subterránea del hotel, Björk desayuna yogur natural: exactamente lo que uno imagina que haría Björk. Ha volado desde Brooklyn Heights, Nueva York, donde vive con su hija de 12 años, y se aloja en un hotel del este de Londres, que eligió por su proximidad con su disquería favorita. Pronto estará nuevamente en vuelo, rumbo a su Islandia natal, donde también tiene un hogar y donde reside su hijo de 27, que está intentando forjarse su propia carrera en la música. En noviembre, ella cumplirá 50, y hoy en día habita diferentes mundos, tras haber recorrido un largo camino como solista -marcado por 14 nominaciones al Grammy- tras su vida de adolescente en la banda de post-punk experimental Sugarcubes. Pero últimamente hizo su entrada en un mundo musical que nunca nadie anticipó que lograría conquistar: el de los discos de corazones destrozados.
Vulnicura, su nuevo álbum [que Ultrapop publicará en Argentina este mes], es acerca de la muerte de su relación de 14 años con el artista Mathew Barney, padre de su hija. Las canciones que lo integran son como heridas abiertas, hermosas y sangrantes, y la información sobre las canciones que se encuentra en el interior de la portada del álbum incluso menciona cuántos meses antes o después de la ruptura fueron escritas. Se ha escrito tanta música pop sobre desengaños amorosos y amores que debieron durar para siempre y no lo hicieron, que es hasta sorprendente lo novedoso que resulta este tema remanido cuando pasa por las manos de Björk. Entre las letras de las canciones, leemos: "Te intimidan mis ilimitadas emociones/ me aburren tus obsesiones apocalípticas/ ¿No te habré amando demasiado?/ La devoción me dobló hasta partirme"; "Te despierto en medio de la noche/ sintiendo que es la última que pasaremos juntos/ vuelvo a sentir entonces todos los momentos que pasamos juntos? cada vez que nos tocamos/ cada vez que cogimos".
Tal vez sea entonces un alivio comprobar que Björk, en realidad, está bastante contenta consigo misma. Exuda un aire de amabilidad, y dice que es cierto que el tiempo todo lo cura, porque los hechos que inspiraron su álbum ocurrieron hace más de dos años. Le pregunto si escribió la música en poco tiempo, para no aferrarse al dolor y liberarlo rápidamente. Suspira profundamente. "No sé. Si hay un álbum del que sé muy poco, es de éste."
Empieza a tropezar un poco con las palabras. Dice que atravesó "un clásico proceso de duelo. Aparentemente, es bastante similar a? cuando se muere alguien, o a perder el trabajo, o a divorciarse. Por supuesto que son experiencias? devastadoras de manera diferente. No estoy comparando un divorcio con la muerte de un hijo. Hay cosas que son mucho peores. Pero las etapas que uno va atravesando son las mismas, casi como si fueran capítulos de un libro. Al principio, luché contra ese proceso, porque me resistía a ser como todo el mundo, a ser tan normal, tan predecible". Y se ríe un poco de sí misma. "Pero después, empecé a preguntarme qué iba a hacer. Y creo que en ese momento, algo dentro de mí como una especie de instinto de supervivencia de compositora, supo que nunca iba a salir del túnel si no atravesaba el túnel paso a paso, musicalmente. Supe que en mi inconsciente no había nada que me permitiría apretar fast-forward y escribir simplemente una canción bolichera."
Por supuesto que la otra opción habría sido escribir toda esa música, pero no darla a conocer al público, una opción que ciertamente consideró. "Y al principio, la verdad que me daba vergüenza escuchar esas canciones." Después, un año más tarde, las interpretó frente a un amigo y se dio cuenta de que "en realidad, no eran tan horribles. Porque cuando estaba todavía metida en el medio de todo, la verdad que no sabía. Pero al escucharlo de nuevo no me pareció tan caótico. O sea, por supuesto que es caótico, pero existen distintos tipos de caos. Algunos, se pueden compartir, y otros no. Y obviamente lo más importante era proteger a mi familia. Era la prioridad número uno, número dos y número tres. Pero la prioridad número cuatro tal vez era esa especie de cazador escondido en mi interior, esa persona que observa y evalúa. Como el musicólogo que visita Rough Trade y se queda cautivado con la sección de bandas de sonido de películas asiáticas y se compra 10 CDs. Esa clase de nerd que si tuviera tiempo tendría su propio programa de radio. Esa persona dentro de mí miró las canciones y dijo: No, si cortás todas las partes caóticas no va a ser un documento de este proceso de duelo, y no le va a servir de nada a nadie. Así que si hubiera sacado toda la confusión, habrían sido canciones áridas. Ni siquiera habrían sido canciones buenas."
-Habrían sido higiénicas. Lavadas.
-Sí? Pero juro que cuando saqué el álbum y tomé esas decisiones ya habían pasado dos años y medio desde que había escrito la primera canción. Seis meses antes, no me habría animado. En ese proceso de duelo, todos los meses son diferentes. Es loquísimo cómo funciona.
-Hay canciones que no llegaron al disco.
-[ Se ríe]. Sí, un par. Unas tres, me parece.
En 1993, cuando Björk se convirtió en una marca registrada en su país, tras el lanzamiento de su primer álbum como solista, Debut, que incluía canciones como "Venus as a Boy" y "Human Behaviour", ya tenía añares de experiencia en al ambiente musical de Islandia. Empezó de niña, en la escuela de música de Reikiavik -busquen en YouTube las imágenes en blanco y negro de su lectura en voz alta en un concierto de Navidad, a los 12 años de edad-, y luego trabajó como voluntaria en una disquería. "Tenía 14 años, y estaba siempre rodeada de gente mucho mayor que yo, en el único negocio alternativo que había en Reikiavik. Todos trabajaban gratis para mantener el diminuto negocio a flote. Importábamos cosas realmente por accidente. El gran álbum de Cocteau Twins nunca llegó, pero sí llegaron los otros cuatro álbumes raros que nadie conocía. ¡Nos encantaba! Venían poetas, amantes de la ópera, y teníamos ese espíritu punk de hágalo usted mismo y si alguien grababa un disco en la casetera de su dormitorio, podía venir a la disquería y encontrar estudiantes de arte que lo ayudaran a diseñarle la tapa. Si alguien tenía que ir a una emisora de radio, lo acompañábamos todos. Puede sonar hippie, pero era más punk funcionalista."
-La gente suele olvidar la estrecha conexión del punk con el socialismo y el colectivismo.
-¡Totalmente! Y no iba a llegar ningún productor discográfico montado en un caballo blanco a descubrirte y hacerte famoso. Despertate: eso no va a pasar. Dividíamos todo en 50/50. Queríamos ensuciarnos las manos y no ser como esas artistas inocentes y frágiles en los que todos se cagan. Y eso lo aprendimos de ustedes, los británicos. Cuando me mudé a Inglaterra, ya estaba en esto desde hacía 13 años. Eso es mucho tiempo.
-¿Sintió el mismo espíritu comunitario en Inglaterra o no fue un ambiente tan amigable?
-Inmediatamente enganché con gente del mismo palo. A los primeros que conocí en Inglaterra fue a la gente de Crass. No sabía demasiado de ellos. Los había visitado una vez, a los 16 años, y entonces ni siquiera hablaba inglés. Me quedé ahí sentada, calladita en el fondo. Ellos estaban mucho más radicalizados políticamente que nosotros. Tenían una antena enorme que les había construido un loquito de la electrónica y desde ahí hackeaban literalmente los discursos de Margaret Thatcher en la radio de la BBC. Generaban anarquía. Y mi manager, Derek Birkett, líder de One Little Indian y que todavía trabaja conmigo, estaba en una banda llamada Flux of Pink Indians. Su mayor éxito tenía un estribillo que decía: «¡A la mierda Thatcher, a la mierda Thatcher, a la mierda Thatcher!». Yo estaba en una banda llamada Kukl y tocamos en un manifestación de apoyo a los mineros en huelga. El vocalista de mi banda, Einar, que también era el cantante de Sugarcubes, era amigo de esos mineros. Y ahí estábamos, gritando, en el corazón de todo eso.
Es interesante recordar su paso por Inglaterra a la luz de estos hechos, porque Björk se hizo famosa en la década del 90 al mismo tiempo que el pop británico, un movimiento que parecía proponerse volver a acercarles a los niños de las escuelas de arte los placeres de la mayoría, como los pajaritos y los estribillos pegadizos cantados a coro con una cerveza en la mano. Era como una sitcom y menos vanguardista que el plato típico de una abuela. Ese machismo de borrachos se extendía de Norte a Sur, de Blur a Oasis. Y allí estaba Björk, llegada de mucho más al Norte que todos ellos, desde una tierra que nosotros, los pueblerinos británicos, imaginábamos parecida a la luna vista a medianoche. Hace poco, encontré en YouTube un video llamado Björk laughing (Björk riéndose), en el que un fan había pegado varias de sus apariciones en televisión. También es un poco desconcertante, porque está lleno de suspicaces conductores que no paran de decirle lo rara que es, y ella se ríe con los dientes apretados, como para mostrar que entiende los chistes que le hacen. Y así es ella.
Este año, Björk finalmente admitió que para una mujer, ser pionera de la música puede ser duro y humillante al mismo tiempo. "Quiero apoyar a las jóvenes veinteañeras que hacen música y decirles que no son puras imaginaciones de ellas, que efectivamente es todo muy difícil. Que a los tipos les alcanza con decir las cosas una vez, pero nosotras tenemos que repetirlas cinco veces. Después de 10 años de ser la única mujer en bandas de hombres, aprendí, por las malas, que si quería imponer mis ideas, tenía que lograr que pareciera que se les habían ocurrido a ellos, los hombres. Tenía que hacerme la tonta y simplemente hacer todo con cinco veces más ganas y energía, para que las cosas salieran."
Durante nuestra charla, sin embargo, quiere dejar bien en claro que ella viene de una tierra de igualdad de oportunidades. "Pertenezco a una generación de Islandia en la que no existe la misoginia, y creo que eso es algo de lo que no he hablado lo suficiente. Allá todos somos iguales. Tenemos problemas, como los salarios inferiores de las mujeres, pero apenas. Y tuvimos a la primera presidenta mujer y la primera primer ministro, y esas cosas no son coincidencia."
Björk atribuye el carácter igualitario de la sociedad islandesa a que el país recién se independizó de Dinamarca en 1944. Su padre nació en 1945, su madre en 1946, así que ella creció en una sociedad que debía definir cómo sería la nación. "En parte, estaban nuestros mitos y nuestra naturaleza, pero al mismo tiempo también queríamos ser modernos. No queremos ser sinónimo de sweaters de lana y sombreros de vikingo y icebergs en el medio de la nada."
-Ahora viven en una especie de utopía: superaron la crisis bancaria con el poder de la gente y está todo bien de nuevo, ¿no?
-Error. Cuando se habla de los bancos en Islandia, hay que saber que se está hablando concretamente de dos personas, y lo más probable es que uno estuviera emparentado con alguno de ellos. Así que cuando hicieron lo que hicieron, la gente decía: «Ah?, entonces fueron ellos». Es cierto, metimos presos a algunos políticos, y la gente manifestó frente al Parlamento con carteles y logró tumbar al gobierno, y eso estuvo bien. Pero después, el gobierno de izquierda tuvo que pasarse cuatro años arreglando el desastre, y así y todo muchos perdieron sus ahorros y sus casas. Después, el partido derechista de los Granjeros llegó al poder con la promesa de condonar todas las deudas, algo que por supuesto no pueden hacer. Son un gobierno de locos desquiciados, que están haciendo todo terriblemente mal. Están volviendo a la situación de antes de la caída de los bancos, pero cinco veces peor. Todos los cambios introducidos por la izquierda -y no estoy diciendo que yo sea de izquierda, porque de hecho, no me siento ni de izquierda ni de derecha-, pero en 5 minutos, volvieron todo para atrás y privatizaron todo. Así que espero que en Islandia haya otra revolución que los saque del poder.
-¿Cómo logra vivir en los Estados Unidos, si le importan tanto este tipo de cosas?
-Porque vivo en el último piso de un edificio muy alto, con vista al río. Es simple: paso mucho tiempo en la terraza.
Bio
Profesión: cantante
Edad: 49 años
Compositora, soprano muy singular y multiinstrumentista, Björk (Guðmundsdóttir, su apellido) es una suerte de embajadora de Islandia en el mundo artístico, aunque vive mayormente en los Estados Unidos. Vulnicura (2015) es su octavo álbum, sin contar discos en vivo y de remixes. Es para destacar su incursión en el cine, principalmente, con Bailarina en la oscuridad, de Lars von Trier.
Traducción de Jaime Arrambide
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