
Borda: la crisis vista desde un hospital neuropsiquiátrico
La eficacia de los grupos terapéuticos
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"Lloramos al nacer porque vemos este inmenso escenario de dementes"
William Shakespeare
"Y, uno la está peleando como puede -comenta Jorge, de 35 años bien curtidos y aspecto modesto-. A pesar de que estoy sin trabajo, hago un esfuerzo enorme por estar bien."
Su testimonio, escrito con la tinta familiar y recurrente de la crisis, acaso haya dejado de evocar -el hábito es el mejor anestésico- aquel sentimiento de condolencia que una vez originaron relatos análogos en el padecimiento ajeno. O en el propio.
Pero el contexto en que se expresa aquel hombre de hablar encogido no necesariamente sea reconocible por el lector.
Cada jueves, Jorge transforma su timidez en coraje al salir de su casa, en Vicente López, a las 7.30. Se dirige al hospital José T. Borda, donde asiste, puntual, a la cita que mantiene desde hace más de tres años con sus compañeros del grupo terapéutico que coordina Aníbal Goldchluk, médico psiquiatra y jefe del servicio de consultorios externos.
Con el propósito de documentar la situación actual del país desde este otro ángulo, LA NACION participó de aquel encuentro semanal, que forma parte de una práctica clínica difundida no sólo en la asistencia ambulatoria, sino también en el resto del hospital.
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"El grupo nos brinda contención emocional -destaca Marcelo (37), de Lanús Oeste-; al compartir experiencias, nos ayudamos mutuamente, nos sentimos acompañados y el mundo se hace menos solitario."
De anatomía abundante, atento y cortés, Marcelo lamenta la pérdida de clientela en el negocio que atiende con su padre, y manifiesta abiertamente su preocupación por "el capitalismo salvaje y la destrucción de la familia". Y añade: "Todo está privatizado y no hay trabajo, pero cuando te llegan las facturas, que vencen, tenés que pagar".
Asomada entre los dedos de su frágil mano, Lili lo espía en silencio. Seguirá así, callada, a lo largo de la reunión. De todas formas, Diego (33), Norma (39), Lorena (30), Adrián (29), y el resto, sabrán escucharla.
¿Qué los hermana tan profundamente a estos seres desbordantes de un afecto y una compasión casi en desuso? Al menos, dos realidades: todos, además de la carga de haber nacido en hogares de pocos recursos, y en la Argentina, tienen que lidiar con otro asunto que pretende marginarlos todavía más: sufren, o han sufrido, algún desorden psicológico, delicado en la mayoría de los casos. Incluso, algunos debieron ser internados, y hasta en más de una ocasión.
Como Néstor, de 50 años, cuyo padre era obrero de YPF. "Los de afuera ven el hospital como algo gracioso, pero no tienen ni idea de lo que dicen. El Borda es un hospital más, y no todos son tan graves o peligrosos como se suele creer", observa.
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Goldchluk no esconde su preocupación por la creciente incidencia de las enfermedades mentales, agravadas por la falta de trabajo y de posibilidades para un desarrollo humano integral. Según él, la repercusión psíquica del desempleo en las personas que consultan es atroz. Y explica cómo se refuerza el círculo vicioso del llamado modelo de la desesperanza adquirida: enfermedad, pobreza, desocupación, desaliento y más enfermedad.
"Cada vez existen menos esperanzas de que luchando se puede conseguir algo -dice Goldchluk-. Y de ahí la trascendencia de los grupos. El tema es que no damos abasto para atender a tanta gente; a veces hay una demora de un mes y medio hasta la primera entrevista."
A las personas que habitualmente concurrían a los consultorios externos del Borda ahora se les han sumado los desocupados, sin obra social; también, la clase media, empobrecida, y mucha gente del conurbano.
En la entrada al hospital unos cinco visitadores médicos conversan. Cualquiera de los fármacos que llevan en sus maletas es de precio inalcanzable para los que, paradójicamente, no tienen más remedio que tomarlas. De hecho, el costo mensual de los medicamentos oscila entre 300 y 400 pesos.
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"Debido a que éste es un hospital monovalente psiquiátrico, en general atendemos personas con problemas psiquiátricos severos. No obstante, una gran parte de la población se acerca por motivos más comunes, como angustia, ansiedad y conflictos laborales o familiares", explica Goldchluk. Y destaca que en los últimos años se ha observado un significativo aumento de consultas -tanto espontáneas como coercitivas (ordenada por los jueces)- por violencia familiar y drogadicción.
El sol unánime pega contra los azulejos anémicos de la sala y se refleja en el cuero negro y la hebilla colosal de los zapatos de Darío (27), que relata victorioso: "Cuando entrás en la droga está todo bien; el tema es cuando querés dejar: te sentís mal, alucinás, tenés fiebre y los volvés locos a tus viejos. Y si no hubiera sido por ellos, que me trajeron acá... Por suerte, ahora estoy de diez".
A él no le asustan las dos horas y media de viaje desde Pilar: "Todos los jueves me levanto temprano, me tomo unos mates y después piro para acá".
Hernán (26), que reservó su historia para el final, también ha ganado varias batallas.
Se lo ve contento. A pesar de que ayer tuvo que ir a la guardia por "esa sensación de perseguimiento". Con ganas. A pesar de que su viejo "era un borracho que me pegaba tan fuerte que me dejaba sangrando y lleno de moretones". Bien predispuesto, a pesar del destino.
Ya lleva más de 4 años sin consumir drogas ni alcohol, y está cursando el último año del secundario, que se dicta en el segundo piso del Borda.
"Y otra cosa buena que me está pasando -dice Hernán, más con su mirada azul que con las palabras- es que hoy, no sé por qué, puedo mirar a los ojos."
Cómo funciona la atención externa
- El grupo terapéutico es una práctica ampliamente clínica, difundida no sólo en los consultorios externos del Borda, sino también en el resto del hospital, como las asambleas de convivencia en salas de internación y los grupos multifamiliares, a cargo del doctor Jorge García Badaraco.
- Más del 60% de la gente que asiste a los consultorios externos proviene del conurbano (donde viven entre 7 y 8 millones de personas, y los servicios de salud mental disponibles son muy escasos y no dan abasto para atender las demandas de toda esa población). El resto pertenece a la Capital Federal.
- Los consultorios externos del Borda son mixtos, al igual que los del hospital Moyano. Se atiende a hombres y mujeres mayores de 18 años; los menores son tratados en el hospital Carolina Tobar García.
- Los consultorios externos están abiertos de lunes a viernes, de 8 a 18. La atención es gratuita.
- De las 3000 asistencias mensuales del hospital, algo más de un 60% de las consultas recibe medicación y el resto, del 35% al 40%, son pacientes en psicoterapias sin medicación.
- La incidencia de reinternación es muy baja: entre doce y quince reinternaciones por año. Esto se debe a que se ofrece un tratamiento ambulatorio, con los controles de la medicación correspondientes, a lo largo del tiempo.
- Cuando se prescribe una psicoterapia, la persona recibe inicialmente un tratamiento de 16 sesiones que pueden ser renovadas, en el caso de que sea necesario.
- Las personas en tratamiento psiquiátrico que reciben medicación -la mayor parte de ellas- deben realizar controles periódicos, en forma ilimitada.



