
Buscan aclarar el crimen de Parque Rivadavia
Los investigadores de la muerte del joven que pertenecía a un grupo skinhead esperan que reconozcan a los agresores
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El juez Gustavo Karam, a cargo de la causa por la muerte del joven Marcelo Scalera a raíz de los golpes recibidos durante un enfrentamiento entre skinheads y anarquistas en abril del año último, pidió la publicación de las fotografías de un video grabado en aquella ocasión con el fin de que alguien pueda reconocer a los agresores.
El 28 de abril último skinheads (cabezas rapadas) y anarquistas punks protagonizaron una riña durante un recital realizado en el Parque Rivadavia, en Caballito, que concluyó con la muerte de Scalera, de 20 años, hecho que continúa impune debido a que los responsables no han podido ser identificados.
Jóvenes de ideología contrapuesta que trasladan sus diferencias al campo de la agresión y los insultos, a los skinheads y anarquistas los caracteriza la intolerancia, la violencia y una profunda falta de diálogo.
A los primeros se los identifica con la ideología neonacista o nacionalista revolucionaria, acompañada por una concepción racista de la vida: la raza blanca es la forjadora del mundo y no debe mezclarse con las otras.
Aunque resulte paradójico y hasta absurdo, esta agrupación, que cuenta con miles de miembros en todo el mundo, ha llegado a formar tantas variantes que una de ellas se manifiesta en contra de la discriminación.
Sin embargo, estos rapados casi no cuentan con seguidores en nuestro país. En Capital Federal, el punto de reunión de los skinheads es el parque Rivadavia, donde poseen un puesto de venta de libros.
Los rapados trasladan su ideología al campo de la política, donde no se identifican con ningún partido tradicional. En la Argentina, algunos se unieron al Movimiento Nacionalista Social, ahora desaparecido, de Federico Rivanera Carlés. Otros pasaron fugazmente por la agrupaciones Alerta Nacional y el Partido Nacionalista de los Trabajadores.
Actualmente intentan transformar al Movimiento Nuevo Orden, al que pertenecía Marcelo Scalera, en una agrupación política.
Por su parte, la consigna de los anarquistas o libertarios resume claramente su pensamiento: "Ni Dios, ni patria, ni pueblo", gritan a viva voz, convencidos de que la autogestión del hombre salvará a la raza humana de la represión del estado burgués y los ánimos capitalistas.
Estos jóvenes se encuentran en la Plaza de los Dos Congresos y sus alrededores, donde venden e intercambian fanzines que describen y explican sus ideas.
Intimamente unidos a ellos, aunque no comulguen por completo con su ideología, pero sí compartan su aversión por los rapados, las agrupaciones de izquierda no dudan en elegirlos a la hora de apoyar a uno de los dos bandos.
La muerte de Scalera
El enfrentamiento entre skinheads y anarquistas punks tomó estado nacional cuando en abril último se desató una violenta riña entre ellos durante un recital organizado por la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi) en el Parque Rivadavia, en Caballito.
En aquella oportunidad, miembros de la agrupación anarquista Lomos Negros y skinheads del Movimiento Nuevo Orden desataron una batalla campal en la que decenas de personas resultaron heridas, entre los que se encontraba Marcelo Scalera, que pertenecía al segundo bando y falleció luego de permanecer diez días en estado de coma.
Dada la repercusión de los incidentes, la cúpula de movimiento nacionalista dio la orden de "estar guardados" por un tiempo, aunque la herida que produjo la muerte de Scalera no cicatrizó fácilmente.
La segunda vuelta
Casi como si fuera la reedición del macabro encuentro, y exactamente 6 meses después, el 28 de octubre del mismo año un nuevo enfrentamiento reavivaría los ánimos de los rapados y anarquistas en otro recital de corte netamente político realizado en la Plaza de Mayo.
Organizado por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en reclamo por la liberación de presos políticos, skinheads, anarquistas y miembros de agrupaciones de izquierda como el Movimiento Todos Por la Patria y Quebracho formaron parte de una violenta gresca que concluyó en graves actos de vandalismo.
Mientras los organizadores denunciaron excesos por parte del personal policial, muchos comerciantes se ubicaron en el extremo opuesto cuestionando la lentitud de los efectivos.
Más de una docena de personas resultaron heridas, entre ellos dos apuñalados, 18 detenidas y las vidrieras de varios negocios destrozadas como resultado del odio entre distintas bandas que no pueden mantener sus diferencias en el ámbito ideológico.


