
Capilla del Monte: imán espiritual en vísperas del cambio maya
A los pies del Uritorco, este pueblo cordobés es una meca para los seguidores de las más diversas creencias alternativas
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CAPILLA DEL MONTE, Córdoba.– "Respete la convivencia y nuestra diversidad", reza un cartel, colgado de un quebracho, camino al cerro Uritorco, imán místico de este pueblo "nuevo" y centro de peregrinaje en la víspera del cambio de era maya. Pero no hacen falta esos guiños cívicos para entender que en esta comunidad "politeísta" la heterogeneidad de creencias y prácticas es ley. Nada se impone. Todo se respeta. En pocos kilómetros, conviven en armonía las vertientes holísticas, esotéricas y fenomenológicas con el fervor católico por el patrono del pueblo: San Antonio de Padua. Es esa singular apertura la que convierte a Capilla del Monte en "la meca de la espiritualidad" de la Argentina.
También en un gran imán para personas inquietas de todas partes, que en ocho años triplicaron su población (hoy de más de 15.000 habitantes) y abrieron tiendas naturistas, restaurantes vegetarianos y huertas orgánicas. Además, construcciones de permacultura, como cuidado a la tierra.
Aquí sólo están vedados el escepticismo y la racionalidad cartesiana. Esas "doctrinas" fueron reemplazadas por un consenso popular de términos medios. Aquel que advierte: "Ni creo ni dejo de creer, pero estoy abierto a escuchar".
Basta mezclarse con los pobladores en sus tertulias para advertir, sin embargo, que "orejas" son lo que falta, ya que aquí muchos son maestros y gurúes con mensajes para impartir. En ese escenario, las profecías mayas, "con su anunciado fin de un ciclo astronómico, el inicio de un cambio de conciencia para la humanidad, donde la dualidad del bien y el mal es reemplazada por un período de unicidad, con prevalencia de luz" –según afirman los entendidos–, han encontrado el timing perfecto para propagar otros saberes. Poco importa cuál. Ninguno prevalece sobre otro. Si hace bien, si sirve para que el hombre se encuentre a sí mismo, es legitimado como alimento espiritual. Pero, en rigor, las profecías mayas sirven también como ultimátum: "Lo que viene es un cambio de conciencia para mejor. El que no cambia y se supera pierde el tren", repiten los locales.
Clara Christophersen, una psicóloga porteña, dueña de un coqueto hotel boutique con vista privilegiada, Terrazas del Uritorco, acuñó el término "ego espiritual" para describir la realidad de Capilla.
"Acá son muchos los que quieren difundir su mensaje de elevación y ser admirados por su saber", dice, respecto de una amalgama de disciplinas con nombres rarísimos que van desde "Registros Akáshicos", "Usui Karuna" y "Activación de memoria celular". A ellos se suman los de orden fenomenológico, que exploran la cuarta y la quinta dimensión de seres superiores. Porque aquí –hay que decirlo– no son pocos los que ven luces y fulgores proyectarse en las noches sobre el cerro. Incluso abundan los registros fotográficos de esos resplandores. "Pero esos fenómenos son entendidos no como una amenaza extraterrestre sino como una búsqueda espiritual más amplia", según apunta Fernando Seta, un operador turístico porteño que una vez instalado aquí afirma que logró encontrarse consigo mismo. "Éste es un lugar especial", explica.
Erks, por ejemplo, es el nombre de la ciudad intraterrena, en cuya existencia, en el corazón del Uritorco, muchos locales creen. Hay observatorios de ufología, que se dedican a "estudiar las naves nodrizas que orbitan sobre la tierra, esperando el momento justo para poder salvar a sus elegidos", según cuentan.

Pero nada de eso impide que cada vez sean más los porteños y extranjeros exiliados en estos pagos. Muchos lo atribuyen a la energía que irradia el Uritorco, por su alta concentración de cuarzo, capaz de potenciar lo bueno y lo malo que uno trae. Por eso, afirman, el cerro actúa como un "acelerador kármico: los cambios en la gente se suceden más rápido", apunta el baqueano Jorge Castillo, responsable de la venta de yuyos naturales en los cerros Ovando y Gemelas.
"La gente viene acá a buscarse y a aprender otra forma de vida. Y los pobladores son los más fieles custodios del alma del lugar", cuenta el diseñador gráfico Gustavo Cairo, de 42 años. Su caso es emblemático. En Julio llegó "envenenado" de Buenos Aires por una semana y ya no se fue más. "Acá encontré mi centro. Me pasaron un montón de cosas. Y sentí que éste era el lugar energético donde debía quedarme", contó a LA NACION. En su trabajo, una consultora en tecnología, aceptaron su propuesta de seguir trabajando vía mail y Skype y hoy asegura que el cambio le sumó calidad de vida.
"No sé lo que es, pero este lugar tiene algo", afirma la canadiense Lorinda Edmands, de 47 años, quien, al igual que Cairo, dejó su trabajo como asesora legal en Vancouver para instalarse aquí. "Fui al río Calabalumba en el Uritorco y me sentí por primera vez muy centrada –contó–. Desde chica cargué con una tristeza que no es propiamente mía, sino de otro, y aquí se me fue."
Tras pasar por un quíntuple bypass, el rosarino Jorge Olivetto le dejó su fábrica de soda a su hermano. Ahora vive de rentas, se compró un cuatriciclo y se asume como "un millonario por la calidad de vida" que lleva. "Elegí vivir el momento, no correr, disfrutar de la naturaleza y de su lluvia de estrellas. En Capilla hay buena vibra y eso lo sabemos muy bien todos los que elegimos vivir otra vida acá", se jacta.
Si se confirman los rumores que circulan por aquí, mañana podría arribar al pueblo Madonna, quien se encuentra en Córdoba. Según dicen, se alojaría en el exclusivo barrio cerrado 44. Por ahora es un rumor, pero aquí el escepticismo no tiene lugar.
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