
Chiara Lubich habló ante 8000 focolares
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"Estoy contentísima de estar en medio de vosotros", dijo ayer, emocionada, la fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, al entrar en el Luna Park, donde había más de 8000 de sus seguidores. Pañuelos blancos se agitaban en las plateas y tribunas, mientras unos globos elevaban letras que componían la palabra "Gracias".
"Tu pueblo desborda de Pascua de alegría", decía un cartel. Y la muchedumbre estaba compuesta de caras alegres, que siguieron atentas cada palabra de quien, en 1943, fundó en Trento, Italia, un movimiento que hoy está extendido por todo el mundo, con más de cuatro millones de adherentes.
"Ustedes son un pueblo, como el Líbano, como Suiza", contó Chiara Lubich que le ha dicho el Papa, elogiando a quienes siguen ese camino de espiritualidad marcado por el amor a Dios y la búsqueda de un mundo unido.
La reunión comenzó con bailes típicos de distintas regiones de la Argentina y del Perú, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay, países de los que había nutridas delegaciones. Luego, un coro de casi cien voces cantó "La Cumparsita".
En un clima de singular intimidad, a pesar de los miles de asistentes, varias personas hicieron muchas preguntas a Chiara Lubich, que ésta respondió de primera intención, sin titubear. Algunas fueron muy directas:
-¿Has tenido una duda de fe?
-No. No he tenido tiempo.
-¿Te turba la idea de la muerte?
-Si la pienso como un encuentro con Dios, no.
-¿Cómo ves la eternidad?
-Con mucha esperanza, pero espero la misericordia de Dios.
Un muchacho le planteó su dilema sobre si entregarse a Dios siendo virgen o casarse. Lo tranquilizó: "No tenemos tiempo para preocupaciones, sino para amar a Dios. Quien ama, ve; tarde o temprano descubrirás tu vocación".
Contó anécdotas del trato de sacerdotes de su movimiento con jóvenes ateos en Bolonia o de cómo un budista descubrió a Jesucristo Crucificado, por el amor con que fue tratado en la Mariápolis de Lopiano, una ciudadela de los focolares en Italia. Una uruguaya lamentó la indiferencia religiosa en su país. "El camino es amar -le contestó Lubich-. Amen y los hombres se convertirán, aun los más alejados."
Exhortó a amar a todos, en 360 grados. Y señaló que en Buenos Aires vislumbró cómo se puede unir la familia humana. Vinculó la unidad con el carisma de la Virgen María, que reconoce en cada uno a Jesús abandonado y lo ama.
Concluida la charla, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, ofició una misa en el estadio.
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