
Cien mil fieles llegaron en busca de la bendición del padre Ignacio
Los feligreses se reunieron para pedir turno con el sacerdote carismático
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ROSARIO.- Unas cien mil personas se congregaron durante este fin de semana en las cercanías de la parroquia Natividad del Señor con el fin de pedir turnos para recibir durante el año la bendición del padre Ignacio Pires, un sacerdote carismático al que los fieles le atribuyen poderes sanadores.
Tanto interés despertó la convocatoria, que se resolvió adelantar unas horas la entrega de turnos, con objeto de descongestionar la entrada del templo, donde anteayer se habían reunido unas 20.000 personas que esperaban en una larga fila que serpenteaba por las calles del barrio.
La gente comenzó a llegar a la misión, situada en el corazón del barrio Rucci, a última hora del viernes. La mayoría llegó en grupos, cargando reposeras, que desplegaron con el fin de descansar durante la extenuante jornada que les aguardaba antes de conseguir los turnos.
"La gente llega con fe en busca de la gracia de Dios y cansada de que le vacíen los bolsillos", afirmó el cura párroco en un intento por explicar el fenómeno que se suscita en torno de él. Yamplió su análisis:"Cuando el ser humano no encuentra la respuesta que busca por la vía normal, se acerca a Dios".
Unos mil voluntarios se encargaron de brindar asistencia sanitaria a los concurrentes. Su labor ayudó a mantener el orden y, al mismo tiempo, a mitigar la espera. Debido al intenso calor que golpeó durante el día, también se ocuparon de repartir botellas de agua mineral entre los fieles.
Un día muy especial
Pese a que se prohibió la instalación de puestos en la manzana donde se emplaza la iglesia, el resto del barrio fue invadido por una legión de vendedores ambulantes, que ofrecían desde imágenes religiosas, medallitas y crucifijos, hasta choripanes y bidones de agua.
La mayoría se quejó de que se hubiese limitado el radio de acción. "No tienen derecho a impedirnos ganar un pesito, una vez que se puede", disparó Marcelina Fríes, con el ceño fruncido, mientras cargaba una canasta con pastelitos. "Así no nos salvamos con el padre Ignacio", remató.
Un operativo conjunto de la policía y de la municipalidad interrumpió el tránsito en las calles adyacentes a la parroquia y distribuyó puestos de control en lugares estratégicos del barrio, con objeto de evitar que los amigos de lo ajeno aprovecharan la aglomeración para cometer actos de pillaje.
En los sitios donde se estimaba que estaría la mayor aglomeración se instalaron puestos sanitarios -cinco en total-, que, atendidos por médicos del servicio de urgencias municipal y por brigadistas de la Cruz Roja, trabajaron con intensidad.
"Nuestra labor fue, más que nada, preventiva", explicó el coordinador del operativo, Marcos Escajadilo, que agregó:"Tal como usualmente sucede con las grandes aglomeraciones, lo que más se atendieron fueron casos de lipotimias causadas por el calor y el amontonamiento".
Un fenómeno de fe
El fervor religioso que se vive en torno del padre Ignacio sorprende hasta al propio sacerdote. "La gente viene con una gran fe para buscar la gracia de Dios, ya sea porque padece de problemas sentimentales, de salud o de trabajo. Por eso esperan tantas horas para recibir una bendición o para sacar un número", explicó.
"Lo que pasa -continuó- es que en muchos lugares la gente se siente engañada, en todos lados tiene que pagar dinero. Ellos saben que aquí no se les pide plata y no explotamos al que viene. Todo esto les da tranquilidad y paz, y puede ser que éste sea el motivo de que vengan."
"La gente ya está quemada con los que les terminan vaciando los bolsillos, pero así y todo no pierde la fe", comentó, sin cambiar de tono. Y enfatizó:"La fe no es algo que doy yo; la gente viene con ella, yo sólo la despierto un poco más".
Para pedir turno y recibir la bendición de Ignacio llegaron fieles de distintos puntos de la Argentina y de países vecinos, como Uruguay y Paraguay. La gente soportó el agobiante calor sin quejas, cubriendo su cabeza con sombreros, pañuelos, diarios y revistas, y refrescándose de tanto en tanto con el agua que repartían los voluntarios.
"Vengo todos los años y no me importa cuánto tenga que esperar para recibir la bendición del padre Ignacio", confesó Mariana Bongisnore, de 52 años. "El te alienta a seguir viniendo, con sólo tocarte la cabeza te da una paz interior que es imposible de explicar", aseguró.
El testimonio, más allá de las historias sobre las curaciones milagrosas del padre Ignacio, resume el espíritu que anima a la gente que llegó hasta la parroquia en busca de una esperanza que, hoy por hoy, nada más allá de la fe parece poder darles.
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