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WASHINGTON.– Después del agua, el té es la bebida más popular del mundo, consumida por casi dos tercios de las personas en todo el planeta. Debido a esto, los científicos pasaron décadas realizando cientos de estudios sobre sus posibles beneficios para la salud.
Descubrieron que los compuestos del té pueden proteger los vasos sanguíneos, reducir la inflamación, ayudar a la relajación y potencialmente mejorar el microbioma intestinal. En un análisis publicado en la revista Life Sciences, los investigadores describieron al té como “un regalo de la naturaleza para promover la salud humana”.
Esto se debe en gran medida a que una taza promedio de té contiene muchos antioxidantes, polifenoles y otros compuestos vegetales beneficiosos, al igual que el café, el cacao, las frutas y las verduras, señaló Jenifer Bowman, dietista cardíaca en UCHealth en Fort Collins, Colorado.
Aunque los tés verde, negro, blanco y oolong parecen muy diferentes, todos provienen de la misma planta: Camellia sinensis. Lo que determina sus sabores y apariencia distintivos es cómo se añejan y procesan las hojas de té. Luego están las infusiones de hierbas, como la manzanilla, la menta, el hibisco y el jengibre. Estas se elaboran preparando especias, hierbas y flores. Las infusiones de hierbas tienen niveles variables de polifenoles y normalmente no contienen cafeína.

Gran parte de la investigación sobre los beneficios del té para la salud se centró en el té negro y el verde, que son las variedades más consumidas en el mundo. Pero la ciencia descubrió que las infusiones de hierbas también pueden mejorar la salud de diversas maneras.
Esto es lo que más hay que saber.
Uno de los hallazgos científicos más consistentes sobre el consumo de té es que los bebedores tienden a vivir un poco más que las personas que no lo beben.
En un gran estudio publicado en Annals of Internal Medicine en 2023, los investigadores compararon a los consumidores de té con los no consumidores en el Reino Unido. Siguieron a cerca de medio millón de adultos de entre 40 y 69 años durante más de una década, observando sus dietas, ingesta de bebidas, hábitos de vida y de salud general, y condiciones médicas.
Alrededor del 90% de los bebedores de té en el estudio bebían principalmente té negro, mientras que alrededor del 7% dijo que bebía té verde. Los investigadores encontraron que los bebedores de té tenían menos probabilidades de morir durante el período del estudio en comparación con los no bebedores. Las personas que bebían de dos a tres tazas al día parecían beneficiarse más: tuvieron una reducción del 13% en la mortalidad en comparación con las personas que rara vez o nunca bebían té. Los hallazgos fueron esencialmente los mismos independientemente de si las personas también bebían café o no.
Se observaron resultados similares en muchos estudios grandes, incluido un riguroso metaanálisis que involucró a cerca de 2 millones de adultos en América del Norte, Europa, Asia y Australia.
La investigación mostró solo una correlación, no una relación de causa y efecto. Aunque los científicos tuvieron en cuenta factores como el consumo de alcohol, los niveles de actividad física, el tabaquismo y el índice de masa corporal, es posible que otros factores desempeñaran un papel.
Muchos estudios encontraron también que beber té protege y relaja los vasos sanguíneos, lo que puede mejorar la salud cardiovascular.
En un estudio en la revista Circulation, los científicos querían ver cómo el té negro afectaría la salud vascular, por lo que reclutaron a 66 adultos con enfermedad de las arterias coronarias y les asignaron beber aproximadamente tres tazas de té negro todos los días durante cuatro semanas. En una fase separada del ensayo, se asignó a los participantes a beber solo agua cada día en lugar de té.
Los investigadores encontraron que beber té negro mejoraba la función vascular, y que las mejoras parecían ser impulsadas por niveles aumentados de polifenoles en la sangre de los participantes.

Múltiples ensayos clínicos también encontraron que tanto el té negro como el té verde pueden reducir ligeramente la presión arterial cuando se consumen a diario durante semanas o meses a la vez.
Beber té no va a prevenir la diabetes tipo 2, pero puede mejorar varios aspectos de la salud metabólica. Pequeños ensayos clínicos hallaron que beber té negro puede ayudar a reducir los picos de azúcar en sangre después de una comida.
Los científicos descubrieron que el consumo de té también tiene efectos beneficiosos sobre la inflamación y el sistema inmunológico.
En un ensayo clínico, los científicos reclutaron a personas con diabetes tipo 2 y les asignaron beber tres tazas de té negro todos los días durante tres meses o tres tazas de agua caliente simple. Cuando las personas bebían té negro, tenían aumentos en un tipo especial de célula inmunitaria que suprime la inflamación, conocida como células T reguladoras. Muchos de los participantes también tuvieron reducciones en sus niveles de proteína C reactiva, una molécula que aumenta cuando el cuerpo tiene una infección, una lesión o está experimentando mucha inflamación.
El té negro y el verde son fuentes ricas en polifenoles. Estos compuestos vegetales, que se encuentran en muchas frutas y verduras, actúan como fertilizante para el intestino, estimulando el crecimiento de bacterias beneficiosas, dijo Chris Damman, experto en microbioma y gastroenterólogo en el centro de salud digestiva del Centro Médico de la Universidad de Washington.

Los estudios han encontrado, por ejemplo, que beber té negro puede aumentar la abundancia de bacterias en el intestino que producen ácidos grasos de cadena corta, que son compuestos especiales que protegen el colon, reducen la inflamación y estimulan la liberación de la hormona GLP-1 que suprime el apetito.
Si necesitamos concentrarnos y hacer algún trabajo, una taza de té o de café pueden ayudarnos. Eso es porque ambos contienen cafeína, que aumenta su estado de alerta y capacidad de atención. Pero para muchas personas, el té puede ser la mejor opción porque es menos probable que arruine su sueño.
En un estudio, los científicos reclutaron a 30 adultos sanos y observaron qué sucedía cuando les indicaban beber cuatro tazas de café al día o cuatro tazas de té negro. Los investigadores hallaron que tanto el café como el té producían mejoras similares en el estado de alerta y el rendimiento cognitivo. Pero las personas experimentaron menos interrupciones del sueño por la noche cuando consumían té a diario en comparación con cuando bebían café.
La ciencia también constató que beber té promueve la relajación. Una revisión científica publicada en 2017 analizó décadas de investigación sobre los efectos cognitivos de beber té verde: concluyó que reduce la ansiedad y ayuda a la memoria y la atención.
Los científicos creen que esto se debe en parte a que el té negro, blanco y verde contienen l-teanina, un aminoácido que demostró ayudar a aliviar el estrés y mejorar el estado de ánimo.




