Cómo el corralito afecta a la pareja
Según especialistas familiares, lo mejor es tratar de adaptarse a la situación Algunos postergan proyectos de casamiento; otros no pueden divorciarse por falta de dinero Las fantasías de vivir afuera; un escapismo Consejos para afrontar la tormenta
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José, 43 años, padre de tres hijos, acaba de perder su empleo en una multinacional. Confiesa que está angustiado, que siente inseguridad frente al futuro y que la pérdida del trabajo tocó su orgullo y autoestima.
"Lo que más importante en este momento es que mi estado no repercuta tanto en mi familia", dice.
Su mujer confiesa que, desde el año último, cuando a José le redujeron notablemente el sueldo, comenzaron a surgir entre ellos peleas "horribles" por la plata. "No me quiero imaginar ahora que lo echaron. Desde que comenzaron las complicaciones económicas él empezó a controlar cada uno de mis gastos y surgieron discusiones fuertes por los gastos", comenta María.
Con la crisis, terapeutas familiares afirman que la relación varón-mujer es una de las que más está sufriendo las consecuencias de la tensión, la bronca y el desaliento.
"Se manifiesta de diversas maneras. Parejas jóvenes que deben postergar sus casamientos; parejas mayores que no pueden divorciarse porque no tienen dinero para solventar dos viviendas, desvalorización del varón que perdió su empleo", explica la psicóloga Sol Lanús.
Ni qué decir de la violencia verbal, los reproches entre el hombre y la mujer ante tanta frustración o los cambios de roles que producen necesarios reajustes. Además, muchos no pueden pedir asistencia. "Las parejas no consultan más justamente porque no tienen dinero", reconoce la licenciada en Psicología María Rosa Glasserman, titular de la Fundación Centro de Familias y Parejas (Cefyp).
Lo más difícil para la pareja es la caída de los planes. "Creo que en los momentos de crisis hay que revisar todo. Ya que una de las cosas que ocurren es que se rompen los proyectos, se rompen ilusiones", comenta Glasserman. "Pero una manera de mantenerse bien es no renunciar a proyectos individuales o colectivos", agrega.
¿Me caso o no me caso?
El caso de Claudia Barrasa, una visitadora médica de 28 años que tiene todas las intenciones de casarse el 23 del actual con su novio de hace 12 años, Pablo Cabello, ilustra bien las dificultades por las que atraviesan las parejas a la hora de planear. "Con el corralito, armamos y desarmamos tantas veces el casamiento que ya perdí un poco la ilusión", confiesa exhausta, tirada en la cama con los ojos fijos en la pantalla de televisión, obsesiva con las noticias.
A Glasserman no le gusta generalizar. "Hay que pensar en la singularidad de las parejas y los acuerdos que estén establecidos que pueden ser modificados después de un diálogo reflexivo", asegura. Y aconseja que se cuiden y protejan los núcleos afectivos, los espacios para el sexo, para el encuentro, para compartir recreaciones con los hijos, y también que no se pierda la capacidad de reflexionar sobre la crisis.
"Aconsejaría mantener los proyectos, aunque haya que cambiarlos. Por ejemplo, si pensaban en salir de vacaciones, hacerlo pero a un sitio más económico", explica.
Otro fenómeno muy común en estos días, según la psicóloga María Teresa Nieto, encargada de las consultas de pareja en la Fundación Aiglé, es el surgimiento de las fantasías. "La gente fantasea con otra vida mejor en otro lugar, con otra persona, como un escapismo", sostiene.
El psicólogo especializado en familia Eduardo Figueroa constata que estas crisis disparan actitudes negativas, pero también positivas.
"El efecto común son los reproches, como "no gastes tanto"", o descalificaciones como "sos un inútil" (en el caso del desempleo). Pero también aparecen actitudes positivas. Ante la agresión externa, la pareja deposita afuera el problema y se une para resguardar el núcleo de la relación", comenta. "Lo mismo que ocurre cuando un país está en guerra; repentinamente, las diferencias entre los ciudadanos desaparecen para enfrentar el peligro", dice.
Ante la crisis, Figueroa constata, en su consultorio, tres configuraciones de relación posibles. La primera, -la más funcional a su juicio-, es la de la pareja que asume roles complementarios. "Uno está mal y el otro logra distanciarse un poco, no demasiado, como para ayudarlo", señala.
Luego, observa aquella relación en la cual las partes asumen roles muy opuestos. Y la tercera, cuando ambos funcionan con roles idénticos, "demasiado pegoteados", comenta. Los consejos que se anima a esbozar son: cuidar las funciones básicas (comer y dormir bien) y saber escucharse.
El sacerdote católico Rafael Braun, que acompaña a matrimonios desde hace varios años, se anima a esbozar algunos consejos: no recriminarse, no pasar facturas y sentir que la pareja está en un bote en medio del mar y que necesita salvarse.
"Casarse es enfrentar juntos la vida. Y la prueba del matrimonio se da en la adversidad y la enfermedad y no sólo en la prosperidad y la salud, como bien prometen los novios en el consentimiento matrimonial", concluye.
Qué hacer
Manifestación: la crisis afecta a parejas jóvenes que no pueden casarse; otros que no se divorcian al no poder solventar dos viviendas. Aumenta la violencia verbal; hay más insultos; y desvalorización del varón que no tiene empleo.
Consejos: los especialistas recomiendan cuidar los espacios para el diálogo, el sexo y el esparcimiento. Aconsejan mantener proyectos (por ejemplo, vacaciones), aunque implique cambiarlos por algunos más económicos. Insisten en que se asuma la crisis, que puede ser individual, como un problema que hay que enfrentar de a dos.
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