
Compró campos por US$ 76 millones
Las estancias que el empresario adquirió en los últimos meses en Entre Ríos suman unas 70.000 hectáreas.
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GUALEGUAYCHU, Entre Ríos.- En San Ignacio, la estancia que eligió para quitarse la vida, Alfredo Yabrán era vecino de sí mismo. El establecimiento rural, de unas 3000 hectáreas, mediano para la zona, está rodeado de pequeñas parcelas,que pertenecen a pequeños agricultores y colonos. La mayoría de estos campos están arrendados.
Luego, comienzan otras estancias, la mayoría de Yabrán. Algunas llegan hasta la costa del río Uruguay.
El valor total de las tierras del empresario, unas 70.000 hectáreas, de acuerdo con lo que estimaron fuentes locales, es de unos 76 millones de dólares.
La suma de hectáreas es equivalente a dos veces y un tercio la superficie que ocupa la ciudad de Buenos Aires o casi dos veces el principado de Andorra. Este es el imperio que dejó Alfredo Yabrán en la provincia.
El rendimiento de la explotación, en promedio, de acuerdo con ingenieros agrónomos de la zona, es del cuatro por ciento del valor de la tierra al año.
Se trata de una inversión segura, a muy largo plazo y con una ganancia no muy alta. Los campos pertenecen a la firma Yabito, administrada por su hermano José, a quien todos conocen como Toto.
A doce días de que su dueño decidió quitarse la vida, San Ignacio, el escenario del suicidio, volvió a la actividad.
Los puesteros trabajan con los animales, y la casa principal, el casco más bonito de todos los establecimientos de Yabrán en la zona, está habitada, de acuerdo con lo que pudo observar La Nación al sobrevolar la zona.
Alrededor hay sólo campos sembrados y tierras de pastoreo. A unos kilómetros al Norte están las tierras que, según los lugareños, alguna vez pertenecieron al ex secretario privado del presidente Carlos Menem Miguel Angel Vicco.
Unos kilómetros hacia el Este, entre un monte, se adivina el casco de otro de los campos de Yabrán en la zona: La María Luisa. No es muy grande, pero cuenta con pista de aterrizaje, como la mayoría de sus campos en la zona. El casco colonial, pintado de blanco, está rodeado de media docena de galpones y chalets, donde funciona el tambo y viven los peones y encargados. Está junto al casco de la estancia Medalla Milagrosa, con un gran coto privado de caza, que la leyenda local cuenta entre los visitados por el presidente Menem.
En dirección a la costa del río Uruguay, se llega a La Selmira. Su casco es un edificio moderno con una almena en la parte superior.
A cuatrocientos metros de altura se hace evidente la cercanía entre el casco y la República Oriental del Uruguay. Yabrán no huyó porque no quiso, teniendo tan cerca esta vía de escape, es la primera conclusión que se saca desde el aire.
Los campos, donde las camionetas circulan llevando forraje para los animales, terminan en un monte cerrado, que da a la costa del río, muy crecido por las inundaciones. Este monte es un coto de caza, donde, desde el aire, se pueden ver ciervos entre los árboles.
La última compra
Esta estancia, que perteneció a una compañía inglesa, está entre las últimas adquisiciones de Yabrán. Tiene una cancha de tenis y, como el resto de los cascos, una pileta de natación. Delante de la construcción se destacan dos abandonados galpones de esquila, donde se puede leer todavía el nombre de la estancia pintado en el techo de chapa roja.
Muy cerca, tranquera por medio con otros pequeños propietarios, está otra de sus últimas compras: la estancia El Potrero.
Este gran establecimiento rural se destaca entre los demás por sus extensas plantaciones de pinos, que en forma de montes se esparcen como pinceladas verde oscuro entre los claros campos verde claro sembrados de avena.
En una época fue la plantación más grande de Sudamérica. Los aserraderos de Gualeguaychú estaban preocupados luego de su compra, pues temían que Yabrán no les vendiera su materia prima, pero eso no se produjo y continúan con su explotación.
El casco es el más viejo y el techo de chapa oxidada contrasta con el cuidado puesto en San Ignacio.
Yabrán se la compró a los descendientes del conde de Duin, un noble francés, quien se casó con una joven de la familia Unzué, los originales propietarios de esos campos. Cerca de este campo está Las Margaritas, una de las estancias del vecino más famoso de Yabrán: el titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado, Hugo Anzorreguy.
"Compraba tierra porque es lo único que no se puede fabricar y es lo que la hace tan atractiva", dijo con filosofía esencial un profesional de la zona. Este era el tesoro de Yabrán en los alrededores del lugar donde decidió quitarse la vida.
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