
Condenan a prisión perpetua a los hermanos Da Bouza
Los jueces entendieron que hubo alevosía y no consideraron los atenuantes
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Ellos mismos necesitaban un castigo para superar su culpa, pero la dureza del fallo los sorprendió y derrumbó a ambos. Santiago Da Bouza, de 25 años, y su hermano Emanuel, de 26, fueron condenados a prisión perpetua por haber asesinado a su padre, el ex ejecutivo de Techint Ramón Da Bouza, el 28 de marzo de 1998, después de cenar.
Al escuchar la sentencia, Santiago se desplomó, tapándose la cara, sobre las rodillas de su abogado, el defensor oficial Julián Langevín. Emanuel, a su lado, trató de mantener el rostro sereno, se abrazó con su abogada Patricia Croitoru, mientras le decía al oído: "No me esperaba esto".
Atrás, se escuchaban los sollozos de la madre de ambos, en un rincón, y el llanto convulsionado de Florencia, la novia del menor. "¿Por qué?", gritaba, mientras apretujaba una estampita de Nuestra Señora de Guadalupe y un rosario de madera.
Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 20, Cecilio Alfredo Pagano, Luis Niño y Hernán San Martín, por unanimidad, sentenciaron a los Da Bouza a prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por el vínculo y por haber sido cometido con alevosía.
Esto implica que con 20 años de cárcel cumplidos podrán pedir la libertad condicional. Aunque con la aplicación de la ley del "dos por uno", pueden acceder al beneficio de la libertad asistida en unos 12 años y medio. Todo esto, de no prosperar las apelaciones que ya adelantaron que presentarán las defensas.
La pena impuesta es la que había pedido el fiscal Marcelo Saint Jean. El artículo 80 del Código Penal prevé sólo la prisión o reclusión perpetua para el parricidio. Aunque de no mediar la alevosía, se podría haber aplicado una pena de 8 y 25 años de prisión, teniendo en cuenta atenuantes extraordinarios.
No fue éste el caso, porque los jueces entendieron que los acusados actuaron aprovechándose de la indefensión del padre y que planificaron los hechos. Aunque los fundamentos se conocerán el viernes próximo.
Emanuel, con un sacerdote a su lado, y Santiago, con la cabeza gacha, escucharon en apenas diez minutos al doctor Pagano, que presidió el tribunal, leer la resolución que los jueces tardaron cinco horas en acordar.
Fueron dos horas más de las previstas informalmente, lo que supone que existió cierta dificultad para llegar a una sentencia en un caso de esta complejidad, donde estaban en juego las conductas de cada uno de los acusados, sus diferencias y la tortuosa relación con su padre.
Tras la audiencia, la madre de los jóvenes, Patricia Polo Devoto, se reunió a solas con ambos, una vez que la sala de audiencias quedó desierta.
Desconcierto familiar
Pocos imaginaban, entre los familiares y amigos, un fallo así, que igualara las acciones de los hermanos, a pesar de que Santiago había confesado el crimen en la audiencia de anteayer y había desligado a su hermano Emanuel.
Es que el hecho de haber comprado juntos la pistola calibre 22 con la que se cometió el homicidio, la adquisición de una soga para aparentar que con ella se habían fugado unos imaginarios ladrones que habían cometido el asesinato, el hallazgo de guantes de látex donde se produjo la muerte y las anotaciones en una agenda de Emanuel, relatando los pasos del crimen, fueron suficientes como para fundar la existencia de un plan previo, ejecutado en conjunto.
Atrás habían quedado los intentos de Langevín para tratar de aplicar atenuantes: "En este caso, la perpetua es cruel, inhumana e inconstitucional. Pido que se le otorgue a Santiago la posibilidad seria de que alguna vez pueda retomar su vida y ser un hombre de bien", había dicho. Planteó entonces la inconstitucionalidad del artículo 80 inciso 1º del Código Penal, que prevé la pena máxima para el parricidio. Pero su intento fracasó.
En su esforzado alegato, el defensor planteó durante una hora y media que, más allá de la condena, Santiago ya estaba padeciendo la suya naturalmente, por "la cruz que había elegido cargar sobre sus hombros". Por eso pidió que fuese condenado con atenuantes a la mínima sanción de 8 años.
"Emanuel no se esperaba esta pena tan dura. No se hizo diferenciación y esto los coloca a ambos en el mismo punto de partida. Los funde en un bloque donde se juntan", opinó, tras el veredicto el psicólogo Carlos Fullone, que trata a Emanuel.
Su abogada, Patricia Croitoru, coincidió: "No se han determinado todavía las responsabilidades de cada uno".
Santiago y Emanuel consiguieron en esta semana de juicio recrear el crimen que cometieron.
Y con la condena de ayer, que ambos en el fondo sabían inexorable y necesaria, a estar de sus allegados, podrán comenzar sólo ahora a elaborar su culpa.
Entretelones del juicio
- Un fallo en fecha. De ningún modo el Tribunal Oral Nº 20 iba a permitir que la sentencia del juicio contra los hermanos Da Bouza se postergara más tarde del viernes. Se propusieron cumplir a rajatabla con lo previsto, por una razón: ninguno de los magistrados pensaba pasar de la Navidad, pensando que al día siguiente tendría que firmar una sentencia tan dura como la que a la postre resultó.
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- Trabajo de investigación. El defensor oficial de Santiago Da Bouza, Julián Langevín, basó su alegato en un trabajo de investigación que está realizando y que "todavía no vio la luz". El estudio sostiene la inconveniencia de la prisión o reclusión perpetua para el homicidio agravado por el vínculo sin tener en cuenta que muchas veces el afecto no es la base de la relación, sino un vínculo meramente jurídico.
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- Separación. Para evitar que ocurrieran escenas dramáticas en el juicio, el tribunal sentó a los familiares y amigos de los hermanos en la parte de la sala más alejada de los reos.




