
Condenas de 45 años a dos argentinos en Madrid
Una pareja había secuestrado a un joyero, por el que querían cobrar un rescate; lo descuartizaron vivo
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MADRID.- La Justicia condenó ayer a 45 años de prisión a los dos integrantes de una pareja de ciudadanos argentinos -José Roberto Morales Gómez y Alcira Susana Calvito de las Bárcenas- por el asesinato de un joyero al que, según propia confesión, descuartizó el primero cuando aún se encontraba vivo.
El crimen conmovió a la opinión pública española y los medios de comunicación le dieron una amplia cobertura.
Hace apenas dos semanas, Morales confesó ante el tribunal que los juzgaba que ambos habían planeado secuestrar a la víctima, el joyero madrileño Andrés Crespo, porque creían que se trataba de un hombre rico. Pensaban pedir un millón de dólares de rescate a su familia. Crespo era, en realidad, director de una industria dedicada a la venta de joyas.
Los hechos ocurrieron en abril de 1995. La pareja consiguió engañar a Crespo mediante el ofrecimiento de un negocio inexistente, lo introdujeron en un coche y lo llevaron a la fuerza a un chalet del barrio residencial de La Moraleja, que alquilaban por 350.000 pesetas (unos dos mil dólares).
Según la hermana de la víctima, Morales la llamó esa tarde por teléfono y le dijo: "Fami, tu hermano está secuestrado. Queremos un millón de dólares antes del día 18. Si no, vamos a trozar su cuerpo y a esparcirlo por todo Madrid".
Atónita, la mujer pudo entonces oír con espanto a su hermano, que gritaba por detrás de sus secuestradores : "Mi familia no tiene dinero, matadme ya, matadme ya".
Las amenazas de Morales no eran vanas. Según el fiscal, el joyero fue metido en la bañera y desvanecido de un golpe en la cabeza, tras lo cual el argentino comenzó a descuartizarlo, aunque el hombre se encontraba todavía con vida.
Una historia inverosímil
Pero Morales Gómez y la mujer prefirieron contar a los jueces españoles una versión que se contradecía con las primeras que habían hecho: al llegar de la Argentina, y tras instalarse en España, Alcira se había prostituido por falta de dinero. Con el asentimiento de él, había llevado al joyero a dormir con ella al chalet y Roberto los sorprendió en la cama, lo que provocó una pelea.
El joyero "cayó desplomado de una silla y se dio un golpe en la cabeza -declaró Morales-. Al verlo muerto sentí miedo y, por inercia, lo descuarticé".
El tribunal estaba petrificado por la frialdad de Morales, que agregó: "De niño, en la Argentina, era muy aficionado a la caza mayor, y yo mismo descuartizaba las piezas".
Su pareja afirmó que no se había enterado de nada porque, tras la caída de Crespo, tomó unos tranquilizantes y se fue a dormir.
Cuando se despertó, al día siguiente, ya era tarde:el cuerpo del joyero estaba ya trozado en 33 pedazos, metidos prolijamente en tres bolsas de plástico. Y había que deshacerse de él.
Ambos llamaron entonces un taxi y subieron a él con las bolsas. El taxista completó la información ante los jueces diciendo que viajaron una hora hasta un paraje desértico, en la sierra de Madrid, donde le dieron orden de detenerse y ellos arrojaron las bolsas. La policía las encontró unos días después.
Durante el juicio, uno de los familiares pidió a los magistrados: "Que los ahorquen en la plaza de España".
La fiscalía, al conocer los macabros detalles del hecho, elevó de 84 a 98 años de prisión su pedido de condena, en tanto que la defensa pidió condenas de poco más de dos años por el delito de detención ilegal y lesiones con imprudencia con resultado de muerte.
Finalmente, la Audiencia Tribunal de Madrid los condenó sólo a 45 años de prisión a cada uno.
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