Consumo y tolerancia social
Por Carlos Souza Para LA NACION
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Generalmente, frente a problemas complejos se sugieren soluciones simples, las que habitualmente son estériles.
Así, en el transcurso de los años hemos visto promover acciones preventivas, algunas tan disímiles como otras obsoletas. Dentro de estas últimas se encuentran las estrategias que apuntan únicamente y de manera directa a mostrar el daño que producen las sustancias psicoactivas en la vida de las personas.
De esa manera se construye la creencia de que informar es igual a prevenir y se simplifica aquello que es necesariamente complejo.
Esta línea preventiva no cuestiona los factores sociales que funcionan como caldo de cultivo para el desarrollo de personalidades adictivas. No es casual que la mayoría de estas prácticas tenga su origen en los Estados Unidos con el fin de mantener el statu quo en relación con los hábitos consumistas de la población.
La cultura del consumo, el aislamiento y la tolerancia social frente a conductas autodestructivas son, sin duda, el alimento predilecto de las adicciones.
Un ejemplo concreto ocurre con el consumo de alcohol en nuestros jóvenes. Existe una cultura adictiva y una tolerancia social, sobre todo si se tiene en cuenta que cuatro de cada diez accidentes automovilísticos están ligados al abuso de alcohol.
La cultura y el desarrollo de la tolerancia social lleva al drenaje paulatino de estas creencias al seno de la vida familiar.
Han logrado que un padre no se preocupe demasiado si su hijo comparte "un par de cervezas" con un grupo de amigos, cuando la realidad indica que actualmente la sustancia de inicio en el consumo de drogas ilegales es el alcohol, no la marihuana, como lo era en otros tiempos.
Integración solidaria
Las acciones preventivas más eficaces son aquellas que promueven la integración solidaria como contraparte del aislamiento y el desarrollo de pensamiento crítico como antídoto contra el consumismo y la tolerancia social frente a cualquier forma de abuso.
Estas líneas de pensamiento trascienden ampliamente la cuestión del objeto droga y se adentran en la causas del malestar humano, que, en un grupo de personas vulnerables, termina en una situación adictiva.
Si intentamos promover en todos los ámbitos (educativos, familiares, deportivos, etcétera) el desarrollo de personalidades con sentido crítico y espíritu de cooperación, estaremos avanzando un paso significativo.
De esta manera, al generar conciencia sobre los factores que inciden y promueven las adicciones, estaremos luchando contra las verdaderas causas; enfrentaremos a la cultura del consumo y el vértigo banal a cambio de la ética del trabajo, de la solidaridad y del esfuerzo.
Quien habite dentro de un ambiente que promueva estas creencias probablemente logre generar un proyecto de vida saludable.
Sin duda, donde existen ideales y aspiraciones, la droga tiene menos posibilidades de ingresar.
El autor es un adicto recuperado y preside la Fundación Aylén, una comunidad terapéutica de recuperación de adictos.



