
Hay pistas, falta el móvil
Comenzaron a aparecer las "novedades" que, en voz baja, algunos auguraban para principios de esta semana: después de las cinco detenciones de anteanoche, los detectives del caso ya adelantan que están detrás de los pasos de los "cerebros" del crimen de Candela. Lo que nadie explica aún es cuál fue el móvil. ¿Por qué esos "ideólogos" mataron a la chica? ¿Qué mensaje esconde el homicidio y para quién? Los arrestos y la revelación de que encontraron ADN de la víctima en una fuente de arroz nada revelan al respecto. No deja de sorprender, a falta de certezas, el hecho de que los únicos rastros genéticos de la niña hayan aparecido en un objeto móvil y que, en cambio, no hayan sido encontradas hasta el momento huellas dactilares u otros rastros orgánicos suyos en Kiernan 992, la casa donde se dice que fue retenida Candela.
El fiscal de Morón Federico Nieva Woodgate , el funcionario público de más alto nivel en dar la cara tras el hallazgo del cadáver, no sólo había dicho que el estado del cuerpo hacía suponer que la menor no había estado atada durante su cautiverio -lo que habilita a pensar que pudo haber tocado todo lo que tuviera a su alcance, algo que los peritos no parecían haber encontrado hasta ayer-, sino que había revelado, incluso, que el cadáver habría sido lavado antes de ser arrojado en el lugar donde se lo halló, desnudo, en Villa Tesei, lo que, por otro lado, habla de asesinos cuidadosos que buscaban no dejar rastros.
Más aún: Nieva Woodgate, casi inmediatamente después del primer allanamiento en la casa color salmón de la calle Kiernan, había descartado enfáticamente que en ese lugar hubiera estado retenida Candela. Sorprende que un funcionario judicial como él, con décadas de ejercicio penal y miles de casos encima, se hubiera arriesgado a tal aseveración si hubiese sabido que había dentro de la vivienda un objeto con el que la niña podría haber tenido contacto. A menos que no hubiera sido informado de la existencia del mentado recipiente.
En cualquier caso, el fiscal general se llamó a silencio ayer, tras las aprehensiones. En un comunicado dijo que lo hacía para garantizar el derecho de defensa de los detenidos. A la misma hora, la policía científica buscaba huellas de Candela en una camioneta, en un peritaje apto para todo público, en plena calle.
En ese contexto, aquel silencio, más que la anunciada garantía de defensa en juicio, parece simbolizar el agravamiento del cisma entre los fiscales del caso y la policía. El mismo día del hallazgo del cadáver, la prensa obtuvo la grabación de una llamada recibida por la tía de la víctima, de cuyo parlamento podía inferirse que el crimen era una suerte de ajuste de cuentas, una venganza contra el padre de la niña por haberse quedado con un dinero que no era suyo.
Antes y después de eso, se habló de eventuales relaciones de la familia de la víctima con narcotraficantes de San Martín, de la vinculación de este caso con presuntos secuestros extorsivos que habría sufrido la propia familia; se habló de "buchones" y de "vueltos". La hipótesis inicial de la trata de personas pasó a segundo plano, a pesar de que algunos experimentados investigadores refieren que el cuidado esmerado que aparentaba el cadáver es una característica de quienes ejecutan esos crímenes contra menores.
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