Contención para chicos enfermos de sida
En Mendoza, el centro de atención Vida Infantil ofrece capacitación laboral y asistencia social a 29 familias, alimentación y vestimenta.
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MENDOZA.- Los enfermos de sida que reciben contención afectiva y que pueden mantenerse con un trabajo digno tienen una expectativa de vida más favorable que aquellos que sufren a diario la indiferencia de la sociedad.
Aferradas a esa afirmación que, aseguran, tiene asidero científico, las 42 personas del centro de atención de la Asociación Vida Infantil de Mendoza trabajan con la premisa diaria de entregar amor y ofrecer capacitación laboral y asistencia social a 29 familias cuyos miembros están infectados por el virus del HIV.
La entidad comenzó a trabajar el 6 de octubre de 1996 con el propósito de mejorar la atención de los enfermos de sida, casi inexistente en la provincia. Para ello, la asociación se trazó como objetivos mejorar las condiciones de vida del niño portador o enfermo de sida y su familia, promover la detección precoz de la enfermedad y propiciar actitudes no discriminatorias en la comunidad.
La actividad diaria se concentra en dos edificios situados en el departamento de Las Heras. Allí se cumplen tres programas: Promoción y Protección Familiar, Centro de Desarrollo Infantil y Promoción, Prevención y Atención de la Salud.
El primero de ellos prevé un plan de capacitación laboral rentada para los padres en talleres de costura y carpintería, de cuya producción pueden obtener recursos para mantener sus hogares.
Además, se organizan microemprendimientos y se los incluye en planes sociales de empleo.
En materia habitacional, algunas familias recibieron viviendas sociales construidas por el gobierno provincial y otras disponen de un subsidio para el alquiler.
En el Centro de Desarrollo Infantil se atiende a niños de hasta 13 años. Allí los chicos reciben apoyo escolar y realizan actividades de musicoterapia, teatro, computación e iniciación deportiva. Todos desayunan, almuerzan y toman merienda en turnos de mañana y tarde.
Con el programa restante se procura una atención sanitaria con pediatras, inmunólogos, psicólogos y asistentes sociales, a los que se agregan cuidadoras voluntarias que intervienen cuando alguno de los enfermos debe internarse en el hospital.
Docentes, médicos, asistentes sociales, administrativos, cocineros y maestranzas luchan a diario por una mejor calidad de vida de enfermos y portadores asintomáticos.
De los 105 niños que asisten a este centro, 22 son portadores del virus, del que se contagiaron cuando estaban en el vientre materno.
La prioridad en el cuidado de su delicada salud es brindarles una alimentación con alto grado nutricional, abrigo y vestimenta digna y cuidar que en la casa donde viven no pasen frío ni estén en contacto con la humedad.
El peligro de contraer enfermedades respiratorias pone en constante guardia al equipo de docentes, médicos y asistentes de la Asociación Vida Infantil.
El riesgo cierto de quedar huérfanos es otro de los aspectos que llevan a consolidar el núcleo familiar. Se busca que el niño pase la mayor parte del tiempo con sus padres y por eso desayunan y almuerzan juntos, y al final del día todo el grupo familiar vuelve a casa.
"Luchamos para que estos centros de atención no se conviertan en guetos; a los talleres no sólo van los padres infectados con HIV. Por ejemplo, ahora, estamos trabajando en un proyecto para capacitar mujeres infectadas y no infectadas que están en situación de extrema pobreza", señaló a La Nación la presidenta de la Asociación Vida Infantil, Liliana Mariconda.
La entidad comenzó con unos pocos; sin embargo, hoy atienden a casi 150 personas, y la perspectiva, según informó Mariconda, es que aumente el trabajo, porque la expansión de esta enfermedad se torna cada vez más amenazante para los miembros de la familia.
Es que el número de mujeres que se infectan con el virus es creciente, y en consecuencia los riesgos de transmisión a los niños en gestación son mayores.
La Asociación Vida Infantil acepta el desafío y no quiere cerrar sus puertas a nadie.



