
Crece en el país la prostitución de menores
Es un delito que se denuncia poco; complicidad y silencio
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Es un delito, es un negocio ilegal. Hay víctimas y hay victimarios. Hay coacción, hay engaño. Hay violencia, hay indefensión. No hay cifras, casi no hay denuncias. Hay individuos y hay redes. Hay circuitos. Hay inacción y hay complicidades. Imposible saber cuántos son. Cuántas chicas y chicos son víctimas de la explotación sexual en la Argentina. Pero hoy son más, alertan los especialistas. Y cada vez empiezan más jóvenes: a los nueve o diez años. El fenómeno se hace más visible, aunque son pocos los que quieren verlo.
¿Acaso la Justicia refleja este aumento? De ninguna manera. Los diez tribunales orales en lo Criminal de la Capital Federal fueron creados en 1992, hace 12 años. Tramitaron un promedio de 1300 causas cada uno durante ese tiempo. ¿Cuántas sentencias condenatorias registraron por explotación sexual de niños y de adultos? Un promedio de siete por tribunal. Siete condenas en 12 años. “Estas cifras demuestran que casi no se denuncia este delito. Hay obstáculos institucionales, presiones informales, complicidades de policías y funcionarios. Hay grandes fallas en las políticas públicas", dijo Martiniano Terragni, abogado del Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del gobierno porteño.
La explotación sexual de menores recrudeció con la crisis. ¿Por qué? Porque hay más pobreza y, por ende, más chicos en la calle. Y la calle es el semillero de la prostitución infantil, dice Fabiola Bianco, de la Comisión para la Erradicación del Trabajo Infantil en Misiones.
La corrupción de menores es un delito grave al que, de acuerdo con el artículo 27 del Código Penal, le caben penas de tres a nueve años y de hasta 15 años cuanto menor sea la edad de la víctima. Y la pena corre tanto para el proxeneta como para los clientes.
Es una obviedad decir que sin clientes no hay mercado. Pero por obvio que resulte, son pocos los que apuntan a ellos. Por eso es que insisten en la necesidad de perseguir a los que, con su demanda, fomentan la explotación.
Silvia Chejter, autora del libro "La niñez prostituida", advierte sobre este peligro y subraya que al tratar a los clientes como si fueran receptores pasivos, un mero producto de la oferta, se invierte y se oculta el rol protagónico de la demanda: "El abandono, la indefensión y la degradación moral de las víctimas coexiste con la perversión y la indignidad de los abusadores".
Son bastantes las organizaciones no gubernamentales (ONG) que estudian la explotación sexual de menores y, en menor medida, los organismos del Estado. Todos tienen estudios cualitativos, aunque no cuantitativos. Dicen que por su naturaleza clandestina sería imposible cuantificarla. Pero saben cuáles son los métodos de reclutamiento, la edad de inicio, los factores socioeconómicos determinantes, los espacios donde se ejerce, las modalidades y los circuitos. Si se investiga el porqué, en la mayoría de los casos aparecen vínculos rotos, historias de violencia y desintegración familiar.
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Dice que se llama María; dice que tiene 17 años, y dice que espera el colectivo. Es probable que no se llame María y más probable aún que le falten un par de años para alcanzar los 17. Seguro que no espera el colectivo. Pero sí espera que la lleven; que la lleven para "dejarse hacer". Dejarse hacer es lo que siempre hizo, dice. Lo que, paradójicamente, sabe hacer.
Tiene unos jeans y una camiseta blanca de manga larga. El pelo suelto, una mochila al hombro y zapatillas nuevas. Espera cerca de una parada, sobre la avenida Rivadavia, a la altura del barrio de Flores. Los colectivos pasan y ella sigue ahí. Se pone nerviosa cuando le hablan. Obliga a caminar detrás de ella, apenas mueve los labios y esquiva la mirada.
"¿Periodista? Vos sos loca. ¿Querés que me maten a mí? ¿Cuándo empecé? Y era más chiquita. Antes también lo hacía, pero no cobraba. En Buenos Aires, empecé a cobrar. Vine desde Formosa, me escapé de mi casa, donde vivía con mi mamá y su novio, que ahora me doy cuenta de que era un hijo de puta. ¿Que si me violaba? No, no me violaba; yo me dejaba. No quería que se enojara. El me decía que me dejara hacer. Que lo dejara a él y que los dejara a los señores que él traía cuando mi mamá trabajaba. Pero antes yo ya me dejaba, con mi novio, a los 11 años.
"Al tiempito me escapé y vine para acá -continuó a toda velocidad-. Vivía en la calle y pedía, pero sacaba muy poco. Una amiga me presentó a quien nos cuida. No, no es un proxeneta, pero sí, sí le doy una parte. Y así empecé, aunque si lo pienso bien, no empecé, seguí." María está apurada. Pero acepta responder unas preguntas más. Rápido, muy rápido, dice. "Te contesto y te vas de una vez. Dale, dale", y obliga a una suerte de ping-pong que responde con crudeza.
¿Preservativo? "Pagan menos, pierdo plata." ¿Embarazo? "Aborto." ¿Policía? "Yo no me encargo; pero sí, otro lo hace." ¿Drogas? "Yo no. Otras, sí." ¿Clientes? "Todos, cualquiera. El que menos te imaginás. Viejos, más jóvenes. Buenos y malos. Un médico, un abogado, un profesor, un vendedor. Se hacen los grandes señores, pero vienen y pagan." ¿Dónde? "Donde ellos quieran, pero ellos pagan." ¿Cuánto? "Depende del servicio y de la cara que tenga. Desde 10 pesos hasta 50." ¿Límites? "Aleja a los clientes, pero ahora pongo un poco más. No como cuando era pendeja." ¿Cómo te hace sentir? "Una mierda. Pero en mi casa no me pagaban para sentirme una mierda."
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María, como la gran mayoría de las víctimas de este delito, se inició de la mano de un padre, de un tío, de un novio o de un abuelo. "No hay una sola forma de captar, pero la más común es la intrafamiliar. Familiares que abusan de ellas y que las mandan a prostituirse. Actúan como proxenetas", explicó Zulema Ferrero, directora del Proyecto Angel, una ONG que trabaja en Río Cuarto, Córdoba.
Hay organizaciones más formales, que se constituyen como redes y tienen circuitos establecidos. La forma más común de captarlas es a través del engaño, haciéndoles creer que van a trabajar en una casa de familia o van a cuidar chicos, y después las mantienen como rehenes, encerradas en prostíbulos. Aunque también hay secuestros, raptos, en los que las chicas son llevadas por la fuerza.
La Red contra la Trata de Mujeres, Niñas, Niños y Adolescentes estudia el tráfico de personas y nota un crecimiento en la explotación sexual de menores. "Las redes de prostitución tienen una ruta definida, que empieza por las provincias del Norte, como Santiago del Estero, Tucumán y La Rioja, y continúa en el Sur, en las ciudades portuarias y en los lugares donde se concentra el transporte de carga.
"Generalmente, las encierran para que no se escapen. Viven y son explotadas en el mismo lugar. Las van rotando de lugar para que no las encuentren si las buscan o para que no se hagan amigas y comploten contra ellos -dijo Monique Altschul, de la Red-. Si son extranjeras, les quitan los documentos para que no se puedan mover."
¿Por qué los clientes prefieren menores de edad? Fundamentalmente, por dos motivos, explica la hermana Marta Trejo, de la congregación de las Hermanas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que tiene en Rosario y en varios puntos del país hogares que albergan a chicas en situación de riesgo: "Prefieren que sean menores porque existe la falsa creencia de que las más chicas no están infectadas, que no tienen enfermedades de trasmisión sexual ,y porque las más chicas no ponen requisitos ni reglas, como las mayores".
Aunque la gran mayoría son chicas, mujeres, desde el Consejo porteño notan un aumento de los varones, que se prostituyen como travestis: "Cobran una tarifa más alta que las mujeres, pueden llegar a 100 pesos, por lo que tienen ingresos con los que la política social no puede competir -dijo María Elena Naddeo, presidenta del Consejo-. Pero tienen una expectativa de vida muy baja. Se inyectan hormonas, silicona industrial, y terminan con problemas físicos muy graves".
Argentina, país de destino
- Para el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Argentina es un país de destino para la explotación sexual de menores y no uno de exportación de menores. La zona de la triple frontera es una de las más críticas, porque allí se concentra la demanda de turismo sexual, dijo Fabiola Bianco. Es por eso que el gobierno de Misiones trabaja en conjunto con los de Brasil y de Paraguay para tratar de controlar el tráfico de chicas de un país al otro. Costa Rica es, en América Central, el país con mayor presencia de turismo sexual y Tailandia, uno de los países en el que el problema se presenta con mayor gravedad, según Unicef.
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