
Cristina Garmendia: "El investigador tiene que participar en los retos de su país"
Bióloga molecular, empresaria y ex ministra de Ciencia e Innovación de España
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Que en una familia de empresarios la joven Cristina Garmendia se dedicara a la biología molecular debe de haber sido toda una sorpresa. Pero algo de la cultura en la que creció la había moldeado. Ya graduada de doctora en Biología Molecular por la Universidad Autónoma de Madrid, quien luego se convertiría en la primera ministra de Ciencia e Innovación de España desarrolló el exitoso modelo empresarial biotecnológico Genetrix, cumplió su mandato en la función pública entre 2008 y 2011, y luego regresó a la actividad privada y fundó el fondo de inversiones de riesgo Ysios Capital Partners.
Reconocida como pionera en su país, Garmendia, madre de dos hijos de 18 y 19 años, participará hoy como oradora del encuentro Bio Argentina 2014, organizado por la Cámara Argentina de Biotecnología, junto con William Burquints, que desarrolló en Brasil la caña de azúcar modificada genéticamente, y el célebre Craig Venter, uno de los artífices de la decodificación del genoma humano y creador de un cromosoma artificial a partir de elementos químicos.
"La empresa es el vehículo más eficiente para llevar el conocimiento a la sociedad -afirma Garmendia-. Hay que facilitar ese tránsito."
-La biotecnología es considerada una de las líneas prioritarias del plan científico nacional. Para usted, ¿qué papel debe cumplir?
-Es una de las palancas más interesantes para la reactivación de la economía. Y la Argentina tiene dos ejes importantes en los que sobresale. Uno es el talento, hay grandes profesionales que son referentes. Y otro, los recursos naturales.
-Generalmente se piensa en la biotecnología como un coto reservado para las grandes empresas. ¿Es accesible también para compañías pequeñas?
-A veces pensamos sólo en la bata blanca y los grandes laboratorios, pero hay muchos profesionales que han utilizado la biotecnología sin saberlo. Vivimos rodeados de biotecnología, nuestros jeans se hacen con biotecnología, los detergentes son biotecnología... Por eso, se estima que esta ciencia puede llegar a impactar en un 40% del PBI de un país. En España, en 2008, la biotecnología representaba el 2,75% del PBI; en la última estadística, de 2012, representa el 7,8%.
-¿Cómo se logró ese crecimiento?
-Yo veo que en la Argentina todavía se están cuestionando los fundamentos de la colaboración público-privada. A nosotros también nos pasó. Tardamos muchos años en despegar, en lograr que el investigador entendiera que además de publicar [en revistas científicas] tiene que relacionarse con la industria. Y en que las políticas públicas consideren prioritarios la investigación y el desarrollo, pero creo que es una dinámica imparable. En 2000, en Europa se decía que eso era "conveniente". Quince años más tarde se lo considera fundamental para la supervivencia de los países.
-¿En España tienen un mecanismo de transferencia de conocimientos bien aceitado?
-Te voy a contar lo que me pasó a mí. En 2000, nos convertimos en la primera compañía privada dentro de un centro público. Tardamos casi dos años en lograrlo. La dificultad era cultural: no estaba bien visto tener una compañía dentro del sector público. Hoy no hay un centro de investigación que no lo promueva. El cambio ha sido espectacular y en muy poco tiempo, pero se necesita que los investigadores quieran transferir sus resultados. Por otro lado, la financiación pública tiene que estar muy bien definida para promover a los grupos de investigación de excelencia. Cuando me preguntan qué hay que impulsar, ¿la investigación básica o la aplicada?, contesto que sólo hay dos clases de ciencia: la buena y la mala. La buena se transfiere siempre.
-¿Cómo estimulan la inversión privada?
-Cuando en 2008 entré al Ministerio, por cada euro público había un euro y medio de inversión privada en nuestros programas. Cuando salimos, en 2011, fueron cuatro euros privados por cada euro público. Y no con más dinero, sino simplificando los instrumentos. Había demasiados programas. Políticamente es muy difícil cerrar un programa, es mucho más fácil abrir uno nuevo. Cerrar te genera resistencias y abrir te genera adhesiones. Pero para poder lanzar cosas nuevas hay que cerrar lo que no ha funcionado. Y para cerrar es muy importante rendir cuentas. Es más: cuando una política ha dado buenos resultados, es muy importante reconocer el valor de esa política y el de la persona que ha estado al frente.
-Queda claro que apoya la actuación de los científicos fuera del ámbito académico...
-El progreso de la competitividad económica basada en la investigación tiene que ver con el compromiso del científico de querer participar en los retos de su país: el cambio climático, el envejecimiento de la población, la dependencia energética... Tiene que decir "quiero formar parte del grupo de personas que ofrezcan soluciones a mi país". El que no quiere no puede. Hay que querer.
-¿Volvería a encabezar un ministerio?
-Desde mi paso por la política, la respeto más que nunca: las soluciones pasan por la política. La sociedad tiene que comprometerse con las personas, no con los partidos, con las personas que avanzan con las políticas adecuadas. Ojalá los individuos que generan consensos permanezcan. Ése es el valor de la política, ¿no?
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