Cruzan la frontera para estudiar
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MADREJONES, Salta.- Daniel Aparicio es un argentino moreno y vivaz, tiene 9 años y le gustaría cantar el himno de su país. Sin embargo, no tiene más remedio que entonar todos los días el himno de un país vecino.
El -como otros 30 chicos de este paraje salteño llamado Madrejones- se educa en Bolivia. Ninguno de ellos ha visto un mapa argentino, tampoco uno de Salta. Aprenden la historia, la geografía y las costumbres del Altiplano.
Ocurre que en Madrejones no hay escuela. Para asistir a clase, Daniel ensilla sus caballos y atraviesa con sus hermanos menores -Elba, Diego, Omar y Teresa- parte de una frondosa selva.
Con pericia de baqueanos, azuzan a sus caballos para que crucen a nado el río Grande de Tarija. Es que en la otra orilla está Bolivia, y también la posibilidad de estudiar.
A lo largo de 65 kilómetros del correntoso río la escena se repite con otros 30 niños porque en la ribera argentina no hay escuelas, tampoco símbolos que destaquen la nacionalidad del lugar. Como contrapartida, del otro lado del río, a lo largo de la costa ribereña hay 12 escuelas bolivianas que abren sus puertas a tímidos pobladores salteños.
El miedo y el futuro
Elba es la melliza de Daniel. Vergonzosa, se acerca sin prisa a La Nación . Nos quiere contar sus miedos y sus sueños. "Cuando el río está muy alto, a los caballos les cuesta mucho cruzarlo, porque la corriente es muy fuerte. Nos da miedo."
A pesar de su esfuerzo por explayarse, no le escapa al futuro: "Cuando sea grande quiero ser maestra argentina para saber de mi país y no tener que que cruzar el río".
General Mosconi, municipio al que pertenecen los niños, es uno de los más ricos del país: produce el 75% del gas de Salta, lo que convierte a esta provincia en la segunda productora del país, luego de Neuquén.
Desde allí partirán los gasoductos hacia San Pablo y hacia el norte de Chile.
También ese municipio es el mayor generador de petróleo de Salta y el quinto productor de este recurso del país.
Sin embargo, en este caso, la realidad no manda. La ficción de los números se impone. Según datos suministrados por Miguel García, intendente de Mosconi (PJ), las regalías de las abundantes extracciones se administran del siguiente modo: el 85% lo absorbe el gobierno nacional; el 12%, Salta, y el 3%, el Fondo de Reserva Federal.
"Desde que YPF fue regalado a empresas extranjeras, los habitantes de Mosconi somos convidados de piedra. Nos quedamos sin trabajo, tampoco recibimos las regalías de lo que extraen aquí, con ese dinero podríamos hacer la escuela de Madrejones y las que se necesitan a lo largo de toda la frontera", señaló a La Nación Enrique Flores, secretario de Gobierno de Mosconi.
El intendente García fue más allá: "No queremos que nos marginen. Para los habitantes de Mosconi, la riqueza de estas tierras no representa ningún progreso. Todo lo producido se industrializa en otros lugares".
El camino a Bolivia
Entre la localidad de Mosconi y el paraje Madrejones hay 80 kilómetros, en línea recta. Pero no es posible realizar esa distancia porque no hay caminos. Del lado boliviano, sí.
Por este motivo, para llegar por tierra a la escuelita San Antonio, donde la maestra Silvia Nieves dicta clases a niños de su país y del nuestro, hay que recorrer 250 km, de los cuales 100 se deben realizar atravesando parte de la espesa selva boliviana y cinco ríos.
La Nación estuvo allí y compartió una tarde con los alumnos de la escuelita primaria, muy bien pintada y con red metálica en ventanas y puertas para salvaguardar a los estudiantes de los insectos tropicales.
La diferencia de lenguaje
Los niños bolivianos estaban muy curiosos por la forma de hablar de los recién llegados. Los niños argentinos se sintieron reconocidos: "Ustedes hablan como en mi casa", dijeron.
Pero quien estaba más interesado en dialogar con sus compatriotas era Daniel Aparicio, que cursa 2º grado.
Dueño de una gran timidez pero consciente de su oportunidad, preguntó a La Nación con resuelta actitud: "¿Cómo es la Argentina? ¿Por qué allá no hay escuelas?" Qué responderle.
También hizo esa pregunta la maestra boliviana, Silvia Nieves, que confiesa admirar mucho a la Argentina: "Es un país desarrollado", cree.
"¿Cómo no pueden hacer una escuelita como la nuestra? Me dijeron que el alcalde (sic) de Salta maneja mucho dinero."
Promesas y nada más
En este sentido, desde la intendencia de Mosconi elevaron un petitorio donde solicitaron al gobernador Juan Carlos Romero la construcción de la escuela, entre otros proyectos.
Incluso, no sólo el ministro de Educación de Salta, Antonio Lovaglio, prometió que se realizará la construcción, sino que también la ministra de Educación de la Nación, Susana Decibe, tuvo oportunidad de leer el petitorio, pero nunca respondió.
"Decibe sabe muy bien dónde queda Madrejones, supimos que leyó la carpeta que le enviamos, pero parece que no le interesa que los niños argentinos tengan que cruzar la frontera para educarse", expresó Enrique Flores, secretario de Gobierno de Mosconi.
El problema que causa la falta de escuelas en el noroeste de Salta puede ser solucionado. Incluso hay promesas realizadas y fondos para lograrlo.
Por el momento, la infancia de estos niños transcurre bajo otra idiosincrasia, corriendo el grave riesgo de perder su identidad nacional.





