
Cuando los padres secuestran a sus hijos
Por Florencia Carbone De la Redacción de LA NACION
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Las consecuencias negativas de la globalización también pueden vivirse en el plano familiar. Al amparo de una legislación internacional que favorece el libre intercambio de bienes y personas, muchos chicos quedan rehenes de uno de sus padres. En el país hay denunciados 122 casos similares al de Gabriela Arias Uriburu, la madre argentina que ganó notoriedad cuando su esposo jordano secuestró en Guatemala a los tres hijos del matrimonio.
La cifra incluye a un centenar de chicos argentinos y extranjeros de hasta 16 años que tienen su residencia habitual aquí y que fueron retenidos en otros países. El resto (22) son niños para los que la Argentina se convirtió en su virtual sitio de cautiverio, ya que uno de sus padres eligió ese destino como refugio.
Junto con los cambios económicos, la globalización produjo importantes efectos en lo social.
Muchos de los términos que se usan a diario son fruto de este fenómeno, como "familia internacional", por ejemplo. Cada vez son más los que se suman a la categoría que abarca tanto a matrimonios mixtos (entre ciudadanos de diferentes nacionalidades) como a quienes dejan su país de nacimiento y se mudan a otra nación en busca de mejores oportunidades.
La crisis económica y social que vive la Argentina es, una vez más, un factor protagónico: Estados Unidos y España fueron, los dos últimos años, los destinos más elegidos como "nueva residencia" para los chicos raptados en nuestro país por uno de sus padres. Esos países son, coincidentemente, los sitios a los que emigraron más argentinos en el último tiempo.
Mariano Maciel y María del Carmen Chiodi, director general de Asuntos Jurídicos de la Cancillería y jefa de asistencia jurídica internacional, respectivamente, coinciden en señalar que el incremento de los secuestros internacionales de menores con residencia en nuestro país no es más que el reflejo de un fenómeno que se registra en todo el mundo.
La facilidad con que hoy se cruzan las fronteras de los Estados por diferentes motivos (supresión de visados y zonas de integración económica, entre otras), el desarrollo del transporte y las comunicaciones internacionales que han facilitado el movimiento de las personas y la búsqueda de bienestar en países diferentes del de nacimiento, son algunos de los factores que han favorecido la cuestión.
La mayoría de los ciudadanos que pasaron por esa terrible experiencia no sabía que la Cancillería es la vía más directa, accesible y gratuita para comenzar su reclamo.
La falta de conocimiento es casi generalizada y por eso el Ministerio de Relaciones Exteriores está realizando una importante campaña de difusión por medio de asociaciones de abogados, magistrados, ONG, gobiernos provinciales y municipales.
Precisamente es la falta de información la que provoca que buena parte de los casos arranque con una denuncia penal que, en general, no hace más que complicar los trámites posteriores de restitución.
Modelo para el exterior
Desde que en 1991 la Argentina suscribió el Convenio de La Haya en el tema de secuestros internacionales de menores por parte de uno de los padres, la Cancillería es la autoridad central en el asunto. Es ése el sitio en el que se debe denunciar el rapto de los menores.
En el cuarto piso de la torre espejada que se construyó frente al Palacio San Martín, en el barrio porteño de Retiro, están los cuatro "abogados del Estado" que hace pocas semanas recibieron una elogiosa comunicación del Departamento de Estado norteamericano, con el anuncio de que se propondrá a la sede argentina como "central modelo".
Chiodi está a cargo de un equipo mínimo: Moira Martínez Pantano, Fernanda Castelli e Ignacio Goicoechea. Los cuatro trabajan codo a codo (el escritorio está ubicado a pocos metros) con el delegado de Interpol, encargado de la transmisión de las fotografías y los datos de los menores para su localización.
Por otra parte, el departamento informático de la Cancillería diseñó un efectivo sistema que facilita el registro de los casos, permite seguir su evolución y elaborar estadísticas. El sistema informático made in Argentina no sólo se presentó en la última reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), sino que fue distribuido e incorporado por el resto de los países miembros.
Formularios por Internet
El comienzo del trámite es sencillo y no requiere siquiera la presencia en el lugar, ya que se puede obtener formularios en la página de Internet www.menores.gov.ar o solicitarlos telefónicamente a la Cancillería.
Un dato que resulta fundamental es saber que las denuncias pueden ser realizadas por cualquier persona (sin importar su nacionalidad) cuyos hijos tengan residencia habitual en la Argentina. El primer paso será la confirmación del paradero del menor, tarea a cargo de Interpol. Cuando ello ocurrió, si es que el chico está en uno de los 72 países signatarios del convenio de La Haya (las naciones musulmanas no están suscriptas), toma intervención un juez del lugar.
El espíritu del tratado es tratar de lograr la restitución del menor a su lugar habitual de residencia de común acuerdo, si ello no ocurre comienza un juicio.
Desde 1991 se registraron 440 casos de raptos de menores por parte de uno de los padres (la cifra incluye tanto a los pequeños que residían en la Argentina y fueron sacados del país como a aquellos que llegaron aquí de otras naciones y fueron requeridos por la autoridad central del sitio en el que residían habitualmente).
Del total de denuncias, 318 figuran como "casos concluidos". Ello ocurre porque los menores fueron devueltos a su lugar de origen o porque, después de cierto tiempo, el denunciante decidió desistir en su reclamo de repatriación porque consideró que el menor sufriría un nuevo desarraigo, con las consecuencias psicológicas, culturales y sociales que ello implica. Chiodi destacó que para evitar eso lo ideal es restituir a los chicos de modo inmediato a su lugar de origen. "Lo ideal es hacer el proceso y los peritajes en el sitio de residencia habitual del menor. El juez del Estado de refugio lo que tiene que hacer es devolverlo al país de residencia habitual", dijo.
-¿Y si el país desde el que se hace el reclamo está en guerra?
-Tuvimos pedidos desde Israel en la peor época de la guerra y devolvimos a los chicos. El juez no puede valorar de forma subjetiva el tema cultural, si no el interés supremo del menor.
Desde noviembre de 2001 hasta hoy se iniciaron 113 casos (tanto por denuncias de secuestros de menores con residencia habitual en la Argentina por parte de uno de los padres, como por reclamos de restitución de otros Estados). Se concluyeron 36.
Del total de chicos que habitualmente vivían en el país y que fueron secuestrados entre 2001 y el año actual, 26 fueron llevados a EE.UU.
Entre los destinos que registran mayores casos, le siguen: España (20); México (7); Chile (6); Uruguay, Venezuela y Paraguay (4 en cada uno); Italia y Suiza (3 en cada caso); Brasil, Ecuador, Suecia, y República Checa (2 cada uno de ellos); y Colombia (1).
Si bien la legislación argentina no prevé la figura de secuestro cuando están involucrados los padres y se denomina al hecho "impedimento de contacto", en la realidad una de las partes está privada del contacto con sus hijos.
Caso emblemático
La sustracción de los hijos de Gabriela Arias Uriburu por su ex marido, el jordano Imad Shaban, despertó conciencia en la Argentina sobre este delito que cada vez tiene más víctimas; la recuperación de Karim, Zahira y Sharif, retenidos en Jordania, porque ese país árabe no adhiere a la Convención de La Haya, el instrumento legal empleado por la Cancillería para lograr la restitución de la mayoría de los niños.
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