
Deben indemnizarlo porque las termitas le destruyeron la casa
La Justicia ordenó pagar $50.000 por arreglos y daño moral
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Raúl Rivera estaba feliz. Había logrado comprar el departamento soñado para vivir allí con su familia, en momentos en que su esposa estaba embarazada. Eligieron un segundo piso en Juncal al 1700, en Barrio Norte.
El 27 de julio de 2000, Rivera escrituró y, dos días más tarde, se mudó con la ilusión de empezar una nueva vida. Pero precisamente ahí empezaron los problemas. Sorprendido, advirtió que el piso y los placares se deshacían porque estaban invadidos de voraces insectos.
Concretamente, eran termitas las que se alimentaban de la madera de los muebles. Entonces, el nuevo propietario demandó a los que le vendieron el departamento y logró que la Justicia ordenara que le pagasen 50.000 pesos más intereses para reparar las maderas carcomidas.
Rivera demandó al vendedor y logró que en primera instancia la Justicia le reconociera una indemnización de 41.995 pesos para hacer las obras y 8000 pesos por daño moral.
Pero ambas partes apelaron y ahora los jueces Juan Carlos Dupuis, Mario Calatayud y Osvaldo Mirás, de la Sala E de la Cámara de Apelaciones en lo civil dieron la razón al comprador.
Para eso fue decisivo el estudio que realizó la doctora en Ciencias Biológicas Adriana Oliva, que comprobó que en los pisos, en los listones que lo sostenían y en las puertas había "galerías taladradas en la madera". También vio orificios y restos de materia fecal.
En el interior del placard, comprobó la existencia de termitas adultas "cuyas alas truncadas indicaban que ya se habían apareado y que caían vivas de la parte alta del mueble".
Especie exótica
Los estudios realizados en el laboratorio de entomología forense del Museo Argentino de Ciencias Naturales determinaron que las termitas eran de una especie exótica y que nunca se habían registrado, hasta ahora, ataques de esa especie en la ciudad de Buenos Aires, por lo que sospechan que los insectos llegaron al lugar escondidos con alguna mudanza.
La Justicia entendió que sin dudas las termitas eran anteriores a que Rivera comprara el departamento y analizó si se trató de un defecto oculto o si el comprador debió advertirlo a simple vista.
Los jueces, finalmente, terminaron por dar la razón al comprador. Dijeron que los túneles estaban ocultos en la madera y que salieron a la superficie luego de un tiempo.
Destacaron que el hecho de que hubiera polillas en el ambiente no permite suponer a quien no tiene conocimientos especiales de que se trate de una colonia que invadirá toda la madera de la casa hasta dejarla reducida a polvo.
Además, confirmaron el monto de la condena por el daño moral al entender que la familia Rivera padeció incomodidades a raíz de la invasión de termitas como, por ejemplo, los trastornos que les causó mudarse temporariamente en momentos en que la señora estaba embarazada y cuando su hijo tuvo problemas respiratorios.





