
Degüellan a un matrimonio y a uno de sus hijos en José C. Paz
Los tres cuerpos fueron hallados por otro hijo, único sobreviviente de la familia La pareja había sido amordazada Ambos presentaban heridas de arma blanca en el pecho, como de tortura Los vecinos no quieren declarar, pero por lo bajo hablan de drogas
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El terror y el misterio se instaló en el barrio Vucetich, de José C. Paz. Primero, por el brutal triple homicidio que tuvo como víctimas a un matrimonio y a uno de sus dos hijos, cuyos cadáveres fueron encontrados, horas después de la masacre, por el único sobreviviente de la familia, el heredero mayor. Luego, porque el miedo se hizo carne en la mayoría de los vecinos, que ayer rehuían a dar cualquier información relacionada con los muertos y sus actividades, o con cualquier sospecha que pudiera echar luz sobre el caso.
La única certeza, por ahora, es que a los tres los asesinaron de la misma forma: degollados, dentro de su propia casa. Entre las hipótesis, la que tiene menor peso es la del robo; aunque la casa estaba totalmente revuelta, no faltaban objetos de valor. Por eso, los investigadores del caso presumen que el triple crimen sería la consecuencia de un ajuste de cuentas.
Muchos puntos oscuros rodean el homicidio de Enrique Valenzuela, de 42 años; su esposa, Roxana Marinego, de 36, y su hijo menor, Eric, de 14 años. En la casa había tres perros doberman, a los que los vecinos consultados por LA NACION caracterizaron como "fieros"; pero ninguno de ellos ladró, lo que descartaría el ingreso de desconocidos. Además, ninguno de los accesos a la vivienda había sido forzado. El otro hijo, Gastón, de 16 años, dijo que dormía en una habitación separada del cuerpo principal de la casa, en los fondos, y que no escuchó nada capaz de haberle dado una pista sobre lo que, al fin, encontraría por la mañana.
Así, la confortable casa con rejas verdes de Alsina al 4400, en la que desde hace unos diez años vivían las víctimas y que, sin ser lujosa, desentona con el resto de las del vecindario, moradas humildes en calles de tierra, se convirtió en el escenario de un misterio aún inextricable.
Hallazgo y misterio
He aquí lo que se sabe del hecho, según confiaron a LA NACION fuentes policiales y judiciales y los pocos vecinos que, con miedo, aportaron unos pocos datos sobre las víctimas.
Gastón Valenzuela dijo que a las 9 salió del cuarto del patio trasero en el que había dormido y fue a la casa, en la que, como siempre, la puerta posterior estaba abierta, ya que aquella habitación no tiene baño. Al entrar en la cocina, el horror: el muchacho encontró a su padre muerto, amordazado y sobre un charco de sangre.
Desesperado, corrió cuatro cuadras hasta la casa de sus abuelos.
El resto sería develado poco después. Eric parecía dormido en su cama; pero estaba muerto: había sido degollado. En el dormitorio matrimonial, la madre yacía sobre el lecho, degollada y amordazada. Al igual que su esposo, y a diferencia del menor, la mujer presentaba heridas de arma blanca en el pecho, superficiales, como de tortura.
La casa era un verdadero revoltijo, pero nada de valor faltaba. En la cocina las sillas estaban por el suelo. A primera vista, no se descartó que Enrique Valenzuela hubiera sido interrogado por quien o quienes lo mataron. En las muñecas había marcas apenas perceptibles de lo que pudo haber sido una atadura hecha con un cable.
Los vecinos dicen que no escucharon nada. Sólo uno admitió haber oído "un grito como ahogado", en la madrugada, y que creyó parte de un sueño. Sabían que la mujer muerta era formoseña y viajaba con frecuencia al Paraguay, y que vendía tortas y souvenirs que ella elaboraba. A "Quique" Valenzuela en el barrio lo tenían como transportista de verduras, como verdulero, o como un desocupado más. Pero aunque en la casa sólo había una camioneta Renault Express, los vecinos dicen que los Valenzuela andaban en distintas 4x4. Y que sus hijos iban al colegio en remise.
Muchos hablan de visitas nocturnas de distintas personas a la casa del crimen. Y, más por lo bajo, mencionan temas del tráfico de droga en el centro de la tragedia.
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