
Dejó las aventuras para ayudar a las madres que trabajan
Guardería: Humberto Delmagro recorrió el mundo como voluntario y ahora dirige un hogar para chicos en Garín.
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"Soy el hombre más feliz de la Tierra", aseguró Humberto Delmagro. Y con una enorme sonrisa reafirmó sus palabras. Como si hiciera falta.
Hace tres años abrió, en un terreno de Garín que pertenecía a su madre y que estaba abandonado, una guardería para que las mujeres de la zona dejaran a sus chicos cuando salían a trabajar.
No fue sencillo. Sin embargo, actualmente más de 50 voluntarios cuidan a unos 30 pequeños que se quedan en Luz Esperanza Pureza cuando sus madres están ocupadas.
El nombre de la guardería tiene su porqué. "Eso es lo que significa un niño para nosotros. Es la luz cuando entra en una casa, es la esperanza de su familia y es lo más puro de la Tierra. Por eso la llamamos así", aseguró Delmagro.
La guardería se ocupa de atender desde bebes a partir de los 45 días de edad hasta chicos de cuatro o cinco años, cuando están aptos para ir a la escuela. En el lugar también funciona un banco de medicamentos gratuito y una biblioteca, y organizan charlas y talleres para las madres del barrio, además de una bolsa de trabajo para los padres y madres que están desocupados.
Las voluntarias, que en su mayoría son estudiantes, rotan para que la guardería permanezca abierta de 8 a 17. "Es un servicio para las madres y no queremos que se sientan presionadas por un horario. Cuidamos a los chicos todo lo que haga falta", explicó Delmagro. Pero también colaboran una pediatra, psicólogas y psicopedagogas.
Cuando las madres le preguntan cuánto les cobra, Delmagro les retruca con otra pregunta: "¿Cómo cree que puede colaborar?" Así hay mujeres que "pagan" con comida, con ayuda, con cinco o 10 pesos, o con tiempo. Como Gabriela.
Manos voluntariosas
"Si salgo a trabajar, dejo a mis chicos acá, y como no puedo pagarles, si no tengo nada que hacer en casa vengo a cuidar al resto de los nenes", explicó Gabriela, de 27 años y madre de Karen, de 6 y Jamil, de 3. Ella es una de las mujeres que ayudan trabajando en la guardería.
"Me dijeron que era loco porque nadie querría trabajar gratuitamente. Evidentemente, se equivocaron", dijo Delmagro cuando hablaba de los voluntarios de la guardería.
La idea ya extendió sus manos solidarias: la guardería ayuda con alimentos, ropa y medicamentos a 60 familias humildes de la zona y a 15 mayores que no tienen recursos ni obra social.
"Las voluntarias cuidan a los chicos y con los voluntarios limpiamos terrenos, arreglamos casas que están viejas y pintamos escuelas", detalló este hombre de 40 años que dijo haber dejado todo para dedicarse de lleno a esta tarea. También colaboran enviando ayuda a seis comunidades aborígenes.
Humberto Delmagro recorrió el mundo como integrante de la Legión de la Buena Voluntad, una entidad de bien público con filiales en muchos países. "Cuando volví, en 1996, me encontré con la gente muy triste -recordó-. La zona tenía muchas necesidades y uno de los problemas de las madres era que necesitaban trabajar, pero no tenían dónde dejar a sus hijos."
Nacido en Garín, su madre descubrió que la única manera de que no emprendiera viaje de nuevo era dándole trabajo: le regaló un terreno baldío y lo impulsó para que hiciera algo allí.
Los cien socios que aportan dos pesos y las donaciones que acercan los vecinos alcanzan a regañadientes para pagar los gastos mensuales y comprar comida para todos los días porque los chicos desayunan, almuerzan y meriendan en Luz Esperanza Pureza.
A la hora de pedir ayuda, Delmagro no sabía por dónde empezar: "Y... necesitamos materiales de construcción para agrandar el lugar, un tinglado para techar el terreno, alimentos, medicamentos, ropa y una máquina de coser para arreglar las donaciones. Aunque también nos haría falta una computadora". Su teléfono es el (03488) 476-445.
Para tranquilidad de su madre, Delmagro dice: "Trabajé tantos años por gente que no era de mi país que necesitaba hacer algo por mis vecinos. Ya no voy a irme. Aquí me encontré a mí mismo".
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