
"Denuncié las coimas y me echaron"
Hace tres años, Hugo Airali acusó ante la Justicia a un comisario; lo expulsaron de la fuerza y su jefe sigue en actividad
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Hugo Airali está agradecido a sus actuales jefes. Comenta que tiene un trabajo excelente, que gana mejor que en su empleo anterior. "Pero ya no es lo mismo", relata, desencantado.
Es que este joven, que mañana cumplirá 25 años, fue expulsado de la Policía Federal luego de denunciar por corrupción al comisario de la seccional 50a., de Flores, donde él reportaba. Eso ocurrió hace tres años, pero Airali asegura que no hay día que pase sin amargarse por la profesión que ya no puede ejercer. Un sentimiento que se agrava cuando recuerda que el jefe a quien acusó tiene ahora un cargo en el Departamento Central de Policía.
"Toda la comisaría funcionaba para recaudar plata para el comisario Norberto Vilela. Coimeaban a las prostitutas, a los vendedores ambulantes, a los dueños de locales bailables. Después, armaban operativos para que les cierren las estadísticas", cuenta Airali, en un bar de Barrio Norte, cercano a la empresa de marketing donde trabaja.
La denuncia de este ex oficial ayudante llegó a la Justicia poco antes de que la fuerza decidiera su pase a disponibilidad y luego su baja. "Cuando descubrí el mecanismo de corrupción, me negué a participar y el comisario empezó a hacerme la vida imposible. Me amenazaba, me daba días de arresto, con lo que manchó mi legajo y así me declararon inepto para el servicio", explica.
Luego, indica, se decidió a ir a Tribunales a contar lo que sabía: "Entonces me iniciaron un sumario administrativo, por el que en definitiva me echaron de la policía, por no respetar la vía jerárquica: tenía que haber radicado la denuncia ante mi superior inmediato". O sea, ante el propio denunciado.
La causa contra el comisario Vilela, actual jefe de la División Policía Adicional y Contralor, se tramita en el juzgado de instrucción Nº 33. A simple vista, las irregularidades que allí señaló Airali se parecen demasiado a las del caso que desató la actual crisis en la fuerza federal: la supuesta red de corrupción en la comisaría 16a., también revelada por policías.
"El comisario obligaba a los agentes a detener a las prostitutas de la zona y las dejaba en el calabozo un día entero, para que aflojaran y aceptaran pagar. A las que transaban, las dejaba salir -afirma-. Un día llegó la encargada de un hotel a quien yo tenía que fichar. La mujer me apuró y me dijo que ella le pagaba todos los meses al comisario. Lo fui a ver a él y me dijo que la dejara ir, y que no me metiera en sus asuntos."
Según el joven, los hechos ilícitos no terminaban en eso: "Cada tanto llegaban vendedores ambulantes con sobres cerrados para el comisario. Yo los recibía y veía que adentro había billetes. También, cada dos o tres fines de semana, la brigada aparecía en la comisaría con decenas de chicos levantados de los boliches de la zona. Hacían razias para obligar a los dueños de los locales a pagar".
Procedimientos apócrifos
Todo lo que denuncia Airali consta en el expediente judicial, al igual que los casos de supuestos operativos falsos. El más conocido es del taxista Ramón Sandoval, que fue detenido dentro de un banco en Flores con un maletín cargado de armas y explosivos. Pasó ocho meses en la cárcel hasta que la Justicia lo absolvió.
"A ese pobre tipo lo usaron -asegura Airali-. Los explosivos los consiguió un informante de la comisaría, que engañó al taxista en el banco y le dejó el maletín. Después cayó la brigada y lo apresó en un procedimiento espectacular. Era común escuchar al comisario decir: ÔArmemos algo, que estamos flojos´".
Airali señala que hubo oportunidades en que perdió su sueldo para evitar choques con sus superiores. "A las prostitutas que transaban había que largarlas sin que pagasen la multa correspondiente. Pero la plata había que rendirla para que cerrara la caja. El comisario me amenazaba con sumariarme si no pagaba de mi bolsillo esas sumas. Una vez firmé mi recibo de sueldo y no cobré, porque debía multas atrasadas."
Para el joven los días de policía están terminados, pero no puede evitar que la nostalgia lo invada. Su padre y su tío pertenecieron a la fuerza y repite que lleva el uniforme en el alma.
"La institución es grandiosa. Pero está pudriéndose por los jefes corruptos. El vigilante que pide una coima en la calle no lo hace para él, lo obligan. Así no se puede", remarca.
Mientras relata que cuando se conoció su denuncia intentaron matarlo, lo amenazaron y que sus teléfonos están pinchados, Airali reflexiona: "La corrupción no termina en los jefes de abajo. En el sumario que me abrieron me prohibieron defenderme. Y esas son decisiones que se toman en el Departamento Central".
Otros dos efectivos que testificaron en la causa que abrió Airali también fueron exonerados de la fuerza.
"Mi pelea con Vilela llegó a su punto más crítico cuando me pidió que fuera a buscar la recaudación de los hoteles alojamiento. Me negué y empezó a insultarme y a amenazarme", sostiene.
-¿Qué siente cuando ve que la persona que acusó sigue en actividad y usted ya no es policía?
-Y... ¡me quiero morir! Cuando era chico vi a mi viejo tirotearse con dos ladrones en la puerta de casa. Siempre me inculcó el orgullo de ser policía. ¿Cómo puedo sentirme cuando me prohíben hacer lo que siempre quise, para lo que estudié tres años? O cuando veo que mi papá también decidió renunciar. Todo porque protegen a los chorros .
Es de noche. Airali mira la hora en el reloj que acaban de regalarle en la empresa como regalo de cumpleaños. "Ahora siento que reconocen mi trabajo. Pero ya no es lo mismo. Yo soñaba otra cosa", se lamenta.



