
Denunció una red de desarmaderos y su vida se convirtió en un infierno
Cristina Valiente pidió protección a Solá luego de que su hijo fue secuestrado
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LA PLATA.- Días después de haber denunciado que un reducidor de automóviles conocido como "El Rey del Corte" había violado su arresto domiciliario, secuestraron a su hijo. Teme que le ocurra algo peor: por eso acampó frente a la gobernación para exigirle protección al mandatario provincial, Felipe Solá.
"Lo sorprendieron frente a un importante supermercado de Sarandí y, a punta de pistola, lo obligaron a subir a una camioneta. Luego le sellaron la boca con pegamento y lo abandonaron a pocas cuadras de una comisaría", relató Cristina Valiente, testigo clave en la causa judicial que derivó en el procesamiento de Elvio Fernández, acusado por la Justicia y por la policía de explotar durante varios años una cadena de desarmaderos de autos robados en la zona de Wilde.
Valiente asegura que desde que declaró como testigo en la causa contra Fernández, "El Rey del Corte", su vida se convirtió en un infierno. El secuestro de su hijo, de 24 años, ocurrió hace una semana, mientras en la puerta de su casa había apostados policías de custodia, por orden de Solá.
El hecho sucedió casi dos meses después de que Valiente se reuniera con el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, y con el propio Solá, para pedirles protección a causa de la seguidilla de intimidaciones y para denunciar el "descontrol" imperante en Wilde. Entre otras cosas, denunció que Fernández violaba su arresto domiciliario y que la actividad de los desarmaderos en ese lugar se había reanudado.
El secretario de Derechos Humanos, Edgardo Binstock, le anticipó que el capitán a cargo y el jefe de calle de la comisaría de Wilde serían removidos de sus puestos por decisión de Solá.
Anteayer, Cristina y su esposo, Bautista Melo, se instalaron en una pequeña carpa que ubicaron en la plaza San Martín, frente a la sede de la gobernación. Permanecieron allí durante todo el día, esperando infructuosamente ser recibidos por Solá.
Por la tarde fueron visitados por padres y madres de jóvenes víctimas de delitos, entre ellos Rosa Schonfeld, cuyo hijo, el joven estudiante de periodismo Miguel Bru, murió tras haber sido torturado en una comisaría platense, en 1993.
A las 21.30, y luego de que una llovizna helada los obligara a poner la carpa bajo una de las palmeras de la plaza, lograron hablar con Lorena Riesgo, directora provincial de Protección y Prevención de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense, y con dos abogados de esa dependencia.
Valiente encaró a Riesgo y le habló de su frustración. Con voz quebrada por momentos, le dijo que nada había cambiado en Wilde y que ella aún temía por su familia, máxime después del ataque a su hijo. "Pongo la vida de mi familia en manos del gobernador y casi me matan a mi hijo", se lamentó.
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