
Desesperanza entre vecinos de El Palomar
Tras el asesinato de un joven frente a la villa Carlos Gardel, allí no ven solución.
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El miedo paraliza a los vecinos de El Palomar. Acusan a la policía de actuar sólo después del asesinato de un joven, hace cuatro días, y responsabilizan a los moradores de la villa Carlos Gardel, en la avenida Marconi y Orense, por la inseguridad.
En lo que va de este mes ya hubo 15 sustracciones de vehículos, cinco robos y un hurto en esa localidad del partido de Morón. El titular de la comisaría 6a., Carlos Zaldívar, aseguró que reforzó la seguridad en los últimos dos meses. Pero los vecinos dicen que no es suficiente.
"No alcanza con poner un patrullero que dé vueltas por ahí, porque los ladrones son diez veces más que los policías", aseguró Rogelio Salas, un almacenero al que ya le robaron dos veces en los útimos tres meses.
El asentamiento de casas precarias ocupa un amplio predio con calles internas, donde viven unas 10.800 personas que amedrentan a los vecinos. A tal punto, que muchos de ellos prefieren caminar varias cuadras de más para esquivar la villa.
Matías Buschiazzo, un joven de 17 años, fue asesinado el domingo último cuando se dirigía al Colegio Militar de la Nación para participar de los juegos intercolegiales de La Nación . Frente a la villa Carlos Gardel, recibió un balazo al ser asaltado y murió luego en el Hospital Posadas.
"Tres veces me desvalijaron la casa y, aunque rezo todas las noches, nunca sé si cuando me levante voy a encontrar todo revuelto", se lamentó Lidia Oxius, que vive a unos pocos metros del asentamiento.
Un foro vecinal propuso colaborar en forma activa con la policía para buscar una solución a la crisis de seguridad. Pero no cosecharon muchos adeptos, ya que muchos temen represalias de los habitantes de la villa.
"Hace tiempo que ésta es una zona peligrosa y la gente ya no cree que haya solución", explicó el responsable del foro, Pedro Nolazco.
El Palomar no escapa a la realidad de los bonaerenses. Fue necesario el asesinato de un joven para que la policía reaccionara. Así lo dicen los vecinos, indignados porque en lo que va del mes ya hubo 15 sustracciones de vehículos, cinco robos y un hurto. Pero la muerte de Matías Buschiazzo, el domingo último, los llevó al límite. De la paciencia. Del miedo.
"Esto no es malo, es peor que malo." La frase es una constante entre los habitantes de los alrededores de la villa Carlos Gardel, en la avenida Marconi y Orense. El asentamiento, al decir de los vecinos, es una guarida de delincuentes y drogadictos.
Algunos de los moradores de las precarias casillas amedrentan de tal forma que los vecinos ni siquiera se animan a participar de un grupo cuyo fin no es otro que el de buscar soluciones alternativas para paliar la inseguridad. Se confiesan temerosos frente a las posibles represalias de los habitantes de la villa y prefieren reforzar las medidas de seguridad puertas adentro.
Tras las rejas
Parapetada detrás de unas rejas que no se anima a trasponer, Lidia Oxius ya perdió las esperanzas: "Tres veces me desvalijaron la casa y aunque rezo todas las noches, nunca sé si cuando me levante no voy a encontrar todo revuelto", se resignó.
El temor de la señora no es infundado. De hecho, cuatro días atrás Matías Buschiazzo fue asesinado de un balazo durante un asalto cuando se dirigía con un grupo de compañeros del colegio Santo Tomás de Aquino al Colegio Militar de la Nación, donde se realizan los juegos intercolegiales de La Nación .
El crimen conmovió a los vecinos de Palomar y llevó a la comisaría 6a. a reforzar la seguridad en la esquina de la villa, de acuerdo con los dichos de Carlos Zaldívar, titular de esa dependencia.
Pero Ariel Navarra, de 18 años, jura que no se trata de un refuerzo. "Antes había patrulleros recorriendo la zona y sólo después del asesinato del fin de semana pusieron un móvil fijo en la esquina de Carlos Gardel y Marconi. Tuvieron que esperar que alguien muriera para hacer algo", se lamentó el joven, que vive frente a la villa.
La modalidad del robo es siempre la misma: cruzan un auto sobre la avenida Marconi, paralizan el tránsito y roban a los ocupantes de los vehículos, explicaron los vecinos, hartos de presenciar la escena.
Falta de adeptos
Sólo unos pocos se animan a hacer algo. A metros de la comisaría 6a., en Victorica casi esquina Galán, funciona un Foro Vecinal que controla la actuación de los móviles policiales en las cinco áreas en las que fue dividido El Palomar.
"Nosotros le entregamos a cada vecino el teléfono del patrullero que recorre su zona para que, en caso de que vean algo sospechoso, lo llamen de inmediato", explicó Pedro Nolazco, responsable del foro.
Pero el miedo parece ganarle al interés por participar de la iniciativa. "Muchas personas no se animan a colaborar por temor a las represalias -dijo Nolazco-. Además, hace tanto tiempo que esta se ha vuelto una zona peligrosa que la gente ya no cree en una posible solución. Ni siquiera confían en la iniciativa de los propios vecinos."
La villa Carlos Gardel ocupa un gran predio repleto de casillas de chapa y material, donde viven unas 10.800 personas hacinadas. Sobre la calle Pedriel asoman unos monoblocks, catalogados por los vecinos como la zona más peligrosa del lugar.
Es por eso que Sebastián, de 21 años, prefiere caminar siete cuadras de más con tal de esquivar la avenida Marconi. "Así sean las dos de la tarde o las dos de la mañana, yo me bajo del colectivo tres paradas después para no pasar por delante de la villa", aseguró.
"También hay gente buena"
Los moradores de la Carlos Gardel se tomaron el trabajo de asfaltar las calles internas de la villa y juran que allí no todos son ladrones, aunque admiten que los hay.
Alejandro López vive en un departamento de los monoblocks, corta el pasto para la municipalidad de Morón y asegura que es un simple trabajador: "Lamentablemente no me puedo mover de ahí porque la plata no me alcanza. Con el tiempo, no me quedó otra que acostumbrarme a los tiros, a los robos y a las muertes".
La inseguridad, entonces, reina también dentro del asentamiento y sus habitantes comparten el miedo de los demás vecinos. "Me da pena que mis cinco hijos crezcan en esta villa, sobre todo porque cuando la gente de acá busca trabajo los marginan porque creen que somos todos ladrones", se resignó Elena Ramos.
Los esfuerzos de la policía no alcanzan para devolver la tranquilidad a los vecinos de El Palomar, que hace rato ya perdieron la esperanza. Pese a que dos meses atrás la comisaría local reforzó la seguridad, los habitantes insisten en que los crímenes continuarán.




