
Desfilaron más testigos mentirosos
Desmintieron a un homosexual que quiso involucrar a Guillermo Luque y a Luis Tula en una orgía multitudinaria.
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La mentira desembozada volvió a campear ayer en el juicio por el crimen de María Soledad Morales, pero el complicado plan de mendacidad urdido por un homosexual encapuchado, en busca de dinero, quedó pulverizado por el testimonio de una joven que no quiso participar de la maniobra y dejó todo al descubierto.
La maquiavélica estrategia se puso en marcha anteayer, cuando Saúl Marcelo Rivera se presentó de espaldas a las cámaras en el programa "Mediodía con Mauro", de América 2.
El hombre se reconoció como homosexual y dijo que vive en Villa Parque Chacabuco, a escasos metros del lugar donde fue encontrado el cadáver de María Soledad. Relató que un amigo gay, que murió de SIDA, le reveló en su agonía que había estado presente en una "fiesta" de drogas, sexo y alcohol donde la adolescente catamarqueña fue violada y asesinada.
El testigo fue trasladado ayer en avión desde Buenos Aires y, en un operativo de seguridad inédito, llevado en una camioneta policial desde la misma pista de aterrizaje hasta la sala de audiencias, encapuchado.
Su testimonio, pedido por el abogado de Guillermo Luque, José Vega Aciar, amenazaba con revelar historias íntimas de los imputados, por lo que se cortó la transmisión en circuito cerrado de televisión para la prensa y se ordenó desalojar el recinto.
Su relato trascendió por boca de los abogados de las partes. El hombre afirmó que su amigo Mario Córdoba, también homosexual, antes de morir le dijo toda la verdad sobre el crimen, y exhibió un papelito amarillo donde supuestamente el muerto le daba las claves del asesinato.
Mario Córdoba era uno de los hijos de la enfermera discapacitada Zulma Ocampo, que declaró anteayer y que había involucrado a Tula con el asesinato.
Asombró a los jueces al relatar que María Soledad salió la madrugada del 9 de septiembre de la disco Clivus, en compañía de Luque, Luis Tula y un grupo de amigos. En dos autos iban Tula, María Soledad, Pedro Barrionuevo con su pareja conocida como "La Colorada", Luque, Hugo "Hueso"Ibáñez, Luis "Gordo" Méndez y Córdoba. Todos se dirigieron al motel Los Alamos y se alojaron en dos habitaciones, las dos parejas por un lado y los hombres solos por el otro.
El abogado de la familia Morales, Luis Segura, reveló que "Córdoba, según el testigo, fue a buscar a las parejas y le dijo a su amigo Barrionuevo que tuvo sexo con Guillermo Luque, bien, y con Méndez, algo".
El amanerado testigo narró que como María Soledad se resistía a tener relaciones con Luque y con sus amigos terminaron por darle droga, champagne y la sometieron por la fuerza.
"Hubo drogas, golpes y prácticas sexuales aberrantes", recordó el letrado Segura, al coincidir con el defensor de Luque, Vega Aciar, "y hasta llegó a decir que los acusados, en otra ocasión, mantuvieron relaciones homosexuales entre ellos".
Rivera, al abundar en detalles, fue víctima de su propio ardid. Dijo que una joven, Marcela Olaz, le había comentado que Tula le había ordenado a dos policías que desfiguraran el cadáver de María Soledad.
La historia, que apasionaba al fiscal Gustavo Taranto, que dejaba atónitos a los miembros del tribunal y que llegaba a los oídos de los impávidos Luque y Tula, comenzó a desmoronarse cuando trajeron a declarar a Pedro Barrionuevo, el supuesto gay que participó de la fiesta.
Este maestro de escuela, arisco ante las preguntas y hostil con sus respuestas, negó todas las afirmaciones. El testigo, que también declaró a puertas cerradas, admitió haber estado en Clivus la supuesta madrugada del crimen, pero se fue después de escuchar música.
Cuando Taranto le preguntó si conocía a Mario Córdoba, Barrionuevo lo admitió, pero al profundizar sobre las preferencias sexuales del fallecido se puso rojo de rabia y se disgustó sin responder.
Fue el mismo Taranto quien hizo trastabillar al maestro cuando le preguntó cómo se llevaba Córdoba con su madre, la enfermera Ocampo. "Ahí puedo ser sincero. No muy bien." El acto fallido disparó una catarata de preguntas, pero el hombre se apegó a negar toda la historia de sexo y drogas.
La credibilidad de los dos testigos estaba en juego, pero toda la trama de mentiras se cayó. La estocada final la dio Marcela Olaz, involucrada por Rivera en su relato.
El tiro de gracia
La espontánea joven de 20 años, que vive a 60 km de esta capital, en Chumbicha, relató que Rivera había tratado de convencerla para que participara de este plan para "ganar mucha plata".
"Como soy medio caradura y andaba siempre pendejeando, se le hizo lindo que yo mintiera, pero no voy a mentir", dijo con inocencia la testigo.
Relató con gracia que Córdoba, a quien conocía como Xavier, la alojaba cuando venía a bailar a la ciudad y dijo que la madre, Zulma Ocampo, "era parte del plan" de Rivera; agregó que no conocía a Tula.
Ya la mentira estaba al descubierto, y la indignación de los abogados estalló a flor de labios, pues sintieron que durante todo el día les habían tomado el pelo.
Otro revés para los Luque
La defensa de Guillermo Luque tuvo ayer otro fracaso cuando le fue rechazado un nuevo planteo de nulidad del caso Morales, pero tuvo otro ingrediente picante, que fue la recusación a uno de los integrantes del tribunal, Edgardo Alvarez.
Ayer, la indignación brotó por los poros de la mayoría de los jueces de la Corte y de las cámaras, empleados de juzgado y fiscales, cuando al plantearse dicha recusación se dijo que era avalada por altos funcionarios del Poder Judicial local, que deseaban frenar el juicio. Pero, en realidad, sólo fue una bomba más de humo.
"Este disparate sólo pudieron hacerlo un par de pícaros catamarqueños, que al tener problemas personales con alguien usan como altavoz el resonante caso Morales.
"Pero esto no va cambiar el rumbo del juicio que, sí o sí, va a seguir adelante", afirmó disgustado a La Nación un vocero de la Corte que adelantaba el posible rechazo de la citada recusación.
Esta historia arrancó cuando prestó testimonio el controvertido ex boxeador Jorge "Chano" Martínez. Este hombre de pocas luces le dijo al tribunal que, por promesas que le hicieron, mintió para perjudicar a Guillermo Luque.
Pero, en su rodada, alcanzó a la ex abogada de los Morales, Lila Zafe, a la hermana Pelloni y al ex diputado Miguel Marcolli. Ellos, dijo, le prometieron de todo para inventar su declaración. En esa ocasión, "Chano" no se olvidó de un visitante a la casa de Zafe: el juez Edgardo Alvarez. Este lo negó.
Un fallo con sorpresas
Al día siguiente, surgió un sorpresivo fallo de la Cámara Criminal, integrada por los jueces Juan Carlos Sampayo, Carlos Roselló y Roberto Mazzuco, ligado con el falso testimonio del ex púgil en el juicio del año último.
En aquella ocasión, la causa había quedado en manos de Alvarez, que, al ser designado miembro del tribunal que hoy sigue el caso Morales, se inhibió de continuar en el proceso a Martínez. Alvarez fue subrogado por el juez Ramón Acuña, que entendió que no le correspondía resolver la cuestión y la elevó a la cámara.
Esta concordó con Acuña, pero, en razón del nuevo rol que debe cumplir Alvarez, le ordenó resolver la situación procesal de Martínez.
Ese tribunal colegiado no olvidó un llamado de atención para Alvarez pues, según su criterio, debía haberse inhibido del caso Morales en vez de dejar de entender en el procesamiento de Martínez.
Justamente de esa parte del fallo se aferró Víctor Pinto, abogado de los Luque, para plantear ayer la recusación contra Alvarez, al tiempo que pidió la nulidad de todo lo actuado por este camarista durante el actual proceso, pues "se violaba el derecho de defensa en juicio".
La nulidad fue rechazada al considerársela "inadmisible". Ahora, Alvarez tendrá tres días hábiles para responder el planteo. Si lo acepta, el juicio se detiene y vuelve a foja cero; si la rechaza, todo pasará a manos de la Corte.
Segura no se conformó con la estocada que infligió al camarista, con quien, según sus allegados, mantiene rencillas personales. Esas desavenencias se habrían generado de extraños episodios derivados de causas en las que Segura intentaba imponer criterios sospechosos a Sampayo.
Al finalizar su oposición al reclamo, Segura dio por cierta una versión periodística sobre un complot que sería apoyado por funcionarios judiciales catamarqueños. En los pasillos de los tribunales locales, muchos coincidían en que el llamado complot, sencillamente, podía traducirse en una vieja disputa entre un abogado y un camarista y que la recusación a Alvarez quedará sólo como una anécdota del proceso.
Una mujer, entre el poder y las drogas
Nadie sabe dónde está, pero el tribunal ordenó su detención para que venga a declarar cuanto antes.
El fiscal Gustavo Taranto pidió que compareciera la misteriosa Patricia Rodríguez, una joven de 27 años que confesó en 1990, dos meses después del crimen de María Soledad, que había participado en orgías de sexo y droga con Guillermo Luque, a quien también vio en Clivus.
A pesar de que las historias libidinosas que narró el homosexual Saúl Rivera quedaron desacreditadas, el fiscal y los abogados de la familia Morales creen que el relato de la muchacha puede apoyar su acusación, relacionada con un crimen signado por la violación y la cocaína.
Gente del poder
Rodríguez, que tenía 20 años cuando declaró ante la División Drogas Peligrosas de la policía local, reconoció varios hechos que la relacionaban con sus amigas, las drogas y gente cercana al poder.
En su declaración, que consta de fojas 31 a 34 de una causa que tramitó ante el entonces juez federal local Efraín Rosales, recordó que se había hecho amiga de Luis "El Gordo" Méndez y por medio de él conoció a Guillermo Luque.
La joven dijo en el sumario, al que accedió La Nación , que para fines de 1989 concurrió a la disco Clivus, donde se encontró con Méndez , Luque y otra chica que no reconoció.
"... Me invitaron a seguir jod..., yo no quise pero me insistieron. Nos dirigimos al motel Los Alamos, ingresamos los cuatro en la misma habitación. Guillermo sacó una cajita metálica con pastillas y nos quería dar, yo me negué a consumir. Méndez sacó un papelito con un polvo blanco, que al caérsele levantaron con los dedos y se lo introducían en la nariz", reza el acta policial.
La mujer recordó que las drogas no tardaron en excitar a los dos hombres y agregó: "Yo mantuve relaciones sexuales con Guillermo y la otra chica con "El Gordo" Méndez. Después nos dejaron en el centro y posteriormente perdí todo contacto con esos muchachos".
Anoche, Rodríguez seguía siendo buscada sin éxito en Catamarca. Dicen que se la han llevado muy lejos.
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