
Desolación e impotencia en el entierro del joven Piccioli
Lo sepultaron junto a su abuela, que no resistió el duro golpe
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Eran más de 300 personas las que se reunieron ayer en el cementerio privado Parque Memorial, en Pilar. En el aire sólo flotaba un silencio pesado, a veces interrumpido por sollozos y llantos. Allí iban a sepultar a Pablo Piccioli, el muchacho que fue asesinado el domingo último durante una discusión de tránsito, en la autopista Panamericana.
También allí se inhumaron los restos de la abuela de Pablo, Angela Gatti, que no bien se enteró de lo que le había pasado a su nieto falleció de un paro cardíaco.
Sergio, uno de los cuatro hermanos de Pablo, dijo ayer a Canal 9: "Acá murió de una manera demente un chico que era demasiado bueno".
Los restos de Pablo y los de su abuela habían sido velados en una casa situada en Tres Arroyos al 1500, en Caballito, desde anteanoche hasta ayer, a las 13, cuando los féretros fueron llevados hasta el cementerio.
En un vehículo fúnebre iban los restos del chico; en otro, los de su abuela, y en un tercero, las flores. Muchas flores.
Era inevitable que los familiares y los amigos de Pablo recibieran por entonces otro duro golpe: el cortejo debió tomar la autopista Panamericana para llegar al cementerio y pasar por el lugar en el que, el domingo último, un sujeto se apeó de su vehículo con una pistola 380 y le disparó al muchacho, sólo porque tuvieron una discusión de tránsito.
El cementerio se encuentra a 12 kilómetros de esa cabina de peaje.
Y el cortejo fúnebre llegó al cementerio en Pilar. Los amigos más cercanos, los hermanos y los padres de Pablo miraban el féretro con una mezcla de angustia, resignación, incredulidad, acaso odio.
Sólo los profesores de Pablo accedieron a hablar con LA NACION. Dijeron que el muchacho cursaba el primer año de la Licenciatura en Comunicación Social, en la Universidad Austral.
Amante del fútbol
Contaron también que Pablo era un amante del fútbol y que soñaba con ser periodista deportivo.
"Era un muy buen alumno y ya había aprobado dos materias; una de ellas era la que yo dicto", dijo el profesor de Teología, Juan Ignacio Ottaviano.
Cristina Fernández, encargada del curso de Historia, comentó que Pablo era "un tipo callado, pero macanudo y abierto; un chico muy educado".
Hizo una pausa y agregó: "Todos lo querían. Eso se ve en que ninguno de sus compañeros faltó a su entierro".
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