Despertó interés la presencia de Calvez en la sede de la Masonería
Ante 300 personas, el sacerdote jesuita disertó sobre la ética en la sociedad
1 minuto de lectura'

Apertura, alteridad, otro, superación, son palabras que indican la relación de la ética con la sociedad, expresó el jesuita francés Jean-Ives Calvez en una disertación en el templo de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.
El encuentro de quienes tienen historias diferentes, y muchas veces enfrentadas, como católicos y masones, dio un singular matiz a la conferencia del sacerdote galo, de saco y corbata y de hablar pausado, que llegó a la sede masónica de la calle Perón 1242 acompañado por una representante de la embajada de Francia y por el jesuita Fernando Storni, de riguroso clergyman.
Había 300 personas y fueron varios los que confesaron al cronista que era la primera vez que entraban a ese amplio salón de imponencia antigua, techo pintado como un cielo y paredes algo descascaradas donde tienen sus tenidas los miembros de la Gran Logia.
Tres religiosas adoratrices se sentaron en la primera fila. Se habían enterado de la conferencia a la mañana por un artículo de La Nación . Su presencia despertó el interés de los fotógrafos. "Nos sacan más fotos que si viniera Menem", comentó la hermana María Inés Coppo. "Nunca he tenido contacto con la masonería -dijo a La Nación -; creo que se han revertido posiciones enfrentadas que no tienen sentido". Cuando se retiraban, el presidente de la comisión de cultura de la Gran Logia, Luis J. Vincent de Urquiza, que vestía el mandil (especie de delantal) con el compás y la escuadra masónicos, besó la mano ceremoniosamente a cada una de las religiosas.
En el público que colmó el templo no había prácticamente nadie menor de 50 años y se vieron bastantes personas de conocida militancia católica, como el presidente de la Academia del Plata, vinculada históricamente con la Compañía de Jesús, Víctor Luis Funes; el académico de Educación Luis Ricardo Silva y el sociólogo Fernando de Cuevillas, de origen nacionalista.
El padre Daniel Zaffaroni aclaró al cronista que asistía con permiso del obispo. También se hallaba, vestido de clergyman, el sacerdote jesuita Ignacio Pérez del Viso, a quien algunos felicitaron por una carta de lectores publicada ayer en La Nación .
El doctor Alberto C. Taquini, académico de Educación, se hizo presente para llevar al padre Calvez a una comida que le ofrecería más tarde el empresario Carlos Pedro Blaquier y que compartiría con Víctor Massuh, Jorge Vanossi y otros intelectuales.
El presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Bernardo Ezequiel Koremblitt, y su secretaria de cultura, Beatriz Schaeffer Peña, asistieron en representación de esa entidad. En un costado, escuchó atento la conferencia el abogado, periodista y político socialista Emilio J. Corbiére, autor de un reciente libro sobre la masonería. En otro lugar, luciendo su habitual poncho salteño, el periodista responsable del obituario de La Prensa, Marcelo Mendieta, comentaba que era su primera visita a ese lugar y consideraba que se asistía a un acontecimiento que no se había dado en 100 años.
Resurgimiento ético y moral
"Actuar de modo ético significa respetar los dinamismos intrínsecos de las relaciones que constituyen la sociedad", expresó Calvez.
Advirtió un resurgimiento de la ética unida a la moral. Separarlas implica limitar la ética a las costumbres, "lo que es", y señaló que esa dualidad retrocede, porque muchos no se contentan con la idea individualista de que cada uno tiene su ética, sin más fundamentos, sin buscar la verdad. Es necesario discernir, confrontar criterios hasta llegar a la decisión moral. En su exposición analizó a diferentes autores y no hizo mención a Dios. Al empezar el acto, el titular de la logia Amie des naufrages, Normando Rivas, escuchó el pedido del maestro de ceremonias, Edgardo Ham: "Venerable maestro, a la puerta del templo se hallan las autoridades de la casa". Y autorizó: "Dénles entrada". Una procesión de miembros de la Gran Logia, con mandiles en sus cinturas, medallas en las solapas y collaretes sobre sus hombros entró en el salón.
Al concluir, el pro gran maestre de la Gran Logia, Norberto Sarubinsky Grafin, admitió: "Los masones estábamos un poco retraídos en nuestras relaciones con la sociedad". Reconoció algunas diferencias con la Iglesia en la concepción del Gran Arquitecto, pero dijo que son más las coincidencias. "Nos une el mismo amor a la humanidad, a nuestras familias".
Al retirarse la procesión, el político socialista democrático Norberto La Porta dio un estrecho abrazo a uno de los miembros de la Gran Logia.





