Diálogo, acuerdos y coraje para salir del estancamiento

Agustina Blanco
Agustina Blanco PARA LA NACION
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22 de noviembre de 2016  

Este año, la Argentina ha dado un viraje de timón de su sistema de educación, pasando de un modelo basado en la inclusión a uno de inclusión y calidad. Hay acuerdos, tanto formales como informales, entre los distintos ministerios de Educación y organismos del sistema, que indican la intención generalizada de enfocar una estrategia hacia la mejora de los aprendizajes. Nadie duda de la necesidad de seguir trabajando para que más niños y jóvenes accedan a la escuela, pero en buena hora un nuevo foco enfatiza además el logro de aprendizajes. Como bien sabemos, el punto de partida es de un fuerte nivel de debilidad del sistema por una diversidad de causas estructurales, realidad que convierte el proceso de mejora y cambio en un emprendimiento de altísima complejidad.

La ciudad de Buenos Aires, aun teniendo históricamente resultados de aprendizaje de estudiantes significativamente superiores al promedio del país, no es ajena a la problemática del bajo rendimiento. Según datos de 2013, la proporción de jóvenes de 15 años de la CABA que logra altos resultados en matemática no llega al 2%. Aun si duplica el promedio del país, está muy por debajo del promedio de los países de la OCDE, que es del 12%. La ciudad tiene un 45% de estudiantes de 15 años en los niveles más bajos de matemática, mientras el promedio del país es del 67%, pero el promedio de países de la OCDE es del 22%.

El Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires está dando indicios de una estrategia focalizada en la mejora de la lectoescritura, la resolución de problemas matemáticos, las ciencias y el desarrollo de competencias socioemocionales.

Así lo indican las iniciativas vinculadas con la formación continua de los docentes:

  • La articulación entre lineamientos propios del distrito con los del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD).
  • La actualización de su propia agencia de formación, la Escuela de Maestros.
  • Los cambios de regulación vinculados con el puntaje de cursos de formación continua.

Es particularmente auspicioso que cada cinco años la capacitación deba actualizarse de manera obligada, ya que, dada la necesidad constante de cambio en la formación en la actual era del conocimiento, ningún docente debería estancarse ni darse por satisfecho con el nivel de capacitación adquirido años atrás.

Asimismo, el mayor puntaje otorgado por cursos de su especialidad, o bien por aquellos que estén vinculados a los lineamientos prioritarios del distrito, indica una estrategia integral para mejorar prácticas de enseñanza para lograr aprendizajes esenciales de los alumnos.

Dicho esto, encuentro primordial que el gobierno no adopte estas medidas como un fin en sí mismo, sino como un avance gradual hacia una reforma estructural del sistema. Sin duda, son las políticas vinculadas a la formación y la carrera docente las que la Argentina necesita reformular de manera inminente. Atraer los mejores candidatos a la carrera, garantizar una formación en conocimientos y competencias de alta calidad y proveer de posibilidades de ascenso en un formato horizontal para que los buenos docentes no deban dejar el aula para acceder a la dirección como única ruta de ascenso debe ser parte primordial del rumbo de cambio de nuestro sistema. Reformular estas políticas educativas va a requerir diálogo profundo, acuerdos sustantivos, coraje y decisión política. De lo contrario, nuestro sistema seguirá mostrando un estancamiento brutal, que nunca conducirá a nuestra nación al desarrollo genuino basado en nuestro recurso más preciado: el talento de su gente.

Cómo es la reforma

  • El puntaje máximo por capacitación en la carrera docente pasa de seis a nueve puntos. El tope anual a acreditar es de 1,8 puntos. Los puntos de cada año caducan cada cinco años, pero no los cargos ni las horas cátedra alcanzados. Los puntajes obtenidos en el esquema anterior son derecho adquirido. Aumenta el puntaje de los cursos de capacitación específicos, que valen más que los no específicos. Un profesor de matemática que haga un curso de álgebra recibirá más puntos que si hiciera un curso de fotografía. Habrá líneas prioritarias de capacitación con vigencia por dos años. Los cursos de capacitación específicos en esas áreas recibirán más puntaje. Un curso virtual y los de la Escuela de Maestros recibirán más puntaje. La capacitación situada en la escuela recibirá puntaje. Habrá un tope de 1,5 puntos para antecedentes culturales y de 4,5 para pedagógicos.

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