Diez rincones para leer
Piquetes, protestas, bombos, cacerolas, bocinazos Las calles de Buenos Aires son a menudo la imagen de una ciudad caótica, hostil. Muchas de sus plazas y espacios verdes, pensados para el descanso de los porteños, son, en cambio, un escenario desordenado donde confluyen vendedores ambulantes, paseadores de perros, saltimbanquis y hasta guerreros de almohadas. Sin embargo, en esta ciudad hay reductos, espacios donde es posible escabullirse del ruido, lejos del caos y el esmog .
Este columnista ha pensado aquí diez lugares ideales de Buenos Aires para sentarse a leer un libro, sitios donde es factible abstraerse del desorden y dejarse llevar por una atmósfera distinta. He aquí la lista: 1) Jardín Japonés. Entre lagos y puentes orientales, impera allí la armonía. Los días de semana son los ideales para encontrar un ambiente de relajación que dará placer a cualquier lector; 2) Jardín Botánico. Situado en una de las zonas más ruidosas, basta con adentrarse unos metros en el predio para descubrir esa paz que sólo la sombra de sus frondosas especies puede dar; 3) Monasterio de Santa Catalina de Siena. En pleno microcentro, este edificio creado por los jesuitas en 1745 esconde en sus claustros un sitio donde cualquier porteño puede por unas horas huir del ruido de los colectivos; 4) Plaza San Martín. Es una de las más elegantes y mejor cuidadas (eso significa bancos en buen estado). Su amplitud permite encontrar en ella tranquilidad, aunque circulen cientos de turistas; 5) Museo Metropolitano. En el corazón de Palermo Chico, el Palacio Anchorena posee un jardín diseñado por Carlos Thays, aunque, para los conocedores, su joya es el pequeño resto situado junto a su entrada; 6) El Ateneo-Gran Splendid. Los palcos de la ex sala cinematográfica y el cafecito que se abrió en la planta baja de la librería son un sitio perfecto para la lectura, sin obligación de compra; 7) Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. El jardín de inspiración española del Palacio Noel es otro oasis en la zona de Retiro; 8) Club de Pescadores. Su muelle de 512 metros no sólo es un buen lugar para esperar el pique de un bagre. Uno de los poquísimos lugares de Buenos Aires donde es posible contemplar el horizonte y es ideal para la lectura; 9) Parque Lezama. Su barranca natural, sus especies, sus esculturas lo hacen un espacio verde sin par. Los versos de Baldomero Fernández Moreno y los héroes y tumbas de Sabato lo convierten en inseparable de la literatura; 10) Costanera Sur. Aunque en los últimos años ha perdido algo de su tranquilidad, aún es posible disfrutar allí de un libro.
Esta es sólo una lista. Cada lector podrá elaborar la suya. Buenos Aires guarda, en la continuidad de los parques, muchos lugares donde es posible sumergirse en un argumento y abstraerse de una ciudad a veces hostil, pero única cuando se la sabe descubrir.





